Memento

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Es el hombre que sufre de un extraño tipo de amnesia. Su Leonard Shelby pierde la memoria de los sucesos más recientes. No recuerda nada, salvo dos hechos que lo marcan a fuego: su sed de venganza devenida en búsqueda implacable del asesino y violador de su esposa. Polaroid de una locura ordinaria.

La secuencia inicial del film está construida con la acción avanzando hacia atrás, en reverso, como metáfora del tratamiento temporal que es la base de la peculiar narración de esta película. Las imágenes de un asesinato se rebobinan en pantalla. Una fotografía pierde la imagen que había captado y es succionada por una Polaroid de la cual ha salido. Sangre y fragmentos de cráneo vuelven a reconstituirse en la cabeza de la víctima, de la cual también se aparta el caño de un arma que es sostenida por el protagonista. La escena ya ha conseguido su objetivo: mantener al espectador sumamente atento en el rompecabezas que se va a construir. O mejor dicho. Desarmar. Porque Memento se presenta formalmente como una especie de cubo Rubik en el que no solo se consigue contar de una manera poco ortodoxa una historia, sino también explorar nuevos universos narrativos jugando con la audiencia, a la que se manipula por desvíos tan estimulantes como molestos.
Un impagable Guy Pearce, es el hombre que sufre de un extraño tipo de amnesia. Su Leonard Shelby pierde la memoria de los sucesos más recientes. No recuerda nada, salvo dos hechos que lo marcan a fuego: su sed de venganza devenida en búsqueda implacable del asesino y violador de su esposa; y la historia de un sujeto que él investigó cuando era un exitoso detective de una empresa aseguradora, un pobre diablo que padecía el mismo mal que ahora a él le toca cargar. Su vía crucis, su constante volver a empezar, reside en sus ayuda memoria enarbolados en fotos instantáneas con anotaciones que se le van sumando al pie, más el extremo de tatuajes con los hechos y averiguaciones más importantes impresos para siempre en todo su cuerpo. Estrategias que nos condenan a sufrir junto a él debido a que como receptores de lo que sucede, hemos sido contagiados de los mismos padecimientos del protagonista. Y esa sensación de estar muy -muy- lejos de la verdad, inquieta.
El hasta ahora desconocido Chistopher Nolan (que nos obliga a buscar imperiosamente en video -y por medios que no son los habituales- su debut en Following, mientras los días de por medio transcurren hasta el estreno de Insomnio con Al Pacino, Robin Williams & Hilary Swank) logra una de las más fascinantes indagaciones sobre la pérdida de la propia conciencia a causa de la ausencia del recuerdo. Memento es una pesadilla de olvidos, habitada por personajes de perfiles y rasgos ambiguos que deambulan alrededor de un protagonista que va inexorablemente hacia su propia nada, condenado a transitar casi eternamente por un círculo irreal de sucesos. El director, basándose en un ensayo de su propio hermano, escribió un guión equivalente a un reloj suizo que obliga al público a algo a lo que no está acostumbrado por el cine actual, como es pensar, sin olvidar distraer ni interesar con la historia que se cuenta; algo que es verdad, ya se vió antes -como en Los Sospechosos de Siempre si vale la comparación- pero que sin embargo por estos días no abunda tanto en nuestra cartelera cinematográfica como en la de ellos.
Si tiene agenda, apunte no dejar pasar esta película. Si no, haga como el protagonista: escríbase en la mano. Porque cuando un conocido suyo la vea antes, Ud. va a ser tan fácil de aprovechar como el pobre Leonard. Y es que uno siempre tiene deudas que pagar en este aspecto. Si develó quién era Kayser Soze, que el Sr. Vidrio era Samuel L. Jackson o de que iban los pecados de la envidia y la ira; puede que con esta película tomen revancha. Pese a que el final sea de donde se partió. Eso sí, confíe en quien escribe estas líneas, y en definitiva en su memoria. Contradictoriamente, casi una broma con respecto al argumento que la convierte en piropo, Memento es un film que no va a olvidar fácilmente.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 7 de febrero de 2002