Memoria y Olvido

0
51

El concepto “memoria” parece convocar, ineludiblemente, al olvido. Y sobre el olvido es que propone Elena Bisso este trabajo, auxiliándose en algunas palabras de otros.
De la memoria y el olvido

Por Elena Bisso

? ¿Por qué el olvido?

La memoria de una mujer puede parecerse, para Leopoldo Marechal, a un dichoso año muerto que resucita. De la muerte y resurrección parece tratar el olvido, también, cuando San Agustín alude a lo absorbido y sepultado por el olvido en Confesiones, X, 8, 12.

La memoria puede ser un misterio para el mismo Freud, que trabajaba insistentemente en torno a los enigmas y, en su práctica, el recordar era clave para el trabajo analítico.

El concepto “memoria” parece convocar, ineludiblemente, al olvido. Y sobre el olvido es que propongo este trabajo, auxiliándome con algunas palabras de otros:

“Si alguien se inclinara a sobrestimar el estado de nuestro actual conocimiento sobre la vida anímica, bastaría, para volverlo a la modestia, recordarle la función de la memoria. Ninguna teoría psicológica ha podido dar hasta ahora razón coherente sobre el fenómeno fundamental del recordar y olvidar; más aún: ni siquiera se ha abordado la disección completa de los hechos que se pueden observar. Acaso hoy, cuando el estudio del sueño y de sucesos patológicos nos ha enseñado que también puede reaflorar de pronto en la conciencia lo que estimábamos olvidado desde hacía mucho tiempo, el olvidar se nos haya vuelto más enigmático que el recordar.” (1)

Psicopatología…” es una obra que ya tiene cien años, donde Freud alude a San Agustín en “Olvido de palabras extranjeras”, tangencialmente y sin valor filosófico.
En esta introducción a un capítulo de Psicopatología de la Vida cotidiana, y desde otro campo teórico, se plantea un punto posible a trabajar en la concepción de memoria y olvido de Agustín, un punto con valor de enigma.

La propuesta es analizar las metáforas e imágenes que usa Agustín y qué puede leerse del olvido en Confesiones, X, VIII – XVIII y cómo pensar al olvido como signo de significación paradojal.

1) Se “tiene” lo olvidado, se tiene la ausencia de lo percibido. Es una posesión de carácter excepcional.

X,8,14: “Todo esto lo hago yo interiormente en el aula inmensa de mi memoria. Allí se me ofrecen al punto el cielo y la tierra y el mar con todas las cosas que he percibido sensiblemente en ellos, a excepción de las que tengo ya olvidadas…”

Con las puntualizaciones que puedan hacerse en cuanto a la traducción, el “tengo” ya olvidadas, plantea al menos una primera paradoja. Tener lo ausente o tenerlo en una celda muy remota, de acceso imposible.

2) En la memoria se retiran y sepultan las representaciones, con la expectativa de recobrarlas.

X,10,17: “Porque cuando las aprendí, ni fue dando crédito a otros; sino que las reconocí en mi alma y las aprobé como verdaderas y se las encomendé a ésta, como en depósito, para sacarlas cuando quisiera. Allí estaban, pues, y aun antes de que yo las aprendiese; pero no en la memoria. ¿En dónde pues, o por qué, al ser nombradas, las reconocí y dije: “Así es, es verdad”, sino porque ya estaban en mi memoria, aunque tan retiradas y sepultadas como si estuvieran en cuevas muy ocultas, y tanto que, si alguno no las suscitara para que saliesen, tal vez no las hubiera podido pensar?”

Podría pensarse que la memoria opera con distintos grados de profundidad o lugares más o menos próximos desde los cuales puede accederse a lo recordable. Sin embargo, habrá en el olvido la sospecha que hubo qué recordar y en ese punto, el olvido podría ser un grado inaccesible de la memoria, una celda a la que no se podría acceder.

? ¿Quién comprenderá…?

