Hermano

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La idea de que Takeshi Kitano terminara fagocitado, como otros directores importados del lejano oriente, por ese Godzila occidental que es Hollywood, pudo asustar en un principio. Quién escribe estas líneas tiembla cuando recuerda los trabajos de Ringo Lam y Hark Tsui a los servicios y caprichos de Jean Claude Van Damme en la recta descendiente .
un yakuza fiel a su código de honor kamikase.

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La idea de que Takeshi Kitano terminara fagocitado, como otros directores importados del lejano oriente, por ese Godzila occidental que es Hollywood, pudo asustar en un principio. Quién escribe estas líneas tiembla cuando recuerda los trabajos de Ringo Lam y Hark Tsui a los servicios y caprichos de Jean Claude Van Damme en la recta descendiente y final de la carrera del otrora exitoso karateca belga. Sin embargo, en su último film, el primero rodado en los EE.UU., el director de Hana-Bi realiza un complejo ejercicio, en el que enfrenta la tradición criminal japonesa con la del submundo norteamericano actual, creando un conflicto que, evidentemente, estará bañado -como santificado- por sangre. Hermano, lejos de ser infiel a un estilo, es Kitano puro, con los consabidos estallidos de violencia a los que solo se puede acceder desde una perspectiva abierta, olvidando ideas preconcebidas e invocando toda una tradición noir del propio cine japonés; pasaporte para convertir al ex -cómico en un imprescindible del moderno cine nipón como también en uno de los mejores radiólogos de la violencia en el séptimo arte. Kitano orgulloso, metafóricamente hablando, se vuelve un samurai inmortal antes que transformar a sus imágenes en trabajos propios de un ronin. Bien conocido y divulgado es que de estos últimos abundan para ocupar puestos detrás de cámaras.

En fin, Beat Takeshi en Brother interpreta a su Anaki Yamamoto como si este se tratara del axioma viviente de lo que es un yakuza: un gangster tan despiadado como frío y calculador, con señas particulares del actor como su tic en el ojo o esas patadas cortitas con las que se lo ve sumamente cómodo castigando a sus víctimas. Obligado por su clan a un retiro forzoso a causa de un violento enfrentamiento, el protagonista viaja a los EE.UU. para encontrarse con su hermano menor Ken, al que protege y financia una carrera universitaria mediante sus ingresos criminales. Pero al llegar a Los Angeles se encuentra con que el benjamín de la familia ha abandonado los estudios para realizar con un grupo de amigos algunas transacciones menores de tráfico de drogas. El protagonista decide enseñar al pequeño grupo de delincuentes, formado mayoritariamente por negros y latinos, como tomar los bajo fondos de Los Angeles al estilo yakuza, transformando a esos dealers de poca monta en un poderoso imperio de asesinos profesionales que basan sus acciones en un código de honor -que podría adjetivarse como kamikaze- que choca frontalmente con la mentalidad del criminal norteamericano. Los asombroso resultados positivos que consiguen los que hasta hace poco eran malvivientes insignificantes obviamente no pasaran desapercibidos a otros grupos organizados ya existentes, como la mafia, que no verán con buenos ojos el crecimiento geométrico de los nuevos japoneses en la ciudad.

Hermano es el regreso de Takeshi Kitano a la violencia lírica y brutal, fuente de los comienzos de su carrera marca registrada en su debut en Violent Cop o la excelente Sonatine, tras el paréntesis de la singular El Verano de Kikujiro. La nueva realización del director y actor nipón, en la que suma a sus temas frecuentes apuntes sociológicos sobre etnias bien
específicas, si bien supone su primera producción de carácter internacional; esto no signifique un futuro desembarco de este peculiar creador en el universo de Hollywood; al que sus ideas no se venden. Ídem para su ironía. Oscila entre el look seco y duro de los films del cine negro japonés y -en menor, aunque presente, medida- el estilo, personajes y decorados del thriller estadounidense. Pero en definitiva es una típica película japonesa, rodada en un territorio que no le es propio. Brother en absoluto significa un retroceso en la carrera de Kitano tras la evolución que supo ser la superlativa Flores de Fuego, largometraje impar y lírico que le deparó al responsable de Escenas frente al mar todos los laureles que ya venía exhibiendo para aquellos que ya lo habían iconizado como un fenómeno de culto. Acompañado por el negro Omar Epps como contrafigura del Yamamoto de Kitano (en verdad, el hermano al que alude el título) y por un impresionante trabajo de Masaya Kato como la fiel mano derecha de Anaki, la película logra una curiosa simbiosis entre humor y violencia en este viaje voluntario lejos de las esencias patrias que emprende el realizador, consciente -como creador en plena evolución- de que su estilo se ha impuesto en los círculos más elitistas contemporáneos.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 11 de abril de 2002.