Magnolia

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Condimentado con exhuberantes dosis de fuck, fucked, fucking y todas sus posibles variaciones. Vale la pena.
Ver sin Apuro

Esta película es multifacética, como la vida. Si “el mundo es un pañuelo”, “todo tiene que ver con todo” y “el aleteo de una mariposa en China puede desatar un huracán en el Caribe”, son frases con alguna cuota de realidad, todas esas cuotas se han reunido en Magnolia.
Vamos por partes: Earl Partridge, un magnate productor de TV, que está agonizando. Phil Parma es el enfermero que lo cuida y a quien Earl encomendará la busqueda de su hijo, Frank Mackey, a quien no ve desde hace años. Frank, por su parte, se ha convertido en un exitoso empresario, vendiendo su programa Seduce & Destroy, que logra que los hombres puedan conquistar a la mujer de sus sueños. Linda, es la actual esposa de Earl. Jim Kurring es un oficial de policía que trata de ayudar a todo el que se le cruza en el camino. Y se cruza con Claudia, la hija de Jimmy Gator, un presentador de TV que durante 30 años ha conducido What do kids know? (un programa del tipo Odol pregunta, producido por Earl). Claudia odia a su padre, tanto que lo rechaza aún cuando él le dice que está muriendo. En el programa de Jimmy concursan niños prodigio como Stanley, a quienes sus padres alientan a competir por dinero. Uno de ellos, Donnie Smith, es en el presente un adulto fracasado que durante un intento desesperado por encauzar su vida se cruzará con Jim Kurring. Las que al principio parecen fotos aisladas de un albúm, sin conexión entre sí, a medida que avanza el relato comienzan a transformarse en piezas de un rompecabezas que encajan perfectamente unas con otras.
La narración transcurre, cámara al hombro, con el ritmo vertiginoso del video clip, especialmente al principio, cuando se presentan todos los personajes al espectador. El plano secuencia es utilizado en varias ocasiones, una de ellas es la que muestra a Stanley llegando al estudio de TV para el programa de Jimmy Gator. La cámara entra con Stanley y su padre, tomando a ambos de espaldas; en el pasillo se encuentran con la productora, que camina de frente y toma a Stanley del brazo. Entonces padre e hijo se separan y la cámara sigue a Stanley y la productora que suben al ascensor. Mientras viajan en el ascensor la cámara sigue filmando la conversación entre ambos, asi como cuando descienden y caminan por el pasillo hasta la puerta del estudio. Allí termina ese plano secuencia. También comienza otro, dentro del estudio, que empieza con un primer plano de la asistente personal de Jimmy y la sigue por dentro del estudio, cambiando a otros miembros del staff a medida que se cruza con ellos, saltando de uno en otro, como en una carrera de postas.
El verdadero tema de la película, el hilo conductor entre todas las historias, es el de la responsabilidad por los actos pasados. De alguna manera, podría decirse que el film trata de las mil y una formas de arruinarle la vida a un niño y de las consecuencias que ello tendrá en su vida adulta. Frank, Claudia y Donnie tienen en común los abusos, atropellos y abandonos de que fueron objeto cuando niños; Stanley los está viviendo ahora, mientras reclama respeto y consideración por parte de los adultos que lo rodean. Earl, Linda, Jimmy y Rose comparten sus pecados adultos que han desquiciado otras vidas, infantiles y adultas y cuyo peso los atormenta. “Quizás ya acabamos con el pasado, pero puede que el pasado no haya acabado con nosotros” repiten varios personajes en diferentes situaciones que los confrontan con su pasado.
“Perdonar es lo importante pero, ¿qué podemos perdonar?” se pregunta Jim mientras viaja solo cavilando sobre los sucesos del día. Ha sido un largo día, lleno de sorpresas y situaciones extrañas. Tan extrañas como para que se dieran las condiciones para que muchos puedan perdonar y ser perdonados al mismo tiempo; tan extrañas como para que puedan llover sapos del cielo…
Un film largo pero ágil, que no da respiro hasta el final, llevándo al espectador como Virgilio a Dante, hacia las profundidades del infierno y elevándolo luego, de la mano de Beatriz por los cielos de la redención y la esperanza. Todo ello condimentado con exhuberantes dosis de fuck, fucked, fucking y todas sus posibles variaciones. Vale la pena.

por Socorro Villa