El hijo de la novia

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La segunda película de Campanella, es una metáfora del argentino promedio. Fue nuestro crédito en el Oscar 2002.Para Verse Reflejado

Por Socorro Villa

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La vida de Rafael era un torbellino. Belvedere, el restaurante familiar, no le daba respiro. Cuando no tenia problemas con los proveedores los tenia con los clientes o los empleados. Y Sandra, su ex esposa que lo volvía loco con demandas de atención para con Vicky, la hija. También estaba Naty, su novia. Y como si todo estoy fuera poco, a su padre se le ocurrió que quiere darle a su esposa -enferma de Alzheimer- la boda religiosa que, por convicción, le negara hace 44 años…

En los primeros minutos del film, cuando ya queda claro que la vida de Rafael está en ese punto que de la crisis pasa al caos, el dice en medio de una discusión “cuándo no hubo crisis en este país”. Esa frase define el tenor de la película. Podría decirse que el personaje de Rafael con todos sus altibajos, es una metáfora del “argentino promedio” -asumiendo que tal cosa exista. Un tipo inmaduro. Lucha constantemente para “ser alguien”, especialmente para demostrarle a los demás -y convencerse a sí mismo- que ES alguien. Que llegó a donde está no por decisión ni por vocación sino por que las circunstancias lo fueron llevando, con toda la carga de frustración y angustia que ello implica. Y como dice el refrán, no hay mal que dure cien años… ni cuerpo que lo resista. Y el de Rafael no lo resiste, y termina el en hospital.

Justamente la secuencia de su traslado y llegada al hospital, de los médicos atendiéndolo, de Naty hablando con los doctores, está hecha en cámara lenta, arrastrando la imagen, como si desde muy adentro, Rafael pudiera ