La angustia creativa de Poe

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Como todo buen romántico, Edgar Alan Poe (1809 – 1849), tuvo una existencia corta, una vida atormentada y un genio extraordinario que produjo una basta y fecunda obra creativa en poemas, cuentos y ensayos.Edgar Alan Poe: o la extraordinaria angustia creativa

por María Comito

Tal vez la idea de destino lo marca desde la infancia: su madre, una actriz de teatro que interpreta a Ofelia y Cordelia de Shakespeare, y trabaja sobre el escenario hasta pocos días antes de dar a luz, muriendo dos años después de su nacimiento, a meses de haber fallecido su marido. Fueron tres los hermanos huérfanos. Adoptado por un acaudalado comerciante recibe una muy buena educación; pero esto no hace que, ya a los dieciocho años, sea un empedernido jugador alcohólico, que dilapida el dinero de la herencia.

Por ese tiempo publica su primer libro “Tamerland y otros poemas“. Muere su madrastra, el viudo vuelve a contraer matrimonio. Este acontecimiento y los antecedentes que obraban en su contra lo alejan del hogar. Se siente escritor y quiere vivir de ello. Pero no tiene tanta suerte y conoce la miseria. Decide viajar al Oriente de Europa, donde se debaten fuerzas de opresión y libertad. Nunca se supo si logró su objetivo, sí que estuvo por Europa y que vivió allí alrededor de dos años, hasta que decide volver a Richmond, su ciudad de infancia. Ya, allí, tienta una actividad profesional e ingresa a la Academia militar de West Point. Acorde a lo esperado – fracasa-, estando su interés más en la lectura y en la escritura, que en una preocupación por ascender.

Debe recordarse que en esos tiempos los Estados Unidos de América se encontraba en la plenitud de sus luchas intestinas, lo que implicaba que no había un ambiente propicio para el estímulo de los creadores. Sin embargo Poe no utiliza el alcohol y otros excitantes como válvula de escape del ambiente en el que se hallaba inmerso sino como recurso de su fuerza creadora.

En este tiempo de miseria atormentada no logra publicar más que un pequeño libro de poemas, hasta que aparece en su vida un mecenas que lo coloca en el escenario periodístico y escribe para el “Mensajero literario del Sur”, una revista de Richmond. De haber sido un señor aburguesado, se hubiese establecido pero él era, ante todo y exclusivamente, un poeta. Por eso apenas podrá conservar su puesto un poco más de un año, para reanudar su peregrinación, esta vez por tierras de estados unidos solamente.
En 1836 contrae matrimonio con una prima de su propia sangre en la que encuentra el sosiego y el sostén para su dolorosa creación artística. Once años vivió contenido por el refugio del amor; pero el día que la unidad quedó rota por la muerte su esposa, a causa de la tuberculosis, ya no tuvo fuerzas para seguir viviendo. Arrastró su duelo por dos años y cuando se encontraba en Baltimore, haciendo una gira de conferencias, se lo encontró una madrugada de octubre, tirado en medio de la calle, agonizando. Llevado a un hospital de caridad, sin ni siquiera saber de quién se trataba, fallece dos días después.
La obra escrita abarca tres facetas: el cuento, la poesía y el ensayo. Baudelaire, que de todos sus biógrafos, podemos decir que se encuentra más cercano por temperamento, además de haber trabajado más de doce años en la traducción de su obra al francés dice al juzgarla:

“Toda entrada en materia cuando se trata de Poe atrae sin violencia como un torbellino; su solemnidad sorprende, manteniendo el espíritu despierto. Se presiente, desde luego que se trata de algo grave. Y lentamente, poco a poco, se desarrolla ante nuestra atención una historia cuyo interés se funda en una imperceptible desviación del espíritu, en una hipótesis audaz, en una extralimitación imprudente de la naturaleza, en la amalgama de sus facultades. El lector, presa del vértigo, se ve obligado a perseguir al artista en sus arrebatadoras deducciones. Afirmo que eso que ningún hombre ha explicado con tanta magia lo de la vida humana y de la naturaleza, los ardores de la convalecencia, el final de las estaciones con sus esplendores enervantes, el tiempo cálido, húmedo y brumoso en el cual el viento del sur ablanda y distiende los nervios como las cuerdas de un instrumento, en el que los ojos se llenan de lágrimas que no provienen del corazón; las alucinaciones que abren de pronto un abismo a la duda con más fuerza que la misma realidad; lo absurdo que se apodera de la inteligencia y la gobierna con espantosa lógica…”

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http://www.leedor.com/notas/ver_nota.php?Idnota=182 target=blank>Sobre La carta robada de Poe