Jeepers Creepers

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Con el nombre del prestigioso Francis Ford Coppola como productor, y el de su.
compañía, la American Zoetrope, respaldándola, se estrena en nuestro país Jeepers Creepers-El Terror Existe.

El Terror Existe

Con el nombre del prestigioso Francis Ford Coppola como productor, y el de su.
compañía, la American Zoetrope, respaldándola, se estrena en nuestro país Jeepers Creepers-El Terror Existe. Cuando uno piensa en Coppola inmediatamente se lo asocia con El Padrino (1972) y Apocalipsis Now (1978), obras fundamentales de su carrera como imprescindibles en la historia del cine; en las que supo asumir códigos impuestos por el género a abordar (en el primero el de gangsters, en el segundo el bélico) respetándolos para finalmente ofrecer un producto netamente personal. Preguntarle al espectador avezado o al cinéfilo a ultranza cual fue el aporte del genial director al terror, es una pregunta ciertamente de examen. Porque mientras la mayoría del público podría discutir si su fastuoso Bram Stoker’s Dracula (1992) es la respuesta, los más avanzados habrán contestado Dementia 13 (1963), opera prima del italoamericano en la que se podían evidenciar momentos genuinamente gore, propios de influencias enraizadas en la serie B cuyo maestro fue Roger Corman, de quien Coppola supo ser asistente. Por eso, para el desprevenido, la asociación de este artista con una horror movie bien barata le puede parecer un disparate; cuando en verdad todo puede pasar por añoranza o por una apuesta en la que se juega poco y se puede llegar a ganar mucho.

A saber: cada fotograma de Jeepers Creepers del debutante Victor Salva denota en el director un amplio conocimiento del género, sobre todo de ese renacimiento que experimentó el terror durante la década del ’70, donde quedaba demostrado que ya no se necesitaban mansiones lúgubres, castillos en países lejanos, catacumbas, criptas o

pasadizos secretos chirriantes para asustar. El miedo está presente a la luz del día, a la vuelta de la esquina, tras la sonrisa más ingenua incluso. Lo que sea, donde sea, cuando sea; está a la orden del día para aterrorizar. Algo de eso les pasa a los hermanos que juegan los jóvenes actores Gina Phillips y Justin Long, que volviendo a casa en una ruta en el medio de ningún lugar, manejando un chevy digno de envidia por cualquier fanático del chivo, son forzados a salirse del camino por un viejo camión en una secuencia calcada de Reto a Muerte (1971) de Steven Spielberg, que quien escribe estas líneas quiere creer que es un homenaje antes que un vil plagio. Detenido varios metros delante suyo, de ese vehículo desciende su conductor que arroja en una cañería algo cuidadosamente embalado. El Darry de Long quiere investigar pese a los ruegos de su hermana y los dictamines del sentido común… y lo que el pibe encuentra es algo que no se puede anticipar como tampoco describir en palabras. Pese a un comienzo tan prometedor, pronto el film pierde el rumbo como el vehículo en la secuencia anteriormente mencionada. La película de Salva -quien demuestra mayor creatividad en las imágenes antes que en las palabras de un guión francamente mediocre- transita por todos los lugares comunes del género, desde el juego del gato y el ratón, pasando por los ilusos lugareños que desatienden el pedido de ayuda de los adolescentes hasta que es demasiado tarde, para llegar al desenlace tan truculento como anunciado.

En el transcurso del relato, quedaran golpes de efectos que sabrán hacerlo aferrarse a la butaca. Pero nada más. Todo dentro de las excesivas mutilaciones que parecieran estar rociadas con ketchup; casi lindando la parodia, siendo esta última lo peor que le puede pasar al género. Porque en materia de horror, la evidencia es pecado mortal. Lo que tememos puede dar pánico, pero después de su primera aparición ya no sobresalta a nadie. Y lo que en Jeepers Creepers se ve, es un Freddy Krueger salido de Scooby Doo que difícilmente le quite el sueño a quien haya experimentado Halloween (John Carpenter, 1978), Martes 13 (Sean S. Cunningham, 1980) o Pesadilla en lo profundo de la noche (Wes Craven, 1984) de quienes han fagocitado el modelo. Hecho que no es casual. Lo que nos lleva nuevamente a Coppola.

Quién habrá vislumbrado el negocio de las secuelas en un producto bien económico que sabrá ganar sus adeptos en la generación que iconiza a Buffy La Caza Vampiros; en un justo enroque que le permite a Ud. sufrido espectador y amante del séptimo arte tener la posibilidad de esperar por lo que esté tramando el gran Francis, similar a más autos como los de Tucker, estrellas fugaces suaves y únicas como las de Jack, clímax como los de La Conversación o The Rainmaker y cruces de océanos de tiempo para llegar hasta la persona amada.
Solo esa conjetura y el hallazgo de una actriz -Eillen Breenan, que se luce como una bizarra amante- justifican esta película prescindible.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 10 de enero de 2002