Hotel room

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Nada mas viejo que el minuto siguiente.
¿Existe hoy una nueva conciencia de la temporalidad?. Durante una conferencia dada hace un par de años en el Goethe Institute y que Jorge La Ferla reproduce en el libro “Arte Audiovisual: tecnologías y discursos”, el teórico Norbert Bolz lanza esta frase “Somos ciudadanos de los más diversos mundos temporales”.

Eficaz reflexión sobre el tiempo

Nada mas viejo que el minuto siguiente.
¿Existe hoy una nueva conciencia de la temporalidad?. Durante una conferencia dada hace un par de años en el Goethe Institute y que Jorge La Ferla reproduce en el libro “Arte Audiovisual: tecnologías y discursos”, el teórico Norbert Bolz lanza esta frase “Somos ciudadanos de los más diversos mundos temporales”.

De lo que Bolz habla, en todo caso, es de la multiplicidad de posibilidades en nuestra relación con el tiempo: un tiempo personal, propio de cada uno en el que nos cargamos de compromisos, clases, reuniones, visitas, obligaciones, cafés, ocio y TV, un tiempo en el que elegimos sufriendo por lo que desechamos; y un tiempo más general, el de la información rápida: el bombardeo de Beirut, la copa Davis, el apagón en San Juan y Boedo, el zapping, el tiempo de la información. Ambos están en permanente relación.
De lo que nos viene a hablar Hotel Room es por un lado del pasado. El furioso blanco y negro en las formas; el intranquilizador anacronismo de los primeros minutos (por momentos parecen los años´50 (un cuarto de hotel ascético, barato), después, el presente, inmediatamente el futuro). Hotel Room, es una película española, filmada en Nueva York por un catalán y un argentino y se había preestrenado en Buenos Aires en el primer ciclo organizado por FIPRESCI a mediados de febrerode 1999.
Según el filósofo alemán citado más arriba, si al futuro no se lo puede entender desde el pasado, la experiencia pierde todo valor. En la escena que precede a los créditos de la película una pareja de recien casados discute por dinero, pelean y la novia termina muerta adentro de un placard con una profunda herida en la cabeza hecha por una estatuita de la Libertad. A Negro. La novia adentro del placard. Mientras la mucama limpia la habitación y protesta con el gato, aparece el siguiente ocupante (la novia, todavía, dentro del placard): el viejo Fernando, un mago trashumante, nieto de El Gran Victorio. En la pared un calendario marca el día 3. Según su reloj esta fecha está mal y el viejo lo reemplaza por el siguiente. Ahora es 4. La prostituta a la que hace llamar resulta ser la hija. “A veces las cosas suceden sin ninguna explicación”; la novia es descubierta y la prostituta se transforma por error, en una paloma.
En la nueva aparición de la mucama para limpiar la habitación descubrimos los mismos y exactos movimientos del ingreso anterior. Todo pasa de nuevo. Pero esta vez, Fernando no entra a esa habitación 426 (La novia sigue en el placard) sino que sigue de largo. Esta vez, un fotógrafo toma fotos de una mujer sentada en un banco de la calle frente a su habitación; después Phil Hoffe, el hombre que pronostica el tiempo por TV quiere suicidarse en la habitación donde nació, descubre a la novia muerta, se pone el vestido blanco, y se tira por la ventana. (La novia -o el vestido?- muere otra vez). En la última escena, la pareja de novios del principio entra a la habitación.
Hotel Room permanentemente trastoca la idea lineal del tiempo convencional, se transforma en una curiosa reflexión sobre la simultaneidad, la circularidad y la negación del tiempo. Es que dentro de todo lo extraño que a veces sucede, probablemente no vuelva a pasar de nuevo.

por Alejandra Portela