La Máquina del Tiempo

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Hollywood nunca aprende. Y encima muestra la hilacha al recurrir una y otra vez a clásicos inalterables buscando aggiornarlos de acuerdo a los tiempos que corren; en lo que se erige como una prueba más que tangible con respecto a la falta de creatividad de los guionistas mejor pagos del planeta.
otra versión innecesaria de un clásico inalterable.

Hollywood nunca aprende. Y encima muestra la hilacha al recurrir una y otra vez a clásicos inalterables buscando aggiornarlos de acuerdo a los tiempos que corren; en lo que se erige como una prueba más que tangible con respecto a la falta de creatividad de los guionistas mejor pagos del planeta. Ya el año pasado el paso en falso que significó la nueva Planet of the Apes con Tim Burton -nada más y nada menos- detrás de cámaras, pudo haber servido de escarmiento. Pero no, esta gente además de ambiciosa, es terca. Y nuevamente encaran un proyecto con una de esas cintas que deberían de permanecer inmaculadas. Porque el film de George Pal de finales del ’50 es una experiencia que permanece intacta pese a sus ridículas criaturas velludas usando bermudas o esos combates a puño limpio en los que el héroe que encarnaba Rod Taylor, siempre con la guardia en alto formando con ambos brazos ángulos de 90 grados inservibles para cualquier tipo de defensa, le daba su merecido a esos monstruos devenidos en especie dominante. La técnica de stop motion utilizada en aquel entonces logra aún hoy una especie de magia que los efectos especiales más elaborados de la actualidad han perdido ante tanto abuso de imágenes generadas por computadoras.

Con la dudosa idoneidad que habilita a un realizador ponerse en la silla del director para encarar un film basado en la obra de un antepasado, este señor de nombre Simón -que codirigió la versión animada de El Príncipe de Egipto- y John Logan -autor de Gladiator y Un Domingo Cualquiera- arrancan con la transposición de la famosa novela de H. G. Wells bajo la premisa más comercial formulada en pregunta aparentemente retórica que se planea contestar: el What if…? -¿que tal si…?- que tanto mal le ha hecho a la industria actual del cómic y al presente de varios personajes clásicos; condicional que sirve como puntapie inicial para revisar una historia ya contada. El protagonista de La Máquina del Tiempo 2002 en la introducción del film jamás se preocupa en avanzar al futuro debido a que una tragedia es lo que motiva la invención del vehículo del título. Nuestro muchacho vuelve hasta la fecha del macabro acontecimiento para lograr evitarlo solo por unos minutos más, ya que la ciencia parece no poder comprar -como todo el poder del mundo- el destino. Por ende el Alexander de Guy Pearce, razona que si su pregunta no puede ser contestada en el advenimiento del Siglo XX, lo será mucho más adelante, en esos días por venir que él -de acuerdo a la naturaleza efímera del hombre- jamás llegaría a ver claro esta, de no existir su aparato.

La película de este descendiente de Herbert George sin embargo, posee más fidelidad al ícono del que es remake, que a las páginas de donde salieron conceptos como elois y morlocks. Algo que queda bien en claro con el homenaje al maniquí que en la obra de Pal fuera casi leit motiv visual. El viajero del tiempo de aquella veía como la humanidad se extinguía gracias a la concreción de uno de los mayores temores de la época
que consistía en la utilización del armamento masivo aunque pasivo generador del equilibrio del terror. La versión 02 muestra la colonización comercial de la luna que termina saliendo de su órbita y colisionando contra el planeta del que es satélite. Y la resurrección del hombre a través de dos especies, de la que una será presa y otra depredadora, muestra a estos últimos implacables, feroces y de temer. Sin embargo debe apuntarse que los blondos, estoicos y narcisistas elois de la original terminan siendo más parecidos a las Generaciones X y Y tan mentadas de nuestra actualidad; mientras que sus pares actuales se muestran de manera más verosímil como una tribu recién descubierta.

Del ya mencionado Pearce es obvio decir que hace lo que puede con un papel que no es precisamente el que lo hicera brillar como en Memento o en Los Angeles al Desnudo. De Mark Addy, el gordito stripper de Full Monty, ya hemos escrito en más de una oportunidad que no da pie con bola en su desembarco a los EE.UU.; algo en lo que parece irle en saga Sienna Guillory. Phyllida Law, madre de Emma Thompson, cumple como la ama de llaves estereotipada, mientras que la cantante Samantha Mumba en su debut en la pantalla grande demuestra por ahora ser solo una belleza color ébano a no olvidar. Una oración se merece Orlando Jones como la corporización de Internet si algo así fuese posible; ídem para el morlock de Jeremy Irons que parece la versión albina de Marylin Manson. Que dicho sea de paso ha hecho un cover superlativo en su versión de Tainted Love. Pero esa es otra historia. La que ocupó estas líneas, ha sido la de un film correcto, pasatista e inofensivo que se deja ver si uno no exige demasiado. Pero para los que supimos de la película de Pal, y ni hablar de todos aquellos que acompañaron a Marty McFly de vuelta al futuro, The Time Machine 2002 es una invitación a ir al video, en busca de las fuentes.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 02 de mayo de 2002.