A la izquierda del padre

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Solo quería amar y ser amado” Con estas palabras André, el personaje central de A la izquierda del padre, impone el tono trágico y melodramático que sobrevolará las tres horas de la obra de Luiz Fernando Carvalho. Una familia muy normal

Uno. “Solo quería amar y ser amado” Con estas palabras André, el personaje central de A la izquierda del padre, impone el tono trágico y melodramático que sobrevolará las tres horas de la obra de Luiz Fernando Carvalho. Con un marcado aire novelesco, la película relata la historia de una familia de inmigrantes libaneses en el interior de un Brasil de los años 40. Hacendada, y numerosa, la familia es (literalmente) gobernada por un padre autoritario, religioso y conservador. Y como sucede hasta en las mejores familias, siempre existen algunos descarriados que ponen en duda el orden imperante. Sólo que en ésta, los conflictos generados no parecen tener un sencillo desenlace. Oprimido por un destino que parece inquebrantable, y traumado por una relación imposible, André deja su hogar, en búsqueda de verdades que pujan por develarse. A su ida, la familia ingresa en un cono de sombras, en donde la felicidad en la que creían vivir, se muestra resquebrajable e hipócrita. A pesar de que uno de los hermanos de André, el más correcto y fiel al padre, vaya en su búsqueda, el regreso de aquel no será ya indiferente al devenir de la familia, habiendo sido su ida, una marca imborrable que devendrá en tragedia.

Dos. Carvalho dirigió la exitosa novela brasilera El rey del ganado. Y el tono novelado y melodramático de ese género, puede percibirse en A la izquierda del padre. Envuelta en una poética, que va más allá de lo literario, y que recala en la pintoresca fotografía y en los ajustados movimientos de cámara, la película se intuye como un todo armónico de una carga emotiva y dramática abrumadora. Rozando por momentos un exagerado tono de fatalismo argumentativo y de amanerada narrativa poética.

Tres. De la familia, y de los particulares efectos que provoca en sus diferentes miembros, es de lo que trata A la izquierda del padre. Percibida por André (y con él, todos) como una ineludible y eterna cruz clavada en el pecho, la familia, se presenta como la fuente madre de todas sus disquisiciones afectivas y filosóficas. El personaje necesita escapar del cerrojo opresivo que genera el tono severo del padre, hundiéndose en las antípodas de lo que su familia promovía. Cual personaje fassbinderiano, André, se zambulle en lo mórbido, en lo sucio, para equilibrar su anterior y silencioso sufrimiento envuelto en sábanas límpidas y alegres. Recurre al vino (presentado como el elemento tanto liberador como pervertidor), y a la masturbación, mostradas ambas como formas que elige André para contraponerse a su otrora vida santificada. “El exceso de amor también mata” le dice al padre, en medio de una charla, en la que se vislumbra el invariable choque de lógicas entre un solemne padre moralista y su inevitablemente rebelde hijo, y la que actuará como disparador para el trágico desenlace.

Cuatro. André se sienta a la izquierda de su padre en la mesa. Al igual que su madre, la hermana (con la cuál habrá mucho más que un cándido amor entre hermanos), y el hermano menor (que querrá seguir los pasos de él, y con el que también lo une algo más que una palmada en la espalda) A la derecha, se sientan, menos
claro, los fieles al padre, los más responsables y cuestionadores. El titulo original de la obra es Lavoura Arcaica, pero en Argentina se va a estrenar con un explícito A la izquierda del padre. Grosería que de todas formas, no está tan desligada a la utilizada por el director. Ya que de hecho, los pervertidores de la calma y tradición familiar, fueron ubicados groseramente a la izquierda. Los de la derecha, son, quién sino, los conservadores. No solo esta falta de sutileza se percibe en el film, sino que también aparece en la curiosa necesidad de explicar con detalles la causa de todos los conflictos existenciales de André, que hubiera sido más atractivo e inquietante, claro, habiendo dejando algunas zonas oscuras, propias de lo intrincado y obtuso de la mente humana.

Cinco. “El ganado siempre vuelve al estanque” Y así fue nomás. El aforismo del padre se cumplió. Pero el ganado, y en eso el viejo no recaló, puede volver de su paseo con alguna enfermedad que provoque epidemia en el rodeo. Y André volvió al estanque, y su vuelta no fue inmune. “Cuanto más perfecta es la felicidad, más fácil de quebrar es, un simple hecho puede desbarrancarlo todo”, contrapuso André al aforismo paterno, en forma de designio. Y el melodrama arriba a su apogeo. Y la tragedia se consuma, prefijada, augurada, inescapable.

Seis. Premiada en el último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, A la izquierda del padre llega a las salas comerciales. Intensa, ardua, de pomposa retórica narrativa, de soberbia puesta en escena, con actuaciones ampulosas, y con algunas sobrecargadas tintas, es una película que impresiona y abruma, por partes iguales.

Sebastián Russo
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