Everness

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
Y cifra en Su profética memoria
Las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está. Los miles de reflejos
Que entre los dos crepúsculos del día
Tu rostro fue dejando en los espejos
Y los que irá dejando todavía.
Y todo es una parte del diverso
Cristal de esa memoria, el universo;
No tienen fin sus arduos corredores
Y las puertas se cierran a su paso;
Sólo del otro lado del ocaso
Verás los Arquetipos y los Esplendores. (2)

3) El olvido como signo cuyo concepto es privación, ausencia de memoria.

X,16, 24: “¿Y qué cuando nombro el olvido y al mismo tiempo conozco lo que nombro? ¿De dónde podría conocerlo yo si no lo recordase? No hablo del sonido de esta palabra, sino de la cosa que significa, la cual, si la hubiese olvidado, no podría saber el valor del tal sonido. Cuando pues me acuerdo de la memoria, la misma memoria es la que se me presenta y a sí por sí misma; más cuando recuerdo el olvido, presentásenme la memoria y el olvido: la memoria con que me acuerdo y el olvido de que me acuerdo.
Pero ¿qué es el olvido sino privación de la memoria? Pues ¿cómo está presente en la memoria para acordarme de él, siendo así que estando presente no puedo recordarle? Más si es cierto que lo que recordamos lo retenemos en la memoria, y que, si no recordásemos el olvido, de ningún modo podríamos, al oír su nombre, saber lo que por él se significa, síguese que la memoria retiene el olvido. Luego está presente para que no olvidemos la cosa que olvidamos cuando se presenta. ¿Deduciremos de esto que cuando lo recordamos no está presente en la memoria por sí mismo, sino por su imagen, puesto que, si estuviese presente por sí mismo, el olvido no haría que nos acordásemos, sino que nos olvidásemos? Mas al fin, ¿quién podrá indagar esto? ¿Quién comprenderá su modo de ser?”

Haciendo uso de un gráfico (1) sobre el desarrollo conceptual de Agustín en Del Maestro, párrafo 25:

Memoria
1.nomen 2. res (cosa)
“olvido” – “Nihil” –

3. conocimiento del nomen 4. conocimiento de la cosa
“privación de memoria” –
“lo que no existe” –

Agustín afirma que la memoria contiene al olvido. Puede pensarse que lo contiene en tanto “nomen”, del mismo modo que podría pensarse en un mismo grado de dificultad “nihil”. Ambas palabras no remiten más que a una ausencia de cosa y por lo tanto a una ausencia de conocimiento de cosa.

En el gráfico 2 que representa la lógica de la concepción agustiniana, el olvido antecede a aquél conocimiento que no refiere a ninguna cosa exterior. Y entraría por lógica en el campo del homo interior, por lo tanto la ausencia de memoria, o la privación de memoria, no es del campo de percepción o del campo del mundo perceptible a través de los sentidos.
Idea umbral, o previa a la idea de Dios, lo que podría darle un estatuto particular en relación a los conceptos anteriores, con su indicación de inefable e incomprensible, pero por sobre todo por el lugar que ocuparía como previa a la idea de Dios.
Nombrable sólo por un signo que significa ausencia. No habría en el mundo exterior cosa representable.

Considerando el gráfico 3 y tomando como ordenadora la referencia a los sensible, podría pensarse al olvido como proveniente o de dominio de Dios y del campo de lo divino. ¿Y cuál podría ser la utilidad del olvido a los fines de Dios? Si Dios es la vida bienaventurada, en el umbral de su concepto tal vez sea menester olvidar como requisito para la felicidad última. Pero no será un olvido cualquiera sino el olvido de aquello que vuelve absurda toda búsqueda o intento infructuoso de su recuerdo. ¿El olvido como requisito para el ingreso a la vida bienaventurada?

? Fantasma de la memoria.

