Anochecer de un día agitad

0
7

Anochecer de un día agitado es una cálida visita a un mundo en donde todo estaba por fundarse, todo tenía la frescura de lo nuevo y que pertenece hoy a un sagrado limbo en el que el tiempo se detiene sin edad.
Yeah, Yeah, Yeah!

En los primeros minutos el espectador comienza a sospechar, una vez más, que en cuanto a cultura pop se refiere nada hay nuevo bajo el sol: los Beatles inventaron todo. Y si se deja llevar por el devenir del simplícimo guión será transportado de manera mágica, pero sin misterios, hacia los principios. Anochecer de un día agitado es una cálida visita a un mundo en donde todo estaba por fundarse, todo tenía la frescura de lo nuevo y que pertenece hoy a un sagrado limbo en el que el tiempo se detiene sin edad.

La agitación del día comienza en un tren que lleva a John, Paul, George, Ringo y séquito correspondiente camino a Londres en donde deberán presentarse en un show televisado. Hasta que finalice la jornada serán objeto de adoración, presas de la histeria juvenil, posesos por el absurdo y ostentadores de un cierto aire ausente a la locura que los rodea. Desfilaran en un simpático viaje del día hacia la noche azafatas, coristas, fans, popes de la moda juvenil, invitados a reuniones sociales, policías, productores de televisión entre otros. Y de manera natural, sin solución de continuidad argumental, se escucharán “She Loves You”, “All My Loving”, Can’t Buy Me Love”, “And I Love Her” y “I Should Have Known Better”, para completar el círculo y cerrar el filme con “She Loves You” una vez más.

Sin ser actores los cuatro de Liverpool sobrellevan con dignidad la tarea cultivando esa desfachatez que fue sello de estilo a lo largo de su carrera. Para complementarlos, aparece en escena el gran hallazgo del guión de Alun Owen: el pulcro abuelo McCartney interpretado por el veterano Wilfrid Brambell.

Con A Hard Day’s Night el director Richard Lester (quién también dirigiría Help! un año más tarde) comenzó una importante carrera cinematográfica primero en en el Reino Unido y posteriormente en los Estados Unidos. En la correcta dirección de cámaras y el expresivo trabajo de fotografía en blanco y negro de Gilbert Taylor (potenciado en este caso por la nueva copia restaurada) muchos han notado en el filme guiños al último Alain Resnais o al mismo Ingmar Bergman. Y todos coinciden en estar frente a uno de los mejores musicales de la historia.

Y, sin duda, en el principio del sueño.

Fernando J. Veríssimo
© Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción