Día de entrenamiento

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Cuando Ud. decida entrar a la oscuridad de una sala cinematográfica para ver Día de Entrenamiento, sepa que por el precio de una entrada va a encontrarse con dos películas; para ser más exactos, con un film y un mediometraje. Un muy buen film… arruinado de forma desconcertante

Cuando Ud. decida entrar a la oscuridad de una sala cinematográfica para ver Día de Entrenamiento, sepa que por el precio de una entrada va a encontrarse con dos películas; para ser más exactos, con un film y un mediometraje. El primero, muy bueno. Casi excelente. El segundo, malo. Muy malo. Uno es un drama policial durísimo, contundente; con una mirada objetiva de una dolorosa realidad que nos patea directo en los dientes. El otro es uno de esos que pasaba el viejo canal 11 en Sábados de Súper Acción. De cómo se puede malograr algo que va tan bien encaminado, degenerando lo que se pretendía denunciar en el entretenimiento más trillado del mainstream; tratarán las líneas que a continuación se desarrollan buscarle una respuesta a una pregunta que puede sonar a retórica para quien escribe, que aún así, en este ejercicio, no logra todavía entender semejante daño.

Partamos de lo elemental: el guión. Firmado por el responsable de la aceptable U-571 y de la paupérrima Rápido y Furioso. Deducimos que al Sr. David Ayer le interesa el entretenimiento. Y que en lo suyo, ha sido redituable para Hollywood. Ahora veamos al que observa todo detrás de cámara: el Sr. Antoine Fuqua. Director clipero, cuyo mayor pergamino fue dirigir el hiperdifundido Gangsta’ Paradise de Coolio (¿alguien se acuerda de este músico?) tema principal de una olvidable película como Mentes Peligrosas; posee un desembarco en la pantalla grande que incluye al actor fetiche de John Woo, Chow Yun-Fat, y a la ganadora del Oscar Mira Sorvino protagonizando en la clonada Asesinos Sustitutos, una incursión del cine de Hong Kong por los productores de Los Angeles en un largometraje prescindible. Definitivamente Fuqua, es impersonal. Y eso, combinándolo con el efectivo Ayer, los vuelve idóneos para el mainstream.

O.K. Entonces es fácil imaginar a los ejecutivos de la Warner pensando en la consabida fórmula del novato que debe olvidar todo lo que la Academia le dijo que era correcto (El Principiante), a la que suman la infalible receta de la pareja de diferente etnia que en un principio se va a llevar muy mal hasta que gane confianza (48 Horas, Arma Mortal y sus secuelas), apostando a seguirlos durante todo un día como si estuviéramos ante un reality show como el legendario COPS!. Los productores, calculadora en mano, habrán hecho números auspiciosos, buscando ahora a la pareja protagónica que fuera capaz de traducir sus sueños en realidad. E hicieron un golazo de media cancha al obtener a Denzel Washington y Ethan Hawke. Ahora, lo emocionante habrá sido estar ahí cuando vieron la película terminada en su microcine privado. Sérpico, no era ni por las tapas lo que estaban esperando. Es un hecho que lo habrán agarrado a Fuqua de las orejas y a Ayer de otras partes para que cambiaran el final. Y por lo tanto ahora llega a los cines vernáculos y a los del resto del planeta esta estirada versión definitiva. Y es que solo un delirio como el que se redactó en estos últimos dos párrafos puede justificar como se ha malogrado a Día de Entrenamiento.

Con diálogos que hacen recordar mucho a Tarantino, sobre todo por esas anécdotas jugosas -como la del preso que espera sentencia y alega demencia- y por la acidez de las palabras de los protagonistas; más una galería de personajes que componen un bestiario sumamente atrayente -del que se destacan los interpretados por los raperos Dr. Dre, Macy Gray y Snoop Dog, más los siniestros Tres Reyes Magos encabezados por Tom Berenger y el excepcional Roger de Scott Glenn- los superlativos primeros 90 minutos de Training Day tienen como ancho de espadas y basto a Washington y Hawke (justos merecedores de sus nominaciones al Oscar) actuando sobre sus conflictivas nociones de lo que es la justicia. Oficial evaluador y veterano, el de Washington, tendrá que ver si el idealista Rookie de Hawke tiene todo lo necesario para trabajar en la división de narcóticos, donde la calle es el hábitat de todos los días, cuyo límite entre la legalidad y la corrupción no está para nada bien señalizado. Con sonido ambiente y con elementos fuera de cuadro, hábilmente, Fuqua se ensaña en lograr internar al espectador en un territorio conocido sólo por los medios de comunicación, al que difícilmente se pueda acceder sin pagar un precio. Ese viaje al interior de la jungla más oscura, es el pasaje que bien vale la entrada.

Cuando se llegue a la segunda aparición de Glenn en la pantalla, cuando termine toda esa secuencia; Ud. va a ver el rostro de Hawke aturdido y la imagen fundiéndose a negro. Cuando esto suceda, levántese de su butaca y salga corriendo del cine. Se va a ir con la mejor impresión. Si es corajudo y decide quedarse un poco más, va a ver que ya es de noche en la ficción. Entonces, la película sólo va a ser buena -y hasta un poco rebuscada- llegando al partido de póker entre Hawke y tres pandilleros chicanos, que recuerda bastante al espectador vernáculo lo que sufriera el personaje de Rodrigo De La Serna durante su visita a un monoblock del Doke en la televisiva Okupas. Ahí, debería de haber terminado todo. Sin embargo, en un momento dado, como burlándose de Ud. un personaje dirá (palabras más, palabras menos): “cómo un hecho fortuito puede generar nuevos acontecimientos” y todo lo que sigue será el descenso a un lugar perdido en el estante más oculto de Blockbuster como panteón de un film que estaba llamado a perdurar.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 7-03-2002.