Julien Donkey

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Julien donkey-boy llega (con dos años de atraso) anunciado como el primer filme americano rodado bajo las reglas del Dogma, justamente cuando la sola mención a este movimiento danés ya no alcanza para sostener la promesa de un nuevo modo de entender el cine.

Elogio de la locura

Julien donkey-boy llega (con dos años de atraso) anunciado como el primer filme americano rodado bajo las reglas del Dogma, justamente cuando la sola mención a este movimiento danés ya no alcanza para sostener la promesa de un nuevo modo de entender el cine.
Pero lo que en principio parece un punto en contra, termina jugando a favor de la obra de Harmony Korine (guionista y actor de Kids y director de Gummo), sobre todo porque Julien donkey-boy poco tiene que ver con películas como Los Idiotas o La Celebración. No hay en este film una historia organizada de acuerdo al relato convencional, como tampoco esa emocionalidad gélida y contenida de la cultura danesa que se trasluce en las miradas de Lars Von Trier o Thomas Vinterberg. En cambio, nos encontramos con un film curioso, por el modo personal y humano de abordar lo distinto, lo marginal, lo que el sistema descarta. Algo que viniendo de una sociedad como la estadounidense adquiere el valor de golpe certero.
La película narra la historia de Julien (Ewen Bremner, protagonista de Trainspotting y premiado como Mejor Actor en el 2do Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires) un joven esquizofrénico, que vive con su familia en el estado de New York. Un sitio indefinido entre lo rural y lo urbano, en donde las relaciones familiares se debaten entre la neurosis, la violencia y el sometimiento. Lejos del american way of life, el fantasma del incesto y la sombra del fracaso impregnan las acciones de cada uno de los desdichados miembros de este grupo.

El padre (nada menos que Werner Herzog) baila en calzoncillos y degrada hasta la humillación al hermano menor, que intenta cumplir el mandato paterno de convertirse en atleta. La madre muerta, es suplantada en las fantasías ezquizoides de Julien por su hermana Pearl (Chloë Sevigny), embarazada de siete meses (se niega a decir quien es el padre y uno teme lo peor), y por la abuela (abuela del realizador fuera de la ficción).
Todo se sucede en una serie de cuadros y situaciones en las que el relato realista y crudo se entremezcla con los delirios de Julien, enriquecido con un universo de personajes en los que la discapacidad es la regla común; un negro albino devenido en cantante de rap, un hombre sin manos, hábil en los trucos con naipes o una niña ciega a la que Julien cuida con devoción.
Filmada en video digital, luego trasladada a 16mm y ampliada nuevamente a 35mm, la imagen de la película es quizás mucho más dura que las de sus colegas del Dogma europeo; algo que se corresponde con la intención de Korine de “captar la locura” y que resulta coherente con una obra que más que contar en términos dramáticos, se propone como un certero registro del instante como lo más importante.

Walter Tiepelmann
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Estreno: 20-9-2001