Alberto Lecchi

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A pocos dias del estreno de Nueces para el amor, Leedor.com conversó con Alberto Lecchi, su director. La película cuenta la historia de Alicia y Marcelo, quienes se conocen en el 75, se encuentran primero en España en el 82, después en Buenos Aires en el 89, y en la actualidad. Alberto Lecchi: Vida y Obra

Casualmente (o tal vez no tanto) Lecchi forma parte de una generación cercana a Marcelo, el protagonista
de Nueces para el amor, aquélla que en el ’75 estuvo en el recital de Adios a Sui Generis. Al mismo tiempo, al igual que Tolosa, el personaje de Grandinetti en El dedo en la llaga pasó por todo el “escalafón” ideológico de la última mitad del siglo XX: “hippie en los ’60, partidario de la revolución en los ’70, desorientado en los ’80 y escéptico en los ’90”. Todas sus historias se basan en hechos reales, historias que encuentra o que le llegan. Podría decirse que Lecchi es un hombre permeable a la realidad que lo rodea. Sin ser autobiográficos, sus films son, en cierta forma, autorreferenciales:
-Siempre hay una referencia a cosas de uno por que el cine es así. Uno pone todo en el cine. Tal vez se note más cuando si se escribe el guión, pero siempre, aunque solo sea en la manera de dirigir, hay partes de uno en las películas.
Reconoce en él una fuerte influencia de Nietszche, la cual se manifiesta especialmente en Secretos Compartidos, donde sus frases son casi como un personaje más. Sin embargo, esta no se relaciona con los ciclos -eterno retorno- que viven los protagonistas en Nueces… (una y otra vez se encuentran y desencuentran y todo vuelve a suceder entre ellos igual que la primera vez)
-No digo que sea por casualidad porque no creo en las casualidades. Diría que es un tema inconsciente, pero no estaba planificado que apareciera asi.
Hablando de inconsciente, el inconsciente colectivo nacional -o al menos porteño- aparece a flor de piel. El “escéptico de los ’90” se manifiesta, por ejemplo, en la frase de Cecilia (en Nueces…): “qué culpa tengo yo que acá no haya esperanza?”. Lecchi establece otra relación:
-Hay una frase clave en Perdido por Perdido, cuando Vidal (Darin) le contesta a su esposa (Papaleo) que le acaba de proponer irse del país y empezar de nuevo en otro lado: “No puedo irme, me voy de vacaciones al mar y a la semana extraño el colectivo, quiero saber si en el potrero de la esquina pusieron una carpa…, me muero si me voy”. Y yo soy un poco asi. En el año setenta y pico tuve la oportunidad de irme a vivir a España, a trabajar con Camus. Y no lo hice justamente por eso, y porque en aquella epoca todavia pensaba que aca había salida. Hoy pienso que por mis hijos -porque yo ya tengo mi vida hecha- debí haberme ido. Por otro lado, tengo cosas, como la escena final de Nueces… ,que son parte de mis contradicciones, de la ilusión de pensar: bueno, che, a ver si hacemos andar la cosa de una vez.
En sus películas, especialmente en las que fue guionista y director, resulta notorio el hecho de que el contexto sea tan importante como el texto. La historia detrás de la historia de la película cobra protagonismo, tanto como la historia misma. Aún aquellas que transcurren fuera del país, como Operación Fangio (en Cuba) y, en parte, Nueces para el amor (en España). En este sentido, es evidente que se trata de un director argentino: trabaja sobre estereotipos argentinos, situaciones argentinas, historia argentina. Es dificil imaginarlo como un director de películas de género. La realidad nacional aparece registrada a través de la cámara de Lecchi en sus múltiples facetas.
Hablando de Lecchi, nació allá por los ’50 en la Capital, pero se crió en Lomas de Zamora. Familia de clase media, vida normal. Ninguna herencia artística de la que acuse recibo. De chico no era afecto a los libros: “Platero y yo”, “El rayo dorado” y no mucho mas. Más bien era una apasionado del fútbol. Al terminar el secundario incursionó en las Ciencias Económicas y la Sociología. De allí pasó a las Bellas Artes y llegó al cine.
-Me invitaron a una muestra en la ciudad de La Victoria (donde después rodamos El dedo en la llaga). Tenía que llevar 12 cuadros y sólo tenia 4 o 5. Además tenia que decir los titulos de los cuadros. Así que dije los títulos que se me ocurrieron y despues pinté los cuadros que correspondían con esos titulos. Por supuesto no me gustaba ninguno. Y justamente los que no me gustaban fueron los que se vendieron. Asi que dije “esto no camina” y me cambié al cine.
Y entonces apareció la pregunta ¿Cuál es su idea de un director de cine?
-Un director de cine es un tipo que sabe contar bien historias. Un artista es otra cosa, el artista puede ver más allá, captar cosas que otros no ven y expresarlas, aunque a veces no lo entiendan. Un director está siempre filmando, yo siempre estoy filmando, con el ojo, con la mirada, por la forma en que veo lo que pasa en la calle.
Al conocerlo personalmente, se percibe una gran coherencia entre el hombre, el profesional y su obra. El hombre al otro lado del escritorio se parece mucho a lo que uno se imagina viendo sus películas. No hay en él afectación ni rebuscamiento. Lecchi es un tipo transparente.
