Comedia de la Inocencia

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Comedia de la inocencia es un film que comprueba aquello de que en el cine, más importante que lo que se muestra, es aquello que no se ve, lo oculto, lo sugerido. Sumido en un clima onírico, cercano al thriller psicológico, la historia se va articulando a partir de un juego de pistas (algunas verdaderas, otras apócrifas) que no necesariamente llevarán a la resolución de un relato convencional.

Una Lúdica Burla Al Espectador Burgués Promedio

Comedia de la inocencia es un film que comprueba aquello de que en el cine, más importante que lo que se muestra, es aquello que no se ve, lo oculto, lo sugerido. Sumido en un clima onírico, cercano al thriller psicológico, la historia se va articulando a partir de un juego de pistas (algunas verdaderas, otras apócrifas) que no necesariamente llevarán a la resolución de un relato convencional.
Como en un juego de cajas chinas, el film va abriendo puertas, obligando al espectador a mantener la atención constante, pero sobre todo, jugando con aquello que esperamos que un relato cinematográfico debe ser. No hay aquí atajos, sino que el placer de esta Comedia de la inocencia se encuentra cuando uno acepta transitar los laberínticos senderos que su realizador nos propone. Lo absurdo se vuelve verosímil, lo improbable se entrecruza con la certeza, y cualquier límite y rol preestablecido al comienzo del film se disuelve, de un modo sutil y delicioso, con claras reminiscencias borgeanas.

Camille (Nils Hugon) es un niño solitario que no hace más que jugar con su cámara digital; el día en que cumple nueve años se dispara en él un comportamiento extraño que desconcierta a su familia, y en particular a su madre Arianne (Isabelle Huppert).
El misterio se desata cuando Camille dice no ser hijo de sus padres, e insiste con regresar a su verdadero hogar, y reencontrarse con quien afirma es su madre.
Arianne decide acompañarlo a la casa de Isabella (Jeanne Balibar), una violinista con una triste historia, y con la que entablarán una intensa y contradictoria relación.

Raoul Ruiz se muestra como un gran conocedor de esos artilugios (“yeites” lo llamaría un músico de jazz) que disparan el interés de un film; el fuera de campo, el espacio en off, los indicios y un inteligente juego de simbologías se mezclan con recursos del relato fantástico y juegan con astucia con la lógica inscripta en la memoria del espectador.

El director franco-chileno es además co-guionista. Su filmografía, que supera el centenar de títulos (la inmensa mayoría realizados en Francia), lo convierte, sin dudas, en uno de los realizadores más experimentados (y personales) del cine latinoamericano.

El juego de la comedia se dispara, pero sin risas ni gags; la referencia del título no puede ser más lejana a la idea de género propuesta por la estética y el discurso hollywoodense. Se trata más bien de una experiencia lúdica propuesta desde el purismo cinematográfico y su lenguaje, y que sobre todo, vale la pena de ser vivida.

Walter Tiepelmann
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Estreno del 25-10-2001