25 Watts

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25 Watts y viene por lo menos a demostrar que del otro lado del charco se puede hacer un cine que roce la excelencia Independiente e iluminada intrascendencia

Por Por Juan José Dimilta

Hasta hace unos años atrás imaginar un “cine uruguayo” era como hablar de un “fútbol jamaiquino”. Sin embargo, los muchachos de la tierra del gran Bob Marley se están haciendo conocer con la redonda en los pies, más que nada en base a simpatía, y los compatriotas de Eduardo Galeano, si bien ya habían podido estrenar fuera de la frontera con buenas críticas Patrón (coproducción con Argentina de 1995) y El viñedo en el 2000, llegan con un as bajo la manga, lo cual no significa una clasificación para un mundial pero casi. El as se llama 25 Watts y viene por lo menos a demostrar que del otro lado del charco se puede hacer un cine que roce la excelencia y deja en claro que Maldita cocaína-Cacería en Punta del Este (otra coproducción) no era por suerte todo lo que tenían para representarlos.

La ópera prima de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll se ocupa de veinticuatro horas en la vida de tres jóvenes, de esos que se pueden encontrar de a cientos en las esquinas argentinas con la cerveza como religión y los muros o los cordones de las veredas como lugar de encuentro, pero trasladados a la calma montevideana y con un pálido blanco y negro como para hacerla más aletargada e intensamente bucólica. 25 watts llega para inscribirse en la corriente independiente de Jarmusch y Perrone, pero además viene a sumarse a ese pulso perfecto de Caetano y Bruno Stagnaro que con su Pizza, birra, faso demostraron que era posible retratar personajes con una sensación perfecta de autenticidad, filmando una realidad que no se entera que es parte de una película y nunca llega a impostarse.

Aquí no hay un Cordobés, pero El leche (Daniel Hendler, el Walter de Telefónica y protagonista de Esperando al Mesías), Javi (Jorge Temponi) y Seba (Alfonso Tort) hacen correr la acción. El mérito es compartido con una galería bastante numerosa de especimenes barriales: Gerardito, el tonto del barrio querido y protegido por todos; el patrón de Javi, Don Héctor con su pequeño negocio a cuestas y su hosco hijo como karma; la abuela de El leche, que vive sus últimos años en un estado de siesta completo; Blandengue un repartidor de pizzas con delirios de persecución; más un rastafari místico, el dueño de un videoclub y varios chicos pesados. Con ellos transcurrirá una trama que en verdad no existe por que no conduce a ningún lado, ya que hacia “ningún lado” van los protagonistas, como en una siesta pueblerina o una madrugada de verano, sin que pasen grandes cosas, sin que nadie sufra cambios fundamentales, pero con una bellísima naturalidad digna de aplaudir. Después de todo, según los propios protagonistas el único uruguayo en el libro Guiness de los Record, figura por ser el que más tiempo aguantó aplaudiendo. Alguien podrá preguntarse: ¿Y que aplaudía? y recibirá por respuesta un: “No sé, el tipo aplaudía”. De eso se trata.

Publicada en leedor el 10-11-2001