El Señor de los Anillos II

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Tanto Apuntes del Natural (1989) -el segmento que abre Historias de New York donde en poco menos de una hora Martin Scorsese nos ofrece uno de los mejores films que ha hecho en su vida, y de paso nos revela, como pocos lo han logrado, al artista en acción- como Sátántangó (1993) -la obra maestra del cineasta húngaro Béla Tarr en la que un monumental sarcasmo deriva en una pieza de narración hipnótica de 435 minutos de lluvia casi ininterrumpida.
lo más honesto que se le ha dado al espectador pochoclero en años

Tanto Apuntes del Natural (1989) -el segmento que abre Historias de New York donde en poco menos de una hora Martin Scorsese nos ofrece uno de los mejores films que ha hecho en su vida, y de paso nos revela, como pocos lo han logrado, al artista en acción- como Sátántangó (1993) -la obra maestra del cineasta húngaro Béla Tarr en la que un monumental sarcasmo deriva en una pieza de narración hipnótica de 435 minutos de lluvia casi ininterrumpida- constituyen demostraciones absolutas de que el cine esta más allá de un formato y una duración convencional impuestos por las exigencias de la industria. Estas referencias han sido necesarias de citar para encarar lo que quien escribe estas líneas considera una terrible injusticia al asincerarse frente al monitor y escribir la crítica de Las Dos Torres, una secuela que no es tal; porque -en la opinión de quien abajo firma- El Señor de los Anillos es un solo film, no tres. Una sola película de nueve horas de duración, seriada en una trilogía elevada a la categoría de sagrada en la literatura tanto por entendidos como por fanáticos, cuya transposición a la pantalla grande ha generado un culto propio de Star Wars, con todo lo bueno y malo que esto nos depara. La promesa de gran espectáculo es tácita; sólo que su disfrute, cada vez más, se hace exclusivo para quienes estén al tanto de lo sucedido, ya sea a través del libro o del cine (o el video, en su defecto y pecado). Filmadas de un solo tirón y separadas en la sala de edición y en sus respectivos lanzamientos, la adaptación de la obra de J.R. R. Tolkien realizada por el laureado director neocelandés Peter Jackson cede ante las presiones de los ejecutivos y el mercado imperante en su intención de haber distanciado las tres proyecciones en un año. En eso y en nada más. Porque la revisión que ha hecho el realizador de Criaturas Celestiales (1995) al universo de Tierra Media bien vale afirmar que en lo referente al Séptimo Arte ha sido personalísima, corriendo un riesgo que ha generado un deleite exquisito.

Las Dos Torres es entonces, si se la toma como una película por separado, independiente, una historia que no posee ni principio ni fin propiamente dichos, sirviendo de transición entre los sucesos pretéritos de La Comunidad del Anillo y lo que vendrá en la conclusión de todo lo planteado en la venidera El Retorno del Rey. Los protagonistas ya son conocidos por los seguidores de la saga y así se los ve sin repasar quien es quien y en que andan cada uno diversificando las aventuras en tres frentes a encarar; previo flashback disimulado en pesadilla con el pasaje más alucinante del combate en las Minas de Moria donde el magnífico Gandalf, el Gris cae en el hoyo de Khazad-dum combatiendo interminablemente contra el Balrog. Así es como nos encontramos con Frodo y Sam en las colinas de Emyn Muil buscando aún llegar a las Puertas Negras de Mordor para destruir al Anillo único; Aragorn, el elfo Legolas y el enano Gimli arribando y protegiendo al Reino de Rohan; mientras que los hobbits Merry y Pippin escapan al bosque Fangorn donde conocerán a Bárbol y los Ents. Nuevas criaturas irrumpirán en la pantalla grande generando el asombro de las masas como por ejemplo los wargs -bestias mezclas de oso, lobo y hiena que montan los orcos-, los olifantes -animales fantásticos parecidos a los elefantes- y el monumental caballo de Gandalf, el Blanco, Sombra Gris; como así también la presencia de otros personajes será muy bienvenida, como el misterioso Gollum (uno de los verdaderos protagonistas de este film), la dieldra personificación de Brad Dourif como Lengua de Serpiente, el aplomo del resentido Faramir (David Wenham, visto recientemente en The Bank) y la blonda Eowyn (Miranda Otto) que se convierte en arista de la relación entre Aragorn y Arwen. Es evidente el crecimiento del personaje de Aragorn y la complejidad del mismo por carecer de elementos mágicos y poseer todos los atributos propios de un ser humano. Duda incluída. Pero su sentido de amistad, valentía y principios universalmente establecen el rapport que todo héroe desde la pantalla debe de irradiar a la audiencia.

Esta entrega de El Señor de los Anillos tampoco defrauda en los anticipados como esperados combates, destacándose la colosal batalla en el Abismo de Helm en la cual miles de soldados Uruk-hai toman por asalto la fortaleza de Rohan, obligando a los héroes a protegerla cueste lo que cueste. En esta oportunidad el enano de John-Rhys Davies toma la posta como el cómico central del grupo relevando a los hobbits inmersos en su propia arremetida contra el hogar de Saruman. Gimli, posee unos diálogos hilarantes y escenas visualmente tan jocosas que hablan de una armonía entre actuación, guión y dirección. Sin embargo el relato se resiente y lejos esta de poseer el timming de La Comunidad… con la que desde un vamos siempre iba a ser comparada y con la que evidentemente iba a perder por ya no contar como en aquella con el factor sorpresa y la ingenuidad y la ansiedad que se habían generado para este acontecimiento, no llegando a trasmitir el entusiasmo desbordado de aquella pese a mantener la misma calidad. Jackson, hábilmente supo redistribuir la introducción y el final literario de Las Dos Torres en los capítulos -siempre hablando a lo que se refiere en celuloide- a los que destinó la mayor acción al punto de brindar un plus a la superlativa introducción con la muerte de Boromir y reservarse recién para el comienzo del tercer film la conclusión de las principales tramas desarrolladas originalmente en el segundo volumen de la saga. Y pese a ser tan abrupta, sin embargo la aventura todavía sigue ahí generando expectativas a saciar en 365 días cuando se conozca el último eslabón y se pueda ver la obra completa y de una vez como debe ser. Porque El Señor de los Anillos será un producto del mainstream, pero no es el típico tanque vacío que dura solo el trimestre de su lanzamiento. Llamado a perdurar, el film de Jackson -con sus aciertos (los del director) y sus equivocaciones (las del estudio)- es lo más honesto que se le ha dado al espectador pochoclero en años.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 1ro. de Enero de 2003

Notas relacionadas:
El señor de los Anillos: la comunidad del anillo
El señor de los Anillos: El Retorno del Rey