La Profesora de piano

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En Amada Inmortal, el Beethoven interpretado por Gary Oldman era muy estricto y dejaba en claro que podía perdonar errores de interpretación, pero nunca toleraría la falta de pasión por parte de alguno de sus pupilos. Esa misma pasión sobrevuela esta película, en la persona de Erica Kohut (Isabelle Huppert), quien es profesora de piano en el Conservatorio de Viena.

El Riesgo del Amor

En Amada Inmortal, el Beethoven interpretado por Gary Oldman era muy estricto y dejaba en claro que podía perdonar errores de interpretación, pero nunca toleraría la falta de pasión por parte de alguno de sus pupilos. Esa misma pasión sobrevuela esta película, en la persona de Erica Kohut (Isabelle Huppert), quien es profesora de piano en el Conservatorio de Viena.

Ese es el marco en el que sucede la historia, un marco más que apropiado ya que la música, entendida como sentimiento, (aunque esto suene paradójico), especialmente en esta época en la que parece que su fin es la distracción y no la conexión entre personas, es un claro exponente de pasiones humanas. La música clásica se convierte en una puerta abierta al interior de las personas.

Pero la música no es su única pasión. En rigor a la verdad, pasión deriva de padecer, y desde este sentido literal, estamos más próximos a ella, y a sus pasiones ocultas, alguna de las cuales satisface visitando salas de cines porno.

Erica es profesora de piano. Su vida transcurre entre las clases y la convivencia con una madre (Annie Girardot) excesiva y absolutamente controladora. En realidad lo que transcurren son sus días; la vida se supone que es otra cosa.

En un concierto privado conoce, o, con justicia debería decir que es descubierta por Walter Klemmer (Benoît Magimel), un joven talentoso que se enamora de ella y si bien no toca el piano como actividad principal, no cesará en sus intentos hasta lograr convertirse en uno de sus alumnos. A fin de cuentas eso hace más fácil conseguir su

propósito de conquistarla y en cuestiones de amor toda estrategia es válida.

El amor moviliza y exige compromiso, en esta situación y en todas. Abrirse a otra persona implica el gran riesgo de no ser aceptados, y en algunos casos el gran riesgo de sí ser aceptados. Walter golpea a la puerta de su amada con el corazón, pero ella, cuya sexualidad la canaliza entre escenas de voyeurismo y una especie de auto-masoquismo, no puede sino que responderle desde otro lado.

El director incluye, -en forma secundaria y trazando un sutil paralelismo con la historia principal a Anna (Anna Sigalevitch), una alumna poco agraciada en opinión de su madre (Susanne Lothar), que no puede compensar su limitado talento con horas y horas de práctica. Anna admira a Erica, y ésta influirá decisivamente en su futuro abriéndole otro horizonte.

La profesora de piano es una película dura, que sensibiliza y a la vez golpea al espectador. Según el modesto entender de quien escribe estas líneas, la película debe tocar de una forma aún más intima y profunda al público femenino, y no sólo por la obvia razón de verse reflejadas, sino porque en un espectro más amplio abarca sensaciones con las que pueden enfrentarse sea por identificación exacta con la protagonista, sea también como símbolo de represión, opresión o de autosometimiento frente a las actitudes y el trato que pueden recibir de la sociedad al tratar de expresarse libremente.

El último párrafo está dedicado a destacar la actuación de los protagonistas. Sin dudas su estupenda labor es uno de los pilares en los que se apoya firmemente la narración y se acoplan perfectamente a los climas creados por el director.

Alberto Andrés Zárate
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Estreno del: 20-9-2001