Jóvenes y basura

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Para algunos escritores, pronosticar apocalípticos designios, es una buena forma de alertar y pugnar por la manutención del statu quo.Sobre “Jóvenes y basuras”; de Vicente Verdú, publicado en El País el 1º de febrero del 2002

Por Sebastián J.F. Russo

El atractivo por el Apocalipsis siempre ha influenciado a escritores. Y más aún, a aquellos que tienen una particular relación de afecto con el orden o, lo que es lo mismo, pavor por el caos. Para ellos, pronosticar apocalípticos designios, es una buena forma de alertar y pugnar por la manutención del statu quo. Leyendo el texto “Jóvenes y basuras“; de Vicente Verdú (1/02/2002), sentí encontrarme con uno de ellos, es decir, con uno de esos escritores del Apocalipsis.

En su escrito, Verdú, sostiene la tesis de que los jóvenes se alejan de lo social, a través de una fuga individual, situación que la conceptualiza como de “individualismo expresivo”; (concepto que dice, toma de otros autores). Así expresado, no parece más que una de las tantas (y típicas) formas de caracterizar al llamado posmodernismo. Pero es su tono -entiendo, apocalíptico- el que tiñe y enturbia su análisis.

Concibe a “los jóvenes”, paradojalmente, como un todo homogéneo. Un todo desencantado, escéptico, despolitizado y banal. Paradoja que se vislumbra, al ser “lo social”, lo que Verdú añora, y lo que sostienen ellos, “los jóvenes”, aborrecen. Un todo (“los jóvenes”) fugándose de otro todo (“lo social”) Es obvia la falencia de un análisis así planteado, digo, el de una realidad entendida desde totalidades, y no como un infinito continuum de relatividades. Pero más allá de este elemental comentario, encuentro un desbalance basal en lo escrito por Verdú (o sea, en su forma de pensar) Parecería que los jóvenes desean fugarse de lo social por motus propia. No se sugiere en ningún momento los causales de esta particular esbozo de filosofía posmoderna. Creo, no entiende Verdú, que `los jóvenes´ no desean fugarse de `lo social´, entendido como concepto intrínseco a la naturaleza humana (Aristóteles, Hegel y Arendt, algo han dicho al respecto), sino fugarse de esta particular estructura social.

Desentenderse de una sociedad, que engendra en su interior el enaltecimiento de `la nada´, por medio de técnicas homogeneizantes, neutralizantes de gustos, ideologías, proyectos, formas de ver el mundo. Claro, entender esto es ir contra el sistema mundial dominante (y triunfante) Ahora, no entenderlo es explicar las causas por las consecuencias. “El desorden es el orden menos el poder” transcribe Verdú, horrorizado, un grafitti joven aparecido en una exposición de arte (un tema aparte es la curiosa perspectiva que el autor tiene del arte, ligada exclusivamente al buen gusto no desestabilizador) Y es eso. Los `jovenes´ de hoy van contra el poder. El poder que estructura, limita, moldea la sociedad actual. Y la réplica no es desde lo `no-social´ sino desde todo lo contrario, desde el agrupamiento, desde la sectorización de intereses, desde la unión por motivaciones `alternativas´.

Pugnar por lo alternativo, no es renegar de lo social, es desdeñar el totalitarismo, lo globalizado, lo absoluto, en suma, lo que el poder mundial indica hoy, como `lo social´.

Publicado el 21-02-2002

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