Hija de la luz

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Desde que a Herodes se le ocurrió asesinar a inocentes criaturas hasta el día de hoy, la historia de un niño especial que es disputado por las fuerzas del bien y del mal para aprovecharse de sus capacidades especiales o evitar que las use, ha sido contada miles de veces.
El día que apagaron la luz

Desde que a Herodes se le ocurrió asesinar a inocentes criaturas hasta el día de hoy, la historia de un niño especial que es disputado por las fuerzas del bien y del mal para aprovecharse de sus capacidades especiales o evitar que las use, ha sido contada miles de veces. Los niños en peligro son ya casi un género del cine en sí mismo. Tanto es así que mi madre dice que no le gustan “esas películas donde se meten con los chicos chiquitos”. Niños en peligro, demonios y sectas que los codician es una combinación de temas que la pantalla grande ama: La profecía, El exorcista, La Séptima profecía, Corazón Satánico, El bebé de Rosemary y La secta, son algunos de los tantos ejemplos. Unos con más y otros con menos fortuna. Hija de la luz, la nueva película del director Chuck Russell (La máscara y El protector) que por lo visto no le hace asco a ningún género, es una más de esas y es también una de las menos afortunadas.

Kim Basinger (que da un paso en falso, en cuanto a elección de papeles se trata, después del acierto de Los Angeles al desnudo) es Maggie O’ Connor una enfermera separada que no puede tener hijos. Una Nochebuena aparece por su departamento en Nueva York su hermana Jenna (Angela Bettis de Inocencia Interrumpida) abatida por su adicción a las drogas para dejarle a su beba recién nacida y desaparecer por un tiempo largo. Maggie cuida de la niña Cody (Holliston Coleman) por seis años. En todo ese tiempo Cody presenta todos los síntomas del autismo (otra condición en esta clase de películas es que el niño sea misterioso o por algún motivo no se pueda comunicar con el adulto, como en Alguien Sabe demasiado o en Testigo en peligro) y de vez en cuando hace milagros como resucitar palomas, prender cientos de velas o hacer llorar una imagen en una iglesia. El problema se presenta cuando Jenna vuelve a reclamar a su hija con su flamante marido Eric Stark (Rufus Sewell de Dark City y Carrington) un influyente y exitoso escritor de libros de autoayuda que encabeza una organización espiritual llamada Nuevo Amanecer y que esconde finalidades satánicas.

Maggie para recuperar a la niña y luchar contra las fuerzas del mal contará con la ayuda de John Travis (Jimmy Smits de El hotel del millón de dólares, más conocido por sus protagónicos televisivos en NYPD Blue y L.A. Law) un agente del FBI y ex seminarista que está detrás de una seguidilla de asesinatos de niños, Cheri ( la ascendente Christina Ricci de La leyenda del jinete sin cabeza, Los locos Adams y Casper) una joven que logró escaparse de la secta de Stark, el reverendo Grissom (Ian Holm) y unas cuantas monjas.

Hija de la luz es lenta y previsible y en ningún momento cumple con el cometido de sobresaltar al espectador, ni aún recurriendo a todos los clichés del género, con personajes estereotipados hasta el límite (como Dahnya, una ama de llaves que crió a Stark y ahora se encarga de cuidar a Cody, fiel caricatura de la mala de 101 dálmatas). La mayor oscuridad que aterra no es la de las fuerzas ocultas en esas casi dos horas que se espera por el sacrificio o no de la inocente, sino en todo caso la de la mismísima sala de cine. La luz celestial, es la que viene después de los títulos del final, para que una vez más sean liberados justo a tiempo estos castigados mártires de la butaca.

Por Juan José Dimilta
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