Buenos Aires de novela

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María Comito comenta la segunda antología de Liliana Lukin que recorre la ciudad sin omitir ninguno de sus aspectos: campo, río, conventillos, amores, lenguaje, urbanismo, política, etc. con criterio estético y humor. Un exhaustivo trabajo de investigación pudo concretar este acierto y llevar adelante una estructura que permite leer a Buenos Aires plasmada en el papel sin perder el relieve de su historia.
El protagonismo de Buenos Aires en la literatura Argentina

por María Comito

“Una Buenos Aires de novela II”.
Liliana Lukin (compiladora)
Editorial Sudamericana. Diciembre de 2000.

Siguiendo a “Una Buenos Aires de novela“, en la que la selección de fragmentos, sin traiciones, abarca desde 1838 hasta 1963, “Una Buenos Aires de novela II” lo hace desde ese fin hasta 1983, en la compilación de Liliana Lukin.
Ambas antologías recorren la ciudad sin omitir ninguno de sus aspectos: campo, río, conventillos, amores, lenguaje, urbanismo, política, etc. con criterio estético y humor. Sólo un trabajo exhaustivo de investigación pudo concretar este acierto y llevar adelante una estructura que permite leer a Buenos Aires plasmada en el papel sin perder el relieve de su historia.

De esta nueva antología se puede decir que incorpora, si bien en la tapa aparecen los autores más “destacados” como una selección de los “mejores” (tal vez un error de edición) lo cierto es que, en las trescientas y pico de páginas, aparecen el guión cinematográfico: Aristarain “Tiempo de Revancha”; el teleteatro. Migré “Rolando Rivas taxista”, el humor: Landrú con su “Tía Vicenta”, como géneros que forman parte del período, que se han referido a Buenos Aires (por supuesto) y, que, así mismo, han tomado su propio auge, teniendo como base de herramienta para su producción, la escritura.

Sobre la organización de la antología las palabras que la justifican.

De la introducción de “Una Buenos Aires de novela II“:
Los fragmentos del apretado período representado en esta nueva antología sobre Buenos Aires, 1963 -1983 (salvo algunas licencias) ponen de manifiesto propósitos estéticos y políticos definidos. Así como el primer tomo (1838-1963) tenía su fin en Rayuela, en éste es su comienzo explícito toma cuerpo una tensión alrededor de Cortázar reflejada en continuismo, parodia e impugnación.
Aquella Buenos Aires pop sugerida en la anterior antología se pone en marcha aquí no sólo por la insistencia de ciertos itinerarios o temas sino por las formas de presentación de la ciudad y la activación de procedimientos literarios: fragmentación, superación de límites clásicos entre los géneros, reelaboración de los discursos de los medios de comunicación de masas, etc. En el corazón de la escena: la intervención política y la relación entre los sexos. La imbricación tenaz de política y sexualidad impregna la mayor parte de los textos haciendo por momentos difícil su separación en secciones temáticas. Nos estamos refiriendo básicamente a los años sesenta y principios de los setenta. Luego, para decirlo con palabras que se dice dijo Germán García, “se pudrió todo”: el golpe de Estado de 1976 desbarata cualquier continuidad. Aquel límite de la censura -del escándalo(la ley moral)- de los 60 y principios de los 70 (La narración de la historia, Nanina, El frasquito) se ha transformado en terror (la no ley). La elipsis, lo autobiográfico, la reescritura de la historia el género de “el dictador latinoamericano”, permitirán a algunos autores seguir construyendo su obra. La censura moral fue la punta del ovillo de una metodología de represión política y formó parte, desde el golpe de Estado del 66, de un plan que terminó de cumplirse con el golpe del 76, esto dicho muy rápidamente.

Uno de los peligros de las antologías es la disolución de las diferencias. Se agrega, en este caso por la época que nos ocupa, en que su lectura se oriente hacia el revival. Otro es perder, en aras del contenido el derrame, torrente, o como quiera llamársele, de la escritura. Un riesgo evidente, e ingrato, en autores como Lamborghini, Pizarnik o Copi.

Bajo el título de Vivir su vida y Vivir su vida 2 hemos incluido fragmentos que exploran la trama de los destinos personales (exigencia sumamente abarcadora). Sin aliento reúne los fragmentos eminentemente políticos y, bajo el parco VI: un corto pero contundente desfile de militares argentinos; masculino/femenino no necesita de explicaciones aunque, a pesar de la tan mentada revolución sexual, no afloja mucho el tufillo falocrático. La Menesunda título del happening realizado por Marta Minujin y Rubén Santantonín en el Instituto Di Tella en 1965, alberga básicamente textos “inactuales”, distanciados de la representación realista. En Chinatown, el policial toma la posta y, por último, bajo VIII [final] el mapa de la ciudad se urde con la noche, lo siniestro, el sueño.

Las libertades que nos hemos tomado no vamos a justificarlas, qué sentido tendría entonces haberlas tomado. Sólo una la inclusión de El río sin orillas, de Juan José Saer. El relato de esa tormenta ocurrida en diciembre de 1989 aparentemente queda fuera del “artefacto” armado en la antología y, sin embargo, este maestro de la narración la envuelve con su gran lluvia (“Semejante a una lluvia liberadora que afloja y disuelve la tensión de la atmósfera haciendo estallar brotes y pimpollos, Se lee en un antiguo libro). La noche en pleno día transfigura la ciudad volviéndola un objeto extraño y prodigioso, como los son también algunos objetos literarios.