Zapatos

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En mi niñez recuerdo sólo par de zapatos, es decir, tenía más de un par pero eran: los zapatos para ir a la escuela, los zapatos viejos para jugar (no recuerdo que se usaran tanto las zapatillas) y por supuesto un par de zapatos “para salir” de clásico color negro “para que combine con todo”.
Un par de zapatos.

Por María Comito

La memoria siempre tiene sus vaivenes y la mía cree que fue la primera vez que salí de compras con mamá para, entre otras, comprar un par de zapatos, los primeros de señorita.
Nosotros vivíamos en Don Torcuato, uno de los tantos pueblos de la provincia de Buenos Aires, y para hacer compras de ropa o zapatos había que trasladarse hasta San Miguel o San Fernando. Ir a San Miguel, que era más cerca y los negocios más comunes, implicaba ese viaje escapada para solucionar rápidamente; en cambio ir a San Fernando…ah! era “salir de compras” y esa vez fuimos a San Fernando. Seguramente alguien se casaba, algún familiar, porque no creo tener, en ese momento, ni quince años y para los cumpleaños de quince, no había tanto despliegue pero ése no es el tema.
Caminábamos por la “calle central” de San Fernando, que para mí, por supuesto, era la calle de los negocios. Era una calle en barranca y empedrada, típica de pueblo antiguo cercano al río. El recorrido siempre se hacía de la misma manera: ir por una mano, volver por la otra mirando y mirando hasta encontrar. Y así se hizo hasta que…
-ésos!
-hermosos!
Entramos al negocio y mamá pregunta el precio. No, imposible. Hay que buscar algo más barato.
Ya no importa cuanto caminamos y que zapatos elegí. Es más, si bien, aún, recuerdo aquel par de zapatos, no tengo la menor idea de cómo siguió la compra, si es que compramos. Lo que sí recuerdo es que en ese momento, me prometí dos cosas: una, que cuando ganara mi dinero tendría que poder comprarme un par de zapatos que fueran los que me gustaran aunque fuesen de un “poco más de precio” y la otra: tener más de un par de zapatos.
Con el correr de los años, llegué, con bastante esfuerzo, a ganarme mi dinero y la elección del par de zapatos negros (que combina con todo) “para salir”, aunque fuese el único, lo elegía, ahora sí, a mi gusto aunque tuviera que pagarlo un poco más.
Lo que no fue tan sencillo y eso sí me llevó muchos, pero muchos más años fue lograr tener más de un par de zapatos “para salir”.
Pasó el tiempo y con los años vino el logro la posibilidad de poder comprar otro par de zapatos a pesar de que ya hubiera unos buenos, lindos, sanos…
Es sorprendente, con increíble asombro fui comprobando que del mismo modo en que fue mucho el tiempo, dura y difícil la lucha para tener varios pares de zapatos, fue un largo camino lograr incorporar al vestirme, antes de salir, la existencia de más de un par de zapatos.

Publicado el 30-5-2002

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