Gosford Park

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Para algunos, que Robert Altman haya decidido situar su última película, Gosford Park, crimen de medianoche, en la Inglaterra de 1932 puede significar un
giro en su temática o en su manera de contar historias.más sabe por viejo

Para algunos, que Robert Altman haya decidido situar su última película, Gosford Park, crimen de medianoche, en la Inglaterra de 1932 puede significar un
giro en su temática o en su manera de contar historias. Digamos que nada puede ser raro para alguien que en 1980 se animó a filmar Popeye, pero dejando de lado está anécdota, se puede igualmente asegurar que nada cambió en el cine de Altman y eso a está altura ya es sumamente bueno.
Si bien la excusa es un crimen en la finca de Campo de Sir William Mc Cordle (Michael Gambon), lo que le da un aire de género detectivesco, de misterio, lo esencial son los diálogos punzantes y lúcidos que en este caso se ocupan de desnudar la diferencia de clases en la vieja Inglaterra (y por qué no metafóricamente en la actual). En otros casos Altman se ocupó de lanzar certeramente sus dardos contra la guerra (Mash de 1970), el mundo de la moda (Pret á Porter de 1994), Hollywood y su vampirizado paraíso del espectáculo (En Las reglas del juego de 1992) o las costumbres en los pueblos del Sur de los Estados Unidos (La fortuna de Cokkie, de 1999). En la lucidez entonces, Altman no negocia y con este objetivo puede ser que en Gosford Park, uno de los sirvientes pregunte a los demás en la mesa de servicio: “¿Cuántos de ustedes tuvieron un padre sirviente?” y que como respuesta casi todos levanten su mano y el que no, diga orgullosamente que su progenitor era obrero.

Altman siempre se caracterizó por contar con repartos numerosos y excelentes y este tampoco deja de ser el caso: Tanto Helen Mirren (Mrs Wilson, la Ama de llaves) como Maggie Smith (Constance, la Condesa de Tretham) tienen largamente merecidas sus nominaciones al Oscar como mejores actriz de reparto, pero tranquilamente se podrían haber sumado al galardón Kelly Mac donald (la criada de Constance), Emily Watson (como Elsie, la 1ra mucama) o cambiando de sexo, Alan Bates (Jennings, el mayordomo de los Mc Cordle).

El septuagenario director nunca dejó de brindar excelentes e intricados guiones y esta no será la excepción (lo que ya nos darán una pauta de que Altman volvió a salirse con la suya) y las tramas y subtramas se cuentan por docenas: Por empezar a Mc Cordle, el anfitrión solo lo quieren por su dinero y la que encabeza esta forma interesada de relación es su mujer Sylvia (Kristin Scott
Thomas); a la hija de los Mc Cordle, Isobel (Camilla Rutherford) la acosa, también con motivos pecuniarios un tal Freddie Nesbitt (James Wilby) y a este último, su despechada esposa Mabel (Claudie Blakley) lo abandona alucinada por la presencia entre los invitados de un actor de Hollywood llamado Ivor Novello (Jeremy Northam). La estrella de cine llega a su vez acompañado por Morris Weissman (Bob Balaban) un director norteamericano de cine, que quiere poner en su próxima película una escena de una cacería (y para eso habían venido todos). Y para seguir relacionando se podría decir el cineasta llega con su valet, Henry Denton (Ryan Phillipe) un joven más que extraño que revolucionará la, por fuera, apacible vida de los sirvientes. Si tenemos en cuenta que por cada invitado se cuenta un valet o un sirviente y por cada uno una habitación, y a eso se le suma (después del asesinato) la llegada de un Inspector un poco torpe con su ayudante, veremos que dentro de una gran finca inglesa pueden pasar en unas cuantas horas cientos de cosas. Si por el precio de una entrada de cine podemos ser privilegiados mirones en las habitaciones, la cocina y las piezas de servidumbre, la satisfacción estará más que garantizada.

Por Juan José Dimilta
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Estreno del 7-02-2002