El camino a casa

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El lenguaje de Yimou es sutil y maravilloso. Los paisajes inconmensurables, los ángulos contrapicados y la superposición de imágenes para resaltar las relaciones entrelazan la historia con delicadeza y precisión. Sencillamente excelente.Sencillamente Excelente

El film comienza en blanco y negro, situado en una aldea de China. Una pequeña casa, a la que llega el hijo Luo Yusheng desde la ciudad en la que se encuentra la anciana madre Zhao Di. Luo Changyu, el padre de Luo Yusheng, el maestro del pueblo, ha muerto. Zhao Di no deja de insistir en la importancia de mantener las tradiciones, aquellas viejas costumbres previas a la revolución cultural, que sufrieron la “reeducación” como tantas otras cosas de Mao para acá. Esas tradiciones incluyen tejer en el viejo telar manual la tela en la que se usará para el entierro y llevar el cuerpo a pie desde donde ha muerto (el hospital) hasta donde será enterrado (cerca de su casa) para que el alma del difunto siempre recuerde el camino a casa.

Entonces el film toma color cuando Luo Yusheng comienza a recordar la historia de sus padres. Flashback a 1958, llega al pueblo el nuevo maestro. Los hombres se ocupan de construir la escuela y las mujeres de preparar la comida para todos ellos. La historia de amor entre Luo Changyu y Zhao Di se teje en la misma trama de las antiguas tradiciones chinas y los cambios de la revolución cultural.

El lenguaje de Yimou es sutil y maravilloso. Los paisajes inconmensurables, los ángulos contrapicados y la superposición de imágenes para resaltar las relaciones entrelazan la historia con delicadeza y precisión. La sutileza de las imágenes las torna protagonistas y los cambios de color del film harían referencia a los sentimientos: la tristeza del entierro en un presente en blanco y negro; los idealizados recuerdos del pasado, llenos de color. Presente y pasado se intercalan y superponen, se unen y completan el ciclo de la vida y la muerte. Y en todo ello, la determinación de una mujer es decisiva.

No espere efectos especiales ni discusiones apasionadas, como es propio de Zhang Yimou. Contando historias pequeñas, su discurso pone en cuestión las grandes vicisitudes de la China contemporánea.

Socorro Villa