Alí

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La vida de Muhammad Ali no tiene misterios para los conocedores del mundo boxístico, pero que queda para el resto de los mortales; esta es la oportunidad de adentrarse en una historia de vida digna de contarse y de la cual muchos se llevarán una gran sorpresa: un dios también puede ser mortal.Nos mintieron: Rocky era negro y mujeriego

por Sebastián Montagna

La vida de una persona puede estar marcada y ser recordada por sus aciertos o tropiezos. Lo que podemos acordar es que la historia, buena o mala, está escrita por los vencedores y su perspectiva es aquella que se imprimirá en el inconsciente colectivo y la opinión pública. Desde las pampas, la visión que queda sobre uno de los deportistas más grandes de la historia, es la de su puño sobre el movedizo rostro de Ringo Bonavena o su actual parkinson, pero hay más, mucho más…

La vida de Muhammad Ali no tiene misterios para los conocedores del mundo boxístico, pero que queda para el resto de los mortales; esta es la oportunidad de adentrarse en una historia de vida digna de contarse y de la cual muchos se llevarán una gran sorpresa: un dios también puede ser mortal.

La trama se desarrolla durante los veinte años mas controvertidos del campeón, en los cuales supo ver la cima del podio y el fondo del cesto. Durante este período, fue amado por las multitudes prometiendo ser el luchador del pueblo, conoció el lujo y el amor, sufrió el repudio oficial por no compartir sus ideales políticos, aprendió sobre el sufrimiento personal, reconoció su gusto desmesurado por las mujeres y supo salir a flote volviendo a ser una de las figuras destacadas del siglo pasado. Ah, también le dio letra a guionistas cinematográficos.

Pero haber mostrado al dios como mortal, es sólo uno de los aspectos destacables de la producción. La participación de Will Smith (Leyendas de Vida, Hombres de Negro, Seis grados de separación), que cada vez más se asienta como un actor de estirpe, demuestra la profesionalidad y seriedad con la que fue encarado el proyecto. El actor no sólo tuvo que tomar numerosas clases de boxeo – y estilo – para parecerse a la leyenda del ring, sino que hizo todo lo necesario para llevar su cuerpo a las voluptuosas formas musculares que lo presentan como un reflejo asombroso. Además de las similitudes físicas, la impronta dramática que le imprime a su desempeño, produciendo vaivenes de calmas y explosiones, justifican su nominación a la estatuilla dorada, que aunque no pudo ser alcanzada, seguramente lo alienta a seguir trabajando como hasta ahora.

Desde una visión estrictamente técnica, la postura de Mann establece constantes introspecciones sobre el personaje de Ali, recurso que puede hacer lenta la narrativa visual – para algunos, no fue mi caso -, pero la técnica cierra ya que intenta mostrar el ángulo desconocido de un hombre que, por momentos, debía bajar del tren y tomar un respiro, en una realidad sumamente difícil. Además el director utiliza un método por el cual, la cámara pareciera estar insertada en el puño de los luchadores, sumado a escenas en sepia y gris, otorgándole mayúsculo realismo y produciendo quizás las escenas de lucha más memorables del año.
Sin duda, no es una película para un publico abierto y se demuestra en lo independiente del film – aunque haya sido coproducido por una “mayor”-, pero su reconocimiento fue adecuado. Los detalles técnicos y dramáticos se encuentran presentados y constantemente se pretende una participación psicológica del espectador; para aquellos abiertos de mente, la invitación esta tocando a su puerta.

Publicada en Leedor en junio 2002