Crimen en primer grado

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High Crimes es un thriller de estrado que sigue las mismas fórmulas de aquellos oportunistas que dieron sus primeros espaldarazos en la taquilla como Jagged Edge (Richard Marquand, 1985) con Jeff Bridges y Glenn Close, film con el que comparte muchos puntos en común. La transposición al plano militar
aprovechando oportunamente sucesos de conocimiento público no es para nada feliz. Otra sobre Doña Judd y su marido… de turno

Hablando estrictamente de ficción cinematográfica, el curriculum vitae de Ashley Judd demuestra que mucha suerte no ha tenido en lo referente a su media naranja. Ni hablar cuando la pobre le ha hecho poner el gancho a los personajes que ha interpretado. Cuando su carrera comenzaba a despegar, fue la sufrida mujer de un abogado idealista de romance platónico con Sandra Bullock a quién no perdía aunque su hogar no corriera la misma suerte en manos de incendiarios racistas sureños en Tiempo de Matar (Joel Schumacher, 1996). También pasó las de Cain como la pareja de Val Kilmer a quién debía resignar para que este lograra fugarse en Fuego Contra Fuego (Michael Mann, 1995); y en Vida Ordinaria (John McNaughton) la conducta delictiva que mantenía al lado de Luke Perry tampoco terminaba bien. Jugando en la División A, trabajó por primera vez con Morgan Freeman en Besos que Matan (Gary Fleder, 1998) donde interpretaba a la única víctima que había logrado escapar de un psicópata enamoradizo autoproclamado Casanova; mientras que en Doble Riesgo (Bruce Beresford, 1999) su marido le hacía una cama que la terminaba alojando en una prisión por un crimen que no cometió, sabiendo que el tiempo y la paciencia eran sus principales armas para tramar su más dulce venganza. La cosa no mejoró mucho el año pasado cuando incursionó en la comedia romántica: en Alguien Como Tu (Tony Goldwyn) encarnaba el axioma de la vaca vieja, aquella con la que el toro ya no quería saber nada después de haberla conocido… carnalmente.
Bueno, en Crimen en Primer Grado Doña Judd nuevamente debe de lidiar con su 50/50. Su Claire Kubik es una exitosa abogada felizmente casada con un igualmente exitoso contratista independiente interpretado por un Jim Caviezel tan perdido y desperdiciado como en Cadenas de Favores (Mimi Leder, 2000) y Mirada de Ángel (Luis Mandoki, 2001). De vida idílica con un único nubarrón consistente en la negación de un hijo que buscan incansablemente; un robo frustrado en su hogar desata una cadena de eventos que termina con agentes del FBI arrestando a su Tom. Cuya verdadera identidad resulta ser la de Ronald Chapman, un fugitivo acusado de asesinar a civiles en El Salvador cuando era una agente militar hace quince años atrás. Obviamente, su muchacho le asegura que es inocente y que los verdaderos villanos hicieron de él un chivo expiatorio. Y como el amor es más fuerte, delo por hecho que nuestra heroína va a defender a su maridito ante una corte militar donde ninguna de las reglas que conoce se aplican. Al asignarle un abogado militar joven e inexperto, Claire sabe muy bien que va muerta si se adentra en un terreno desconocido con un novato. Por eso busca la ayuda de alguien que conoce estas reglas y que esté dispuesto a romperlas: un tal Charlie Grimes, antiguo abogado militar que aprecia la oportunidad de enfrentarse a la misma jerarquía que lo deshonró unos años antes. Que jugado por Morgan Freeman, él solo logra un logo de la calificación de esta crítica por una solvencia que posee innata ante un rol tan mal delineado como estereotipado.

High Crimes es un thriller de estrado que sigue las mismas fórmulas de aquellos oportunistas que dieron sus primeros espaldarazos en la taquilla como Jagged Edge (Richard Marquand, 1985) con Jeff Bridges y Glenn Close, film con el que comparte muchos puntos en común. La transposición al plano militar
aprovechando oportunamente sucesos de conocimiento público no es para nada feliz. Y entre tantas vueltas de tuercas sumamente forzadas para intentar confundir al espectador, la realización termina dejando demasiados cabos
sueltos como para que la historia sea redonda. Crimen en Primer Grado además de previsible es aburrida y tediosa. Con un final tan alargado como anunciado. Y si la película logra captar esporádicamente el interés de la platea, solamente esto ocurre cuando Freeman aparece en pantalla -en el mejor de los casos- o gracias a golpes de efectos tan truculentos como efímeros -en lo peor de esta situación-. Además es inexplicable el trabajo de Amanda Peet en este producto, como la hermana de Judd, actriz de enorme popularidad televisiva y de buenos primeros pasos en la pantalla grande en comedias como Mi Vecino, El Asesino (Jonathan Lynn, 2000). Su malograda participación en este largometraje es obviamente un paso atrás en su carrera.

El director afroamericano Carl Franklin ha sorprendido en su momento a buena parte de los espectadores del planeta y cosechado buenas críticas por parte de los especialistas con su debut en Un paso en Falso (1992) y la mejor obra de su carrera en esa perlita para paladares exigentes que es El Demonio Vestido de Azul (1995). Nada mal para un actor que había deambulado buena parte de la década del ’80 por series de televisión y películas de la semana olvidables, salvo su intervención en Brigada A como el oficial de color que acompañaba al Coronel Decker persiguiendo infructuosamente a Los Magníficos, que a la distancia, solo posee un valor nostálgico para estas latitudes. ¿Quién iba a pensar que de un personaje de estas características uno iba a descubrir actores de la talla de Billy Bob Thorton o Don Cheadle? Tras su propio paso en falso al incursionar en el melodrama más furtivo en Cosas Que Importan (1998) con Meryl Street, Renée Zellweger y William Hurt, Franklin comienza a recorrer las sendas de tipos como Gary Fleder -que de Asuntos Pendientes Antes de Morir pasando por la citada Kiss The Girls hasta la paupérrima Ni una Palabra- demuestran su idoneidad para el mercado mediocre de películas que establecen agenda, abandonando todo atisbo de creatividad y habilidad insinuadas en sus primeros films. Crimen en Primen Grado confirma la hipótesis en Franklin, con una bochornosa escena final entre los protagonistas salida de un piloto que no llego a convertirse en serie, o peor aún, calcada de los desenlaces más mediocres de Remington Steele y Moonlighting.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 09 de mayo de 2002.