Matanza

0
5

Matanza es una película contundente, descarnada, emotiva. Y es desde la polisemia de su
título donde comienza a inquietar, desde su redundancia nominativa. En La matanza (localidad) se producen matanzas cotidianas,
que comienzan por ser moral (desempleo mediante), a la vez que simbólicas (aniquilación de un futuro, desnutrición de niños mediante), llegando a producirse de hecho. Esto en TN no lo vi

Uno. “Coooronados de gloria vivaaaaaaamos / ooo juremos con gloria morir, oooo juremos con gloria morir”, la guitarra se distorsiona gravosamente y la sátira se consuma. Charly García termina de ejecutar el Himno, lo que él entiende que es el Himno Nacional Argentino. Y las imágenes se centran en gomeras, en pibes juntando piedras, con sus caras tapadas con remeras, de frente a la policía, que con su habitual `armamento´ oficial, y sus estudiados movimientos bélicos se prepara para una batalla más. Y el “..juremos con gloria morir..” rebota, y se potencia con un nuevo plano de gomeras, como símbolo de una lucha desigual, heroica, y el juramento aprendido en la escuela de vivir con gloria o sino morir glorificados, resplandece, erosiona, incomoda. Y los últimos acordes pergeñados por Blas Parera, y desfigurados por Charly suenan actualizados, reconfigurados, como símbolo de una degradación, como emblema de una nación, de un país que intentó ser, y que solo parece persistir en esas gomeras, y en ese juramento que se entiende no retórico, no metafórico, literal, descarnado, trágico.

Dos. Matanza es una película contundente, descarnada, emotiva. Y es desde la polisemia de su
título donde comienza a inquietar, desde su redundancia nominativa. En La matanza (localidad) se producen matanzas cotidianas,
que comienzan por ser moral (desempleo mediante), a la vez que simbólicas (aniquilación de un futuro, desnutrición de niños mediante), llegando a producirse de hecho. Sin embargo, la violencia no aparece de forma explícita. Dentro de una temática en que los hechos luctuosos y escandalosos, pudieran haber regodeado al morbo cotidiano, los realizadores de Matanza, eligieron la connotación, el narrar por omisión. Y así la tensión se acrecienta. En una inteligente elección, la violencia se va engendrando, encapsulada, desde situaciones a priori no violentas. Y la furia comienza a elucubrarse en los diputados sonrientes al lograr el quórum para votar la ley de flexibilización laboral. Se va pergeñando en la reflexión lúcida y clara del dirigente desocupado ante las autoridades de Edenor (“consensuemos un precio para la luz, digamos 25 pesos, porque si viene 75 u 80 como viene, nosotros no podemos pagar, la mayoría estamos sin trabajo, y si nos cortan la luz, nos están incitando a colgarnos, o sea, a cometer un delito”) Y la violencia se palpa, se respira.

Tres. Matanza es un documental que maneja dos tesis, nos dice Emiliano Penelas (uno de los realizadores). “Una es que el que corta una ruta no es un tipo que se levanta a la mañana cruzado y dice hoy voy a cortar la ruta. Hay detrás un grave conflicto. Y la otra tesis es que este problema (de la desocupación, del hambre) no es nuevo, sino que empezó con Martínez de Hoz, y lo que se ve hoy son las consecuencias”. Y las tesis se desarrollan. Y de forma efectiva, sensible, rigurosa, personal. Y es en el compaginar imágenes de archivo, con otras generadas, de forma sutil, inteligente, no efectista, no panfletaria, desde donde se logran desarrollar positivamente aquellas tesis.

Cuatro. Y es cine, y por tanto hay un relato, una historia. En este caso construido a partir de personajes que narran sus propias historias, desde su fatiga, desde su abatimiento, pero también desde su increíble fuerza de voluntad. Y son historias pequeñas, penurias íntimas, difíciles, complejas, pero que se enlazan (de forma salvadora) con un drama social, colectivo. Gente que desde un sufrir cotidiano, tiene fuerzas para luchar con
y por otros (“sacar fuerzas de donde no hay”, dicen), entendiendo que aquello de individuo/sociedad no es una dicotomía, y que sin comunidad no hay sujeto posible. Y la cámara filma de cerca. Recala en los cuerpos. En el dolor, el sufrimiento, la lucha, que se refleja en esos cuerpos, laburantes, gastados, encorvados, pero que siguen caminando (las escenas de caminatas son recurrentes, con la voz en off del caminante), que se mantienen en movimiento. Y las caras ajadas, sonrientes, desdentadas, mostrando autenticidad, gesto genuino, sin nada que esconder, descarnados, con su moral a flor de piel, todo lo que son está ahí, de manera palpable.

Cinco. Película sin dramatismos, relatada por los mismos protagonistas. Historias particulares, dramas individuales, familiares, que sugieren el sufrimiento del resto. La historia de un país contada desde los que sufren más, desde los que no tienen lo elemental para seguir viviendo: comida. Y la lucidez, la no violencia de un piquetero, la explicación racional, emotiva, urgente, el hambre, como argumentos que erosionan los cimientos del discurso oficial, justificante de represión, e intentando ubicar al piquete como acto irracional, intolerante, ilegitimo. La acumulación de hechos, emociones y hablas en Matanza, hacen que ese discurso oficial (en apariencia, por derecho, legalista) implosione (la pregunta por quién es el que infringe la ley, subyace todo el film) Solo un sentimentalismo cargado, tanto en el himno interpretado por Charly, como en el último tema festivo y revolucionario, que provocan cierta saturación de significación, pueden reprochársele a un film que, realizado con escasos recursos, y sin apoyo institucional de ningún tipo, ha comenzado a volar por su propia cuenta, en búsqueda de reconocimientos que despierten la abulia de oportunistas locales.

Sebastian Russo

Nota relacionada: Matanza 2, Matanza entrevista

Estrenada el 19 de Septiembre