Intimidad

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En la turbulenta época que nos toca vivir, podemos identificar que el vértice de la ética y la moral, ha cambiado considerablemente. El amor para algunos es una forma de experimentar placer carnal, para otros, la forma más pura de relacionarse no sólo con sexos opuestos.

Lo dijo Robert Palmer: adictos al amor

En la turbulenta época que nos toca vivir, podemos identificar que el vértice de la ética y la moral, ha cambiado considerablemente. El amor para algunos es una forma de experimentar placer carnal, para otros, la forma más pura de relacionarse no sólo con sexos opuestos.

Intimidad, último film del director francés Patrice Chereau – más conocido por Aquellos que me aman tomarán el tren de 1998 – nos presenta una visión extraña, una vuelta de tuerca bastante complicada, en lo que podría llamarse una relación particularmente retorcida, aunque no del todo poco probable entre un hombre y una mujer.

El preámbulo se presenta sin ser un día fuera de lo normal. Totalmente despreocupado y hasta restándole importancia, Jay – Mark Rylance – se encuentra en su casa, bastante desordenada, como su vida, durmiendo placidamente. La quietud de pronto se rompe y no hace falta buscar explicaciones; comprensiblemente las respuestas se tornan en evidencia pertinente para él. Hoy es miércoles, frenéticamente divisa el reloj y ya no hace falta pregunta alguna, las agujas marcan las 2PM, hora de Claire – Kerry Fox -. Sin emitir ningún tipo de mensaje entra y busca un lugar, hoy aquí, mañana allá, y una vez que se realiza la inconsciente elección, se desata entre ellos la tormenta de pasión más desenfrenada y explicita que la pantalla grande ha generado en los últimos tiempos. Porque en definitiva de eso se trata su relación… aquí no hacen falta nombres, aquí no hacen falta caricias, aquí solo hace falta sexo y eso es suficiente para ellos.

La propuesta es interesante. Proponer el vínculo entre dos entidades de diferentes extracciones sociales, de distintos grupos relacionantes, de distintas situaciones afectivas y formular una situación hipotética, a partir de una relación basada pura y exclusivamente en el sexo. Nada más que el intercambio descarriado de hormonas, puede acercarlos una vez a la semana y durante un horario determinado, que al finalizar los separa de forma tajante hasta su próximo encuentro. La pregunta fundamental… ¿es el sexo suficiente para saciar sus vacíos? ¿puede el sexo dar todo aquello que nos falta en ciertos aspectos? ¿es nuestra relación una historia de amor?

Claramente la respuesta a estos interrogantes, es sumamente personal y subjetiva, pero a partir de estas circunstancias, el director nos muestra cómo los personajes, intentan saciar a través de su genitalidad las carencias que demuestran en un horizonte psicológico afectivo, que termina por desatar una caja de Pandora que será extremadamente difícil de manipular y los llevará finalmente, por un sendero
sinuoso entre la intimidad que los une y la realidad que los separa, en definitiva ellos mismos se preguntarán ¿es intimidad lo que tenemos? ¿es la intimidad que queremos tener? ¿es esta la vida que queremos tener? ¿hasta cuando podremos sostener esto que nos une y a la vez nos separa? Bueno, claramente hay que ver el filme para lograr una idea acabada de lo que cada personaje responderá, pero lo importante es que abre no solo algo aparente dentro de la dialéctica fílmica, por añadidura, deja entreabierta una ranura dentro de lo que cada uno desea para si mismo y para la sociedad en la que se relaciona diariamente.

Finalizando, y si bien queda de manifiesto que la importancia del trasfondo psicológico se lleva todos los laureles del filme, expresa narrativamente una postura por momentos no lineal y manejos de cámara interesantes, aunque no demasiados novedosos. Primeros planos profundos y escenas que parecieran detenidas en el tiempo, proveen a las introspecciones dramáticas de cada personaje – principalmente en Jay – los toques altamente rescatables en la producción. Los flashbacks de algunos pasajes ayudan a entender las realidades de cada protagonista y de cómo fue que finalmente llegaron a necesitar lo que ahora los une. Un solo punto, dentro de la particular visión de este espectador, está fuera de tono y relega la obra a un público restringido: las escenas se presentan claramente explicitas… Si bien puede justificarse la crudeza de las imágenes y subordinarlas a la intención fílmica de mostrar para comparar, queda en tela de juicio personal el haber podido insinuar situaciones y lograr expandir el mensaje, a un espectro más amplio de observadores, sobre todo a los que aún no han podido experimentar ese tipo de sensaciones en carne propia.

Sebastián Montagna
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Estreno del 9 de mayo de 2002