Apariencias

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Una sucesión de situaciones hilarantes provocadas por los equívocos que derivan de una confusión Llanto y Amores Imposibles

Carmelo se enamoró de Verónica desde el momento en que la vió por primera vez. Pero, como es patológicamente tímido nunca pudo decirle nada. Tal es así que ella se fue a hacer un trabajo al exterior sin conocer los sentimientos de él. A su regreso, Carmelo decide ir a recibirla a Ezeiza y declararle su amor. Menuda sorpresa se lleva cuando ella, ahí nomás, le presenta al tipo con el que va a casarse en pocos días. Así que, otra vez, se calla sus sentimientos y en la parálisis de su desconsuelo queda metido en medio de una manifestación gay, hablando con Beto, su amigo. Sin embargo, los periodistas interpretan sus palabras como las del líder de los manifestantes. Y Verónica también. Así que decide pedirle ayuda para terminar el trabajo que tiene pendiente y así quedar libre para casarse. Carmelo descubre entonces que en su papel de gay, puede relacionarse con la gente libre de inhibiciones y que ese parecía ser el camino más directo -si no el único- para estar cerca de Verónica. De esta suerte, los enredos y malentendidos se multiplican hasta precipitar el final.

El guión juega con la idea de que todo el mundo finge algo en mayor o menor medida: Carmelo finge ser gay para acercarse a Verónica, ella finge estar enamorada para casarse, desde el jefe hasta el ascensorista fingen ser heterosexuales cuando son gays y cosas por el estilo. ¿Recueda aquello de que “las apariencias engañan? Bueno, de eso se trata. Y por detrás de los equívocos en torno a las apariencias, las mentiras y los malentendidos flota la cuestión moral ¿está bien fingir ser lo que no se es para lograr algo?

La película es entretenida: se trata de una sucesión de situaciones hilarantes provocadas por los equívocos que derivan de aquella confusión en Ezeiza. Por lo demás, cada uno juega el rol que ya conoce hasta el hartazgo: Andrea del Boca llora (como siempre, no sería Andrea si no hubiera al menos una escena de llanto, no?), Suar sacude la cabeza todo el tiempo y declara su amor en medio de la ceremonia de casamiento de su amada con otro tipo, que por supuesto queda suspendida (como en La Banda del Golden Rocket, se acuerda?). Todo esto condimentado con los infaltables primeros planos de las marcas “auspiciantes”. Se me ocurre que si un artista plástico usara el mismo criterio para mostrar aquellas marcas que sponsorearon su exposición, probablemente debería pintar un cuadro o hacer una escultura con cada una de ellas.

Podríamos considerar que se trata de un “sano entretenimiento para toda lamilia”, como alguien decía un par de décadas atrás. No es una maravilla del séptimo arte, pero se deja ver.

Socorro Villa