Los Amantes del Siglo

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Introducidos en la Francia revolucionaria por la recientemente estrenada La Dama y el Duque, nos situamos ahora en otra representación de época. Los amantes del siglo, nos muestra a una Juliette Binoche dramáticamente madura y comprometida que compone, el personaje central de la Baronesa Aurore Duvebant, una transgresora en su época, en busca de un lugar donde solo la masculinidad era aceptada.
Una Binoche distinta a la que todos conocemos

Introducidos en la Francia revolucionaria por la recientemente estrenada La Dama y el Duque, nos situamos ahora en otra representación de época. Los amantes del siglo, nos muestra a una Juliette Binoche dramáticamente madura y comprometida que compone, el personaje central de la Baronesa Aurore Duvebant, una transgresora en su época, en busca de un lugar donde solo la masculinidad era aceptada. Dentro de este circulo de vernáculos poetas y escritores, entabla una sórdida e incandescente relación amorosa con Alfred de Musset, un referente de su época y quien marcará a partir de allí, el resto de sus actos.

La obra cuenta con una cuidada puesta en escena, lo cual es complicado ya que el relato los llevará a deambular por las ciudades de París y Venecia de mediados del siglo IX, postulando los ideales de una generación marcada por la finalización del movimiento napoleónico y abandonando su idealismo, se sumerge en los brazos de la bebido y las drogas como método de inspiración. Otro elemento distintivo a tener en cuenta y que se relaciona directamente con la dirección artística, es el magnifico desempeño que han realizado los diseñadores de vestuario Cristian Lacroix y Anais Romand.

De más está decir que el elemento que sostiene la producción de inicio a fin es la participación de la rotulante figura de Juliette Binoche quien es secundado por Benoit Magimel – particularmente un desconocido que me sorprendió. En el obra, ambos hacen gala de sus dotes y le otorgan a sus dramatizaciones una expresividad destacable. Lamentablemente, todo el empuje y la fuerza depositada en sus desempeños se ve opacada por un detalle que terminará por agobiar al espectador. La duración del film – 215 hs. – se extiende demasiado y si bien la carga emocional es fuerte, puede producir algunas contracturas cervicales en los espectadores.

En resumen, la directora Diane Kurys, mas conocida por otras obras que por la presente, intenta mostrar una historia particular, que podría protagonizar cualquier mortal que haya tenido la posibilidad de experimentar la pasión en su corazón. Por otro lado, nada de lo que podamos sorprendernos pasa en la trama y lamentablemente las estimaciones, no auguran demasiada permanencia en cartel. Para aquel que quiera disfrutar de la hermosísima Binoche, esta es la oportunidad de aproveharla en estado natural, bien francesa.

Sebastián Montagna
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Estreno del 11 de abril de 2002

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