Delmira Agustini

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De una soledad, una imposiblidad y un erotismo violento, los poemas de Delmira Agustini transmiten además una feroz necesidad de trascendencia. Poemas de Delmira

por Virginia Canton

La poeta uruguaya Delmira Agustini nació el 24 de octubre de 1886 en Montevideo para morir pocos años después en 1914. En el lapso de su breve vida publicó tres libros de poemas con muy buena acogida por parte del público y la crítica. Idolatrada e infantilizada por su madre quién se encargó de su educación, estudió francés, piano y pintura. Escribió precozmente. Tuvo trato con la intelectualidad de la época ( Julio Herrera y Reissig, María Eugenia Vaz Ferreira, Alberto Zum Felde), se carteó con Darío; vanidosa y preocupada por la repercusión de su obra, se encargó de incluir en sus libros las críticas que obtenía. Admiraba a Darío, a los simbolistas franceses, a Poe, a D’Annunzio.

En 1913 se casa con Enrique Job Reyes- rematador público- y se divorcia meses más tarde. Continúanfrecuentándose en forma clandestina. El político y escritor argentino Manuel Ugarte a quien Delmira confiesa después su pasión, asiste a la boda como testigo. En 1914, en un hotel de la calle Andes en Montevideo, Enrique Job Reyes dispara dos balas a la cabeza de Delmira y luego se suicida.
Publicó en vida tres libros de poemas: “El libro blanco” (1907), “Cantos de la mañana”(1910), “Los cálices vacíos”.
Otras composiciones se publicarían en dos libros póstumos: “El rosario de Eros” y “La alborada”

Para leer a esta poeta rescatada hace pocos años de un injusto olvido, transcribimos aquí algunas de sus composiciones. Encontramos en ellas una feroz necesidad de trascendencia a través del cuerpo y su imposibilidad, erotismo violento (aparecen buitres, serpientes, mordiscos), el peso del mundo nocturno y misterioso opuesto al diurno, conciencia de singularidad y también una posible lectura del silencio como destino.

Los textos y los datos acerca de su vida fueron extraídos de “El vampiro y otros poemas” selección y prólogo de Elvio Gandolfo, Centro Editor de América Latina.

VISION
(Delmira Agustini)

¿Acaso fue en un marco de ilusión,
en el profundo espejo del deseo,
o fue divina y simplemente en vida
que yo te vi velar mi sueño la otra noche?

En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche
húmedos de silencio,
y engrasados de sombra y soledad.

Te inclinabas a mí supremamente,
como a la copa de cristal de un lago
sobre el mantel de fuego del desierto;
te inclinabas a mí, como un enfermo
de la vida a los opios infalibles
y a las vendas de piedra de la Muerte;
te inclinabas a mí como el creyente
a la oblea de cielo de la hostia?
– gota de nieve con sabor de estrellas
que alimenta los lirios de la Carne,
chispa de Dios que estrella los espíritus.
– Te inclinabas a mí como el gran sauce
de la Melancolía
a las hondas lagunas del silencio;
te inclinabas a mí
de mármol del Orgullo,
minada por un monstruo de tristeza,
a la hermana solemne de su sombra?
te inclinabas a mí como si fuera
mi cuerpo la inicial de tu destino
en la página oscura de mi lecho;
te inclinabas a mí como al milagro
de una ventana abierta al más allá

¡Y te inclinabas más que todo eso!

Y era mi mirada una culebra
apuntada entre zarzas de pestañas,
al cisne reverente de tu cuerpo.
Y era mi deseo una culebra
glisando entre los riscos de la sombra
¡a la estatua de lirios de tu cuerpo!

Tú te inclinabas más y más?y tanto,
y tanto te inclinaste,
que mis flores eróticas son dobles,
y mi estrella es más grande desde entonces.
Toda tu vida se imprimió en mi vida?

Yo esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico; un abrazo
de cuatro brazos que la gloria viste
de fiebre y de milagro, será un vuelo!
Y pueden ser los hechizados brazos
cuatro raíces de una raza nueva.

Y esperaba suspensa el aletazo
del abrazo magnífico?
¡y cuando
te abrí los ojos como un alma, y vi
que te hacías hacia atrás y te envolvías
en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!

Fiera de amor Fiera de amor,
yo sufro hambre de corazones.
De palomos de buitres, de corzos, de leones,
no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor;
había ya estragado mis garras y mi instinto,
cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,
me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
y clamé al imposible corazón? la escultura
su gloria custodiaba serenísima y pura,
con la frente en Mañana y la planta en Ayer.

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
y desde entonces muerdo soñando un corazón
de estatua, presa suma para mi garra bella;
no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
sin sangre, sin calor y sin palpitación?
con la esencia de una sobrehumana pasión!

EL CISNE
(Delmira Agustini)

Pupila azul de mi parque
es el sensitivo espejo
de un lago claro, muy claro!?
Tan claro que a veces creo
que en su cristalina página
se imprime mi pensamiento.

Flor del aire, flor del agua,
alma del lago es un cisne
con dos pupilas humanas,
grave y gentil como un príncipe;
alas lirio, remos rosa?
pico en fuego, cuello triste
y orgulloso, y la blancura
y la suavidad de un cisne?

El ave cándida y grave
tiene un maléfico encanto;
– clavel vestido de lirio,
trasciende a llama y milagro!
? Sus alas blancas me turban
como dos cálidos brazos;
ningunos labios ardieron
como su pico en mis manos;
ninguna testa ha caído
tan lánguida en mi regazo;
ninguna carne tan viva,
he padecido o gozado:
viborean en sus venas
filtros dos veces humanos!

Del rubí de la lujuria
su testa está coronada:
y va arrastrando el deseo
en una cauda rosada?

Agua le doy en mis manos
y él parece beber fuego;
y yo parezco ofrecerle
todo el vaso de mi cuerpo?

Y vive tanto en mis sueños,
y ahonda tanto en mi carne,
que a veces pienso si el cisne
con sus dos alas fugaces
, sus raros ojos humanos
y el rojo pico quemante,
es sólo un cisne en mi lago
o es en mi vida un amante?

Al margen del lago claro
yo le interrogo en silencio?
y el silencio es una rosa
sobre su pico de fuego?
pero en su carne me habla
y yo en mi carne le entiende.
– A veces ¡ toda! soy alma;
y aveces ¡ toda! soy cuerpo.-

Hunde el pico en mi regazo
y se queda como muerto?
Y en la cristalina página,
en el sensitivo espejo
del lago que algunas veces
refleja mi pensamiento,
el cisne asusta de rojo,
y yo de blanca doy miedo!

SERPENTINA
(Delmira Agustini)

En mis sueños de amor ¡yo soy serpiente!
Gliso y ondulo como una corriente;
dos píldoras de insomnio y de hipnotismo
son mis ojos; la punta del encanto
es mi lengua?¡y atraigo como el llanto!
Soy un pomo de abismo.

Mi cuerpo es una cinta de delicia,
glisa y ondula como una caricia?

Y en mis sueños de odio¡ soy serpiente!
Mi lengua es una venenosa fuente;
mi testa es la luzbélica diadema,
haz de la muerte, en un fatal soslayo
con mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡es la vaina del rayo!

Si así sueño mi carne, así es mi mente:
Un cuerpo largo, largo de serpiente,
Vibrando eterna, ¡voluptuosamente!

Nota relacionada:
Cartas a Delmira (critica de teatro)