Poema 71. Decimotercera poesía vertical (1993) (3)

Necesitamos recordar algo,
¿Pero qué?
¿Y cómo podríamos recordar
aquello que ni siquiera recordamos
que debemos recordar?

Fantasma de la memoria,
Fuente rota del tiempo.
¿Podremos acaso recordar a la muerte?

¿O recordar quizá otra cosa
que tampoco es la vida?

4) El olvido como principio activo: borra y sepulta y se presentifica en la memoria como un puro valor operatorio.

X,16,25 “… Pues ¿qué diré, cuando de cierto estoy que yo recuerdo el olvido? ¿Diré acaso que no está en mi memoria lo que recuerdo? ¿O tal vez habré de decir que el olvido está en mi memoria para que no me olvide? Ambas cosas son absurdísimas. ¿Qué decir de lo tercero? Más ¿con qué fundamento podré decir que mi memoria retiene las imágenes del olvido, no el mismo olvido con que lo recuerda?… Ahora bien, si el olvido está en la memoria en imagen no por sí mismo, es evidente que tuvo que estar éste presente para que fuese abstraída su imagen. Mas cuando estaba presente, ¿cómo esculpía en la memoria su imagen, siendo así que el olvido borra con su presencia lo ya delineado? Y sin embargo, de cualquier modo que ello sea – aunque este modo sea incomprensible e inefable-, yo estoy cierto que recuerdo el olvido mismo con que se sepulta lo que recordamos.”

Para Agustín aparece la sospecha que el conocimiento de la cosa y la cosa tuvieron que estar presentes el algún momento. El olvido (¿cómo “nòmen”?)
oficiaría de huella de una presencia perdida y sólo aparece en su valor de huella o marca y en su operatividad de hacer recordar que hubo algo, indicador de una pérdida. El olvido como palabra-sustantivo-concepto de aquello que estuvo, se conoció pero que se ha perdido. Al modo de “nihil”, califica de absurdas ambas ideas. Tanto el olvido como la nada son dos ideas que no obedecen a la lógica del sistema agustiniano o del razonamiento, denuncian un punto de absurdo, de inefabilidad. Sin embargo, ambas son consideradas en Del Maestro y en Confesiones, con la decisión de Agustín de dejar de lado a la nada y de no poder comprender el olvido.
En este párrafo se superponen distintos problemas en relación al olvido:

? Paradoja: recordar el olvido
? La pregunta por una topología de la memoria. Esto puede rastrearse o comprobarse en las metáforas de aula, celda, etc… Cierta intuición de espacio o lugar donde se acumulen las representaciones.

? La finalidad o utilidad del olvido. ¿Para qué el olvido? ¿Para qué recordar que se olvida?
? La memoria retiene imágenes y no al olvido en sí. (por lo tanto, en este párrafo, la memoria no contendría al olvido, sino a sus imágenes)

? El olvido borra con su presencia lo delineado.
? El olvido se recuerda (la memoria contendría al olvido)

Tanto “nihil” como olvido son signos que ofrecen dificultades en su conceptualización, cercanas al absurdo o a lo inexplicable. La vecindad del olvido con la idea de Dios puede resultar curiosa así como las paradojas a las que enfrentan estas dos palabras a un sistema de pensamiento. La diferencia entre nihil y olvido, es que el olvido, de acuerdo con las imágenes utilizadas por Agustín, sería una función activa en el complejo campo de la memoria.

Notas

1- Psicopatología de la vida cotidiana. 1901. Sigmund Freud. Amorrortu Editores.
2- El Otro, el mismo. Jorge Luis Borges. Obras Completas. Emecé 1974. pág 927
3- Poesía Vertical 1983/1993 Roberto Juarroz. Emecé. 1993


Referencias Inágenes

Grafico 1
Gráfico 2
Gráfico 3

Publicado el 27-12-2001

Compartir
Artículo anteriorLa Maman et la Putain
Artículo siguientecine 2001