La piedra filosofal

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¿Quién no ha escuchado a esta altura del partido sobre Harry Potter? ¿Quién no ha leído al menos una de las cientos de notas publicadas hasta el momento sobre el joven estudiante de hechiceria de Hogwarts? La historia de Harry Potter sigue en camino de convertirse en uno de los mayores fenómenos de masas literario de los últimos años. El aprendiz de brujo

por Fernando J. Veríssimo

Harry Potter y la Piedra Filosofal
J. K. Rowling
Emecé, Buenos Aires, 1999
216 páginas
Traducción de Alicia Dellepiane Rawson

Comprá este Libro y la película en Leedor.com

Iniciese en pocas líneas y evítese las molestias de ser visitado por inquietantes lechuzas mensajeras.
J. K. Rowling fue salvada de la miseria por Harry Potter. Cuenta la historia que la pobre Joanne, separada, y su pequeña hijita estaban viviendo de una pensión otorgada por el estado británico cuando le fue revelada y posteriormente editada la historia del pequeño aprendiz de brujo. Pero se ha escrito demasiado sobre el tema. Basta decir que hoy J.K. es una de las mujeres más ricas de la corona. Años más, años menos el lector podrá leer la asombrosa historia de Dame Joanne K. Rowling. Se sabe del amor y el reconocimiento de la Corona por quienes hacen aumentar el también tangible volumen del Commonwealth.
Harry Potter tal vez se convierta en un clásico. A esta altura de las cosas nadie va a arriesgar su buen nombre en una afirmación semejante, teniendo en cuenta la evanescencia de los éxitos de vidriera. Pero lo cierto es que el lector no deja de encontrar entre las páginas de Harry Potter y la Piedra Filosofal todos los componentes necesarios para arriesgar la aventurada hipótesis. Un niño que vive entre simples mortales (muggles de aquí en más) desconociendo su naturaleza mágica hasta que un día recibe misteriosas cartas que lo invitan a comenzar su viaje de iniciación. Tíos muggles, por ahora indeseables, que ocultan la siniestra verdad de la muerte de los padres del chico. La ausencia oscura del malvado Voldemort -¡ah! olvidé que su nombre no debe ser pronunciado-, quién todavía desaparecido y vencido por un pequeño y poderoso Harry, se manifiesta en el temor latente entre las palabras y los silencios. El reconocimiento de la identidad, la valentía, la destreza en el juego del quidditch (deporte de magos que se practica montando veloces escobas, por supuesto), el valor de la amistad. Todo está ahí, tan mágico, preciso y natural como esta historia.
Harry Potter no es ese clásico. No confundirse. Harry Potter está lejos -lejos por ahora- de ser El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, de ser Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll como pregonan los más exacerbados o quienes repiten, imprudentemente y sin pensar, las mercadotécnicas palabras de la solapa del libro. Y esto no le quita mérito alguno: puede nacerse clásico pero se necesita tiempo para ser reconocido como tal. Pregúnteselo a Van Gogh si no.
Harry Potter será una película. Algunos de los arriesgados espíritus anteriormente aludidos no dudaron en afirmar que se sentían en presencia de un auténtico clásico. Esto puede ser así, todo depende de la sensibilidad del lector. Lo que sí se hace evidente es que la historia de Harry es impresionantemente cinemafotografiable (si se permite el abuso). Es difícil no imaginarse la escena del espectacular partido de quidditch pletórica de magía -de la digitalización, se entiende-. Veloces escobas y bolas de colores surcando el cielo, Fantasmas de castillo, retratos que hablan, gigantes y gnomos, perros cancerberos de tres cabezas.
Como es de esperarse ya todo se encuentra en etapa de producción. Chris Columbus (Mi pobre angelito 1 y 2, El hombre bicentenario) en la dirección, Steven Kloves (Los fabulosos Baker Boys) en la adaptación del guión y David Heyman en la producción (nada de Spielberg como siguen insistiendo encaprichados cronistas vernáculos). La magia a veces se da. Aún más cuando logra pingües ganancias.
Harry Potter es un libro para chicos. Casi podría caerse en la boutade de afirmar que no hay libros para niños o para grandes, sino buenos o malos libros. No se hará en estas líneas, pero quienes escriben delectados las críticas de diarios y revistas no tienen 11 años como Harry y nadie puede creer que todo responda a una inmensa campaña de marketing a nivel global y total. Los interéses de las enormes editoriales han llegado incluso a proponer, cuando los libros de Potter se encontraban en una verdadera apoteosis de venta, que no se incluyeran los títulos en la lista de best-sellers de no ficción (adulta). Buen síntoma: ladran Harry, señal que cabalgamos (en escobas).
No debe temer el potencial lector ser sorprendido leyendo este libro con cubierta para chicos, como algunos sostienen infundadamente. Más bien, sea visto en trenes, subtes y oficinas públicas. Ya todos deberían saber cuanto ama la gente al niño que se lleva dentro.

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