León Ferrari: Infiernos e Idolatrías

1
35

La muestra Infiernos e Idolatrías que León Ferrari presentó en el ICI en el año 2000 generó mensajes solicitando su clausura, de manifestaciones de grupos religiosos, incluso una granada de gases lacrimógenos y basura lanzadas en el interior de la galería. Escribe Socorro Villa.León Ferrari, Infiernos e Idolatrías

Socorro Villa

El 24 de diciembre de 1997 el grupo CIHABAPAI (Club de impíos herejes apóstatas blasfemos ateos paganos agnósticos e infieles, en formación) elevó una carta al Papa Juan Pablo II en la que le solicitaban volver al Pentateuco y tramitar la anulación del Juicio Final y de la inmortalidad. Según ellos, la existencia del Paraiso no justifica la del Infierno: la bondad de los pocos salvados no les permitirá ser felices sabiendo eternamente que novias o hermanas o madres o amigos y también desconocidos y enemigos (prójimos que Jesús nos ordena amar y perdonar) sufren en tierras de Satanás.

Del 9 de mayo al 2 de junio León Ferrari intentó mostrar en el ICI sus trabajos. En ellos reinterpretaba los infiernos que los grandes maestros como Giotto, Luca Signorelli, el Bosco, Dante Alighieri, Doré, Boticelli, Fra Angélico destinaban a los infieles e incrédulos, destinándolos en este caso, a las imágenes de los “Idolos” (como el artista califica a las imágenes sagradas del cristianismo). De esta suerte, la imagen del Cristo crucificado aparece acostado sobre una plancha de carne o en una tostadora de pan; en diferentes recipientes de laboratorio, las cruces de madera se condensan en fósforos y en una serie de tableros de ajedrez santos y demonios, vírgenes y penes erectos contienden en lados opuestos de la vieja lucha sin final. Ferrari plantea la confrontación entre sus infiernos y aquellos de los maestros, con el sustento ideológico de aquella carta que los miembros del grupo CIHABAPAI enviaron al Papa, pidiendo la abolición del castigo eterno y de una selección de textos bíblicos en los que Yahvé y Jesús se expiden acerca del castigo, el infierno, y cosas por el estilo.

La muestra parecía ser un cuestionamiento de la tortura y el castigo eterno: el artista había puesto las imágenes religiosas en la situación de sufrir las torturas a las que las escrituras dicen que serán condenados quienes queden a la izquierda de Dios el día del Juicio Final. Hace falta una gran fe para poder cuestionar los dogmas. En primer lugar hay que creer en la existencia de un Dios que juzga, premia y castiga, cualquiera que sea su nombre. Luego, hay que creer que ese Dios es permeable a una súplica, que puede cambiar de idea, como cuando Abraham regateó con él para poder salvar tan solo a diez justos que pudieran vivir en Sodoma y Gomorra, salvando así la vida de Lot y su familia (Gen. 18, 20-33). Solo alguien que creyera que ese Dios existe, puede intentar hacerlo cambiar de opinión, puede gritarle en su propia cara: -Ves, así como vos estás ahí, rostizándote en la parrilla, ahí es donde querés ponernos a nosotros, por toda la eternidad ¿te parece justo?

En el siglo XIX, cuando Nietszche planteó “la muerte de Dios”, redefinió su lugar entre los hombres. Dios había dejado de ser el mágico creador del mundo y artífice del destino para convertirse en la última respuesta al filosófico ¿por qué?, cuando la ciencia se queda sin respuestas. Se convirtió también en el mejor remedio para acallar el miedo a la muerte.

La certeza de la existencia de Dios y por lo tanto de algún tipo de vida después de la muerte, calma el pánico a la finitud, al irreversible final de todo el dia de la muerte. Sin embargo, algunos -como Ferrari, como los miembros de CIHABAPAI- no se sienten tan seguros con la perspectiva de una existencia eterna, tal y como las alternativas están planteadas, al menos desde la doctrina cristiana que es aquella a la que estos artistas adscriben.

