KRÁMPACK

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Si hay una edad en la cual hasta el mínimo roce de una brisa puede afectarnos, esa edad es la adolescencia. En este período, nada está de más. Las personalidades se revelan como volcanes a punto de hacer erupción – literal y fisiologicamente hablando – pero contrapuesta, se experimentan sensaciones de alienación constante y profundas depresiones que, conjuntamente con un sin número de emociones, marcan el futuro desempeño a nivel profesional.
Verano Azul – Siglo XXI

Si hay una edad en la cual hasta el mínimo roce de una brisa puede afectarnos, esa edad es la adolescencia. En este período, nada está de más. Las personalidades se revelan como volcanes a punto de hacer erupción – literal y fisiologicamente hablando – pero contrapuesta, se experimentan sensaciones de alienación constante y profundas depresiones que, conjuntamente con un sin número de emociones, marcan el futuro desempeño a nivel profesional, actitudinal y sentimental de cada individuo.

En una suerte de fábula basada en la afamada puesta teatral homónima, el barcelonés Cesc Gay, cuenta la historia de Dani y Nico, dos chicos como pudimos haber sido cualquiera de nosotros. Ellos comparten una entrañable amistad, semejante a la que cualquier lector – incluso este cronista – ha podido tener a lo largo de su controversial adolescencia. En pocas palabras, ellos son los “mejores amigos”. Comparten salidas, gustos musicales, códigos y un sinnúmero de cosas. Pero en una edad en las cual la testosterona empuja desde lo profundo del corazón, tal vez no se encuentra presionado desde un mismo ángulo.

Juntos, como no podía ser de otra manera, irán descubriendo que comparten el mismo objetivo: iniciarse sexualmente. El quiebre – permitanme decirlo – sumamente jugado y atrevido, aunque no menos loable,se produce cuando ambos protagonistas comienzan a identificar que si bien comparten un mismo objetivo, poseen una leve – o no tanto – discordancia en el modo de realizar esta tan mentada iniciación.

Atravesando mares de cerveza y espesas nubes de humo “non santo”, los juegos de seducción se irán entremezclando y confundiendo. La amistad de dos ocasionales mujercitas – mejor llamadas niñas precoces -, harán las delicias de uno pero no del otro y a partir de ese momento se entablará la más acérrimas de las
batallas, teniendo como objetivo principal la conservación de aquello que se tenía hasta ese momento, por un lado, y la búsqueda de aquello que aún no se posee, por el otro.

Es entendible que todo lo argumentado hasta el momento se preste a confusión y está bien que así sea, porque cuando el espectador se sumerja en la butaca para presenciar la segunda obra de este barcelonés (la primera fue Hotel Room), experimentará fuertes sensaciones de añoranza y recuerdos encerrados muy fuertemente guardados – por no querer decir reprimidos – saldrán a flote y lograrán una suerte de reflejo, para algunos más cercanos, para otros más distante, pero igualmente válido, sencillamente porque en mayor o menor medida todo ser humano a experimentado sensaciones similares. Y eso es imposible de olvidar.

La realidad de una producción modesta – al igual que su presupuesto – nos presenta una película independiente que logra sus objetivos a través dos jóvenes talentos españoles que han sabido hacer frente a papeles sumamente complicados y por los que se le debe un amplio reconocimiento, no solo por jugado de sus roles, sino por el alto grado de exposición y lo comprometido que pudieran sentirse posteriormente.

En síntesis, la apuesta es buena y logra hacer frente a las exigencias. Tanto para Nico como para Dani este será un verano distinto. Ambos descubrirán que sus caminos se abren por senderos distintos, pero finalmente, lograrán entender que no están tan alejados y salvando sus propios temores, podrán volver a unirse.

Sebastián Montagna
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Estreno del 11 de octubre 2001