-Yo soy un tipo sencillo que tuvo la suerte de poder hacer lo que le gusta. A mí me gusta dirigir películas. Y hago esto para vivir y para mantener a mi familia (acusa esposa y dos hijos). Si me dan a elegir entre filmar una pelicula que no es mía y manejar un taxi, elijo filmar una película. No siempre, y sobre todo en este país, uno tiene la posibilidad de hacer la película que quiere. A veces sí. Mientras tanto, lo importante es hacer películas, filmar, no tenerle miedo a la cámara. Operación Fangio, por ejemplo, representó para mi la oportunidad de filmar en el extranjero, donde no me conocen -porque acá, los actores, los técnicos, siempre te conocen. En cambio en Cuba, el desafío era filmar con actores que no me conocían, con técnicos que no sabían cómo trabajo y lo pude hacer bien, pese a que después fue un fracaso comercial. Con Apariencias, en cambio, tuve la oportunidad de incursionar en el género de la comedia, algo que nunca había hecho, y el desafío era ver cómo podía yo contar esa historia.
De más esta decir que hacer cine en Argentina hoy parece ser una actividad de alto riesgo. Inmersa en la situación general, la industria cinematográfica adolece de apoyo y sufre los vaivenes de la frágil economía.
-Trabajar en la Argentina de hoy te diría que tiene más contras que cosas a favor. No existe una industria cinematográfica que te proteja, que te sustente. Si te va mal con un film, estás solo. Aunque si no hay protección para la construcción (por nombrar un caso) por qué tendría que haberla para nosotros, no? Competís contra las grandes productoras internacionales y es muy difícil. Para colmo, el Instituto, que se supone está para apoyar al cine nacional, tampoco cumple bien con ese cometido. Imagiáte que al dia de hoy, con la película terminada y a quince dias del estreno, todavía no me pagaron el treinta porciento del crédito que me otorgaron para hacerla. Y eso que ahora, con las nuevas autoridades, se puede dialogar. El lado positivo de hacer cine acá es que siempre algo se hace. Aún en los peores momentos, alguien está haciendo algo. Acá la cultura no se toma descanso. Al inicio del Proceso, surgió la experiencia de Teatro Abierto y siempre es así. Aunque no haya plata y haya problemas, siempre hay gente que filma, que hace teatro, que pinta, que baila. Y eso es importante, es un fenómeno que no se da en otras partes. No sé, debe ser parte de nuestra idiosincracia.
Nueces para el amor parecería ser su film más logrado: “Casi no me hace cosquillas en el estómago, solamente en una sola escena.” Lecchi lo atribuye en parte a la suerte. “Porque a veces uno hace todo para hacer una buena película y resulta malísima. Y eso le pasa a todos los directores en todo el mundo.” Pero por otro lado, hay otras cinco películas atrás, televisión (Nueve Lunas, 1995) y muchos años de trabajo con otros directores. En ella utiliza un recurso expresivo muy interesante: el cambio de color de la película. Al igual que las vidas de los protagonistas, el film va perdiendo color.
-Es cierto, va perdiendo color desde la secuencia de España, paulatinamente va volviéndose gris, hasta quedar casi en blanco y negro y retoma el color del principio cuando ellos se juntan en el tren y todo vuelve a tener el color de los ’70, la ilusión de que se podía cambiar al mundo.
Tanto Ariadna Gil como Gastón Pauls debieron afrontar sendos desafios a la hora de encarar este film.
-Para Ariadna, obviamente lo más dificil fue hablar español y argentino. Así que la película se filmó de acuerdo con los tiempos de Ariadna: primero la parte de España, donde ella estaba más libre en cuanto al acento, luego la del 89 y después la de la actualidad. Por último filmamos la parte de Malena y Nicolás para que ellos pudieran también ver el vuelo que Gastón y Ariadna le habían dado a los personajes. Otro tema importante fue el de hacerle entender la psicología de quienes tienen familiares desaparecidos. Porque si se muere tu esposo, vos hacés lo posible por seguir adelante con tu vida y tal vez, hasta reemplazarlo. Pero si ha desaparecido no, es todo lo contrario. Y era muy dificil hacerle entender esto. Por eso la pusimos en contacto con gente y ya desde España tuvo una coach argentina para que pudiera comprenderlo. En el caso de Gastón, su papel era muy difícil. Por un lado porque es un personaje muy sombrío, construído a partir de las características del 80 o el 90% de los argentinos, de todos aquellos tipos a los que la vida les pasó por al lado y no se dieron cuenta. Marcelo es un poco así, aunque al final hace un intento por tomar el control de su vida. Por otro lado, para Gastón fue un gran desafio personificar a un hombre de cuarenta años, justamente porque el no tiene cuarenta años aún.
Para qué contarles más. Si quieren saber cómo es Lecchi, vean lo que dijo cuando le pregunté cuál era el recuerdo más lindo de la filmación.
-Hay dos momentos. La primera toma que hicimos en España, en la Puerta de Alcalá. Cuando terminamos nos miramos con Clara Notari y Hugo Colace y no lo podíamos creer. Era muy fuerte, estar filmando en Europa, con gente que no te conoce. Aunque sabía que lo podía hacer, después de la experiencia de Operación Fangio en Cuba, pero igual era muy fuerte. Pero tal vez el más lindo sea el de la última toma: estábamos rodando y cuando dije ¡corten!, escucho “chau, chau, loco, chau, chau, loco, chau” (las palabras de Charly Garcia en el recital Adios Sui Generis con las que empieza el film) y nos largamos todos a llorar de emoción. Eso fue muy lindo, muy emotivo. Con Luis, mi socio, acostumbramos festejar la primera y la última toma, siempre, pero esta vez fue muy especial.

Socorro Villa