La Marca del Dragón

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Hace casi una década, quién escribe estas líneas, tuvo la oportunidad de experimentar uno de esos placeres que se dan pocas veces en la vida del cinéfilo a ultranza: el de descubrir a un gran director.
Érase una vez, buenas películas en China.

Hace casi una década, quién escribe estas líneas, tuvo la oportunidad de experimentar uno de esos placeres que se dan pocas veces en la vida del cinéfilo a ultranza: el de descubrir a un gran director. Años antes de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA, funcionaba en la Sociedad Hebraica de la calle Sarmiento en Once, una cinemateca que solía despacharse con cada título, que hoy -recuerdos descuidados- la añoranza a uno le hacen poner los ojos vidriosos. La borrachera de profundidades que proponía el francés Luc Besson en The big blue definitivamente embriagaba. Sus imágenes se volvieron adictivas. Tarea para el hogar fue buscar Subway y Le dernier combat; su lectura nuevamente bordeó el éxtasis. Para cuando La Femme Nikita pisó Lavalle, su visión era obligatoria en esa sala hoy devenida en bingo. De cruzarse uno con tantos personajes y maestros también ávidos por lo mejor del séptimo arte; de un anciano brasileño se escuchó una nueva máxima: el cine del lejano oriente es el que renovará a la industria del celuloide. Y antes de que nombres como John Woo, Takeshi Kitano y Tsai Ming Liang se convirtieran en referentes obligatorios; una súper estrella de artes marciales y de películas de acción impresionó con su destreza y con su actuación. El Jet Li de Once upon a time in China fue todo un flash. Como esa cinta.
Si uno en aquel momento hubiera tenido la visión de juntarlos, seguramente se hubiera imaginado mil y una películas. Citando a nuestro Mono Gatica, se hubiera afirmado “dos potencias se saludan”. Lo cierto es que finalizando el siglo XX, tanto Besson como Li no estaban en sus mejores momentos artísticos, y esto se debe a la fagocitación -en ambos casos voluntaria- de sus talentos ante la parafernalia de Hollywood. Besson viene de dirigir El Quinto Elemento y Juana de Arco, los dos puntos más bajos de su filmografía, además de forrarse en dinero por sus guiones en la impresentable Taxi y su secuela; ese otro cine francés del cual mejor no hablar. Li, por su parte, pareciera que para sacar la green card debió someterse a esas humillaciones que fueron Arma Mortal 4 y esa porquería titulada Romeo Debe Morir. La unión de ambos artistas, en Kiss of the Dragon, hace recordar a esos niños prodigio que ante un público compuesto sólo por mayores se empacan y no muestran lo que mejor saben hacer. El trabajo en conjunto de Li y Besson ha dado un producto que no escapa de ninguna fórmula, y que de tan correcto, molesta.

Li interpreta a Liu Jiuan, un importante agente del gobierno de China, que llega a París desde Shanghai para llevar a cabo una “delicadísima” misión secreta: ayudar a Richard (Tchéky Karyo), un oficial de policía poseedor de un pequeño ejército personal. Antes de que Ud. emita el primer bostezo adivinará que Liu es traicionado por aquel a quién
debía prestar sus servicios, para verse insertado en una inmensa conspiración, que incluye en el colmo de las obviedades acusarlo de un asesinato que no cometió, para hacerlo huir por una ciudad que desconoce. Bridget Fonda aparece como la prostituta norteamericana de buen corazón que le dará una mano al héroe, y el resto si, lamento informarle, sigue siendo previsible. Es inútil hablar de los rubros técnicos porque cualquier producción actual no baja de un promedio de siete. Todas las películas están bien iluminadas, poseen cuidadas ediciones y la música incidental jamás desentona. Con todo esto, hasta Li no es capaz de demostrar un 100 % sus habilidades físicas. Y eso es culpa de la dirección de Nahon que no sabe aprovecharlo. Recordemos que el año pasado Tom Cruise se convertía en un implacable guerrero ninja en Misión Imposible 2. Claro, detrás de cámaras estaba un pibe que sabía. Pero esa es otra historia.
Así es que si Ud. se ha clavado con La Marca del Dragón, (porque francamente es una burla cómo productos como este y Red de Corrupción pretenden satisfacer a los fanáticos del buen cine de acción), de consuelo sólo se le puede ofrecer la revancha de un video club, en el que puede alquilar títulos de Li en su etapa asiática, como Black Mask, cuyo último volumen es esa perlita titulada Batalla de Honor, donde junto a la Michelle Yeoh pretérita al suceso de El Tigre & EL Dragón; se enfrenta en un duelo increíble gracias a la dirección de Yuen Woo Ping, el coreografo de las peleas en Matrix. Mientras uno apura estas líneas, se ha hecho tarde. Muy tarde. Aún así Orfeo sigue estando ausente y sin aviso, excusa obligatoria para ver como anda el lobo feroz de Stanfield interfiriendo entre Mathilda y León. El jueves que viene, se espera revancha.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 13-9-2001.