Cuba feliz

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La película del francés Karim Dridi, propone contar, en un aspecto familiar, autóctono, la forma de vivir y sentir de un pueblo que utiliza su música, como medio de expresión folklórica y social.

Canto por no llorar

La música es un símbolo reconocido mundialmente como fuente inagotable y medio adecuado para la comunicación del alma. A través de ella, muchos se han convertido en celebridades, grandes estrellas y figuras reconocidas internacionalmente, no sólo por dotes artísticas, sino también por la forma en que han conseguido esa notable trayectoria.

Asimismo, no todos llegan al estrellato para formar parte de esa constelación de renombre y en muchos casos, el aprovechamiento de este arte, cobra importancia por su funcionamiento como medio de expresión individual y popular.

En algunas oportunidades, sus peculiaridades logran transgredir ese límite popular para convertirse en característica soberana de toda una cultura y de esa manera llegar a toda la humanidad.

En esta particular visión de los hechos, el francés Karim Dridi, propone contar, en un aspecto familiar, autóctono, la forma de vivir y sentir de un pueblo que utiliza su música, como medio de expresión folklórica y social.

Como figura principal, Miguel “El Gallo” del Morales, emprende un kilométrico viaje por la Cuba que no todos conocen, por la Cuba provincial. Durante su travesía, que lo llevará por Manzanillo, Santiago de Cuba, Guantánamo, Camagüey y Trinidad, encuentra un sin fin de colegas – altamente destacable la presencia de Pepin Vaillant – y en cada uno de ellos logra extraer lo mejor de sus cualidades musicales, demostrando que aunque cada poblado parezca detenido en el tiempo, la evolución de su lenguaje artístico, no ha encontrado freno ni pausa.

No hay que creerse que ésta sea una película del género musical. Por el contrario, es fácil reconocer – y de no ser así, perdería todo su sentido – que el objetivo de esta producción, no se encuentra sólo en demostrar las capacidades musicales del pueblo cubano. En un sentido documental, varios son los aspectos sobresalientes y bueno es marcar los rasgos de una sociedad , actualmente en peligro de extinción, gracias a la bendita globalización y, la casi olvidada, caída de la “cortina de hierro”.

Socialmente, se presenta un pueblo que en muchos aspectos – especialmente los relacionados con la tecnología – ha quedado relegado. Claramente logra verse, cómo cada ciudadano, escasamente puede darse lujos que superen un estado casi colonial. Si hay que cocinar, pues que se haga con cocinas a leña; si hay que lavar, pues que se haga como en antaño, a mano; si hay que transportarse, pues el automóvil o camión más adecuado será aquel que todavía y luego de decenas de años, logre reunir las características mínimas necesarias, de no ser así, existe la bicicleta y por supuesto, la planta del pie. Algo queda claro, esto se da, como siempre en toda zona rural y en aquellos casos donde no se tengan contactos a nivel político, económico o militar.

Tonadas y ritmos autóctonos, se entremezclan con sacrílegas y escasas inserciones de modernidad. Personalidades muy disímiles, logran encontrarse en el intento de manifestar un alto grado de nacionalismo, con expresiones propias tales como: “cuando uno es de Cuba, es de cualquier barrio” o mostrando su identificación musical, manifestando “en mi Cuba se goza a mi son”.

No se pretenderá hacer una transcripción del “manifiesto socialista”, ni por oposición enunciar las principales características del liberalismo. No se pretenderá hacer una crítica a los Estados Comunistas, ni hacer una reflexión sobre el desarrollo de los Estados Globalizados. Lo sobresaliente y fundamental de esta producción, se encuentra en querer mostrar y tratar de reflejar lo más sencillamente posible, las características de un pueblo golpeado por la historia, que ha sido atravesado por duros sucesos políticos, y que sin embargo se ha sabido mantener fuerte, y del cual sólo puede acusársele de ser “portador legal de son, de ritmo, de música, de pasión”. Un pueblo que sólo puede ser culpado de haber aprendido que, la mejor manera de sobrepasar un trago amargo es con un poco de “¡azuca!”, paladeando un ritmo “¡sabrosón!” y que entremedio de tumbadoras, contrabajos y guitarras, puede desarrollar una danza profunda desde el corazón.

En definitiva, el mensaje es claro. Cuba podrá estar sumida en la pobreza; Cuba podrá estar detenida en el tiempo; Cuba podrá ser una isla sitiada; Cuba podrá estar bloqueada económicamente; pero hay algo que Cuba no podrá dejar de ser jamás, una Cuba feliz.

Sebastián Montagna
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