Amor ciego

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Llena de buenas intenciones la película de los hnos. Farrelly habla sobre un ideal de mujer bastante particula.Mucho más que humor

Claramente reconocemos que vivimos en una sociedad que ha ido modificando los estándares de belleza a lo largo de la historia. En la Edad Media, una mujer con naturales vellosidades y una figura ampliamente fornida, llegaba a ser identificada como estéticamente perfecta. A mediados del siglo pasado, aquellas robustas rubias de Hollywood, hacían delirar y convertir en lobos a la platea masculina. Hoy en día, los medios de comunicación y por consiguiente los mortales como Hal – Jack Black, High Fidelity – , nos dan la media de los que podríamos llamar belleza: delgada – al borde de la anorexia – estilizada – casi esculpida – y como consecuencia lógica de su distinción, histérica – suavizado, con un carácter muy especial -.

El universo de Hal puede resumirse en pocos elementos: su trabajo, su amigo del alma y la búsqueda desesperada de una mujer que reúna todos los requisitos de la mujer perfecta. Como se ha descrito anteriormente, la empresa no nos es nada fácil, máxime si tenemos en cuenta que la pincelada divina que le toca en suerte ha sido escueta y los atributos que declara a simple vista, no lo favorecen demasiado. Pero gracias a un encuentro fortuito y un cambio de perspectiva muy insólito, su suerte tomará un giro inesperado y finalmente cambiará para mejor… ¿o no?

De la mano de los hermanos Bobby y Peter Farrelly – parece que los clanes de hermanos se han puesto de acuerdo en estrenar durante la primera etapa del año productos interesantes – llega esta pintoresca tragicomedia romántica, que hará el deleite de la cineplatea. Ahora bien, con sólo decir esto no basta y como deben esperar impacientes, es compromiso de quien escribe justificar debidamente el por qué de sus dichos.

En principio, es sabido que los Farrelly han hecho algo de lo bueno – Kingpin, There’s something about Mary – y algo de lo no tan bueno – Dumb and Dumber, Me, Myself and Irene -, lo comprensible es saber que el dinero recaudado y haber pagado el derecho de piso bien vale la pena. En esta oportunidad, Shallow Hal no es una simple comedia al estilo de las anteriores; desde sus raíces, puede notarse que tiene una marcada intención de trasmitir un mensaje, una fuerte voluntad de explicar que todo aquello que el medio audiovisual – incluso el mismo cine – pretende vender e imponer como bello y estético, puede no serlo. Para nuevas generaciones de adolescentes, indudablemente el píblico al cual apunta la producción, deja una brecha entreabierta entre lo que es y lo que en realidad debería ser. En definitiva, una puerta abierta a aquello que siempre repitieron los padres a ultranza: “la verdadera belleza se encuentra en el interior”.

Para manifestar un mensaje tan importante como éste, el film se nutre de un extraordinario elenco y de manera destacada se plantea un efectivo contrapunto entre Black y uno de los comediantes más ácidos que ha dado la televisión norteamericana, Jason Alexander, quien ha sabido dejar protagonismo al representar, generalmente, papeles secundarios – incluso en Seinfeld (TV) – incluye su cuota de humor tan particular y logra, junto al protagonista, una serie de diálogos, que compuestos de manera estupenda, seguramente identifiquen a más de un racista adiposo y desprendan sendas carcajadas.

Excluyentemente, uno de los méritos de la producción, debido sin duda a la confianza que han depositado en su persona, es la actuación sobresaliente de la blonda y esbelta Gwyneth Paltrow – The Talented Mr. Ripley, Seven, Great Expectations, Shakespeare in love – quién en la ancha piel de Rosemary, deja de manifiesto que no es solo una cara bonita. Cada uno de los detalles que componen el personaje, gestos, muecas, modos y hasta la mirada, hacen posible ver esa personalidad reprimida y falta de afecto en una persona que para los ojos de Hal, nunca han faltado. Y francamente, Gwyneth, hace lujo de su belleza y demuestra que en el fondo, también es obesa, pero su exceso no es de materia adiposa, es de talento. Talento que seguramente nos sorprenderá en su próximo estreno: The Royal Tennembaums. La efectividad de los Farrelly parece manifestarse en lograr que dulces e intocables musas, dejen sus hábitos en pos de convertirse definitivamente en actrices. Lo hicieron con Cameron Diaz, volvieron a hacerlo con Gwyneth.

En resumidas cuentas, no será un clásico de todas las épocas y difícilmente alcance los decibeles de There’s something about Mary y esto es simplemente porque la novedad ya no juega como carta de presentación, de otro modo y en otro tiempo, bien podría prestarse a marcar una época. Su mérito es reconocer y no olvidar que más allá de una obra básicamente humorística, se esfuerza poderosamente por mostrar un mensaje encubierto entre tanta solfa, una señal distintiva, algo que la identifique y llegue a un receptor ávido de buenas intensiones.

Sebastián Montagna
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Estreno del 28 de febrero de 2002