En mercadotecnia se dice que el mejor cliente es aquel que se queja, porque es el que está interesado en mantener el vínculo. ¿Podría aplicarse esta máxima a la religión? Si fuera así, resultaría ser que Ferrari es un tipo mucho más religioso que las miríadas de “fieles” que asienten sin preguntar. Al fin y al cabo, la historia de los santos de la Iglesia está llena de hombres y mujeres que discutieron y pelearon con Dios a brazo partido, atravesaron con él un gran conflicto y al final llegaron a un acuerdo. Si el intelecto es tan propio del hombre como su alma, si la duda metódica es la herramienta de ese intelecto, sería impropio de él el aceptar cualquier cosa sin cuestionarla. Y cuando digo cuestionar no me refiero a la postura del “contrera” que se opone a todo. Me refiero a esa honda y honesta preocupación por entender. ¿Y qué es entender? Tal vez esa sea la pregunta en este caso. Ferrari cuestiona a Dios para entenderlo… y ciertas personas cuestionan a Ferrari… ¿para entenderlo?.

Y así, de un razonamiento a otro, llegué a la parte que realmente me molesta. Cuestionar, ya dijimos que es propio del hombre; disentir también -al fin de cuentas, cada uno tiene derecho a sostener su opinión; oponerse también es humano y socialmente aceptado, especialmente cuando esa oposición se hace contra injusticias y cosas así. Ahora bien, de allí a hacer manifestaciones en contra de la expresión de un artista, forzando a las autoridades de la sala de exposiciones a levantar la muestra, hay un largo camino. O tal vez no tan largo. La línea que separa el bien y el mal, la virtud y el vicio, lo justo y el exceso, es tan delgada como un cabello -o quizás menos, eso es lo que dicen ¿no? Como dije antes, cuestionar está bien, censurar definitivamente no. La censura me da comezón, me recuerda los años de mi infancia y me hace pensar en tantos y tantos momentos a lo largo de la historia de la humanidad que bajaron derecho al totalitarismo por el tobogán de la censura. Lo peor de la censura es que resulta altamente contagiosa y su virulencia se extiende a todas las especies. Empieza por una muestra de plástica, sigue con una obra de teatro, con una canción, con…, con…, con…, y solo Dios sabe con qué termina -quemando libros, por ejemplo? Y eso me aterra. La intolerancia me da pánico. Conduce derecho a la irracionalidad que es lo más inhumano que conozco. Me gustaría vivir en una sociedad en la que los individuos que piensan distinto pudieran convivir, coexistir sin necesidad de dominarse unos a otros, sin querer imponer sus ideas sobre las otras y todo eso. Pero eso suena más a utopía de los ’60s que al “vale todo” de principios del milenio, podrá objetar usted. Sí, puede ser; de todos modos, los extremos siguen siendo peligrosos y encuentro más interesante y rica una nutrida gama de grises que la árida dicotomía blanco-negro.

Recuerdo el tema principal de una famosa comedia musical decía “un hombre solo es sólo el comienzo, para que algo empiece a cambiar…”, lamentablemente en aquella época no hubo mucha gente que lo entendiera. De cualquier manera, desde estas páginas me propongo hacer mi parte: MANIFIESTO MI TOTAL SOLIDARIDAD PARA CON EL ARTISTA LEON FERRARI, LA CURADORA DE LA MUESTRA, LAURA BUCELLATO Y EL DIRECTOR DEL ICI, TONO MARTINEZ. Una regla de la genética es que en la variedad está la excelencia. Si lo extrapolamos a la cultura, la pluralidad de voces debería ser lo más saludable.

Ahora le cedo a usted la posta. Si desea manifestar su solidaridad con el artista, puede enviar un email a info@icibaires.org.ar

Publicado en Leedor el 10-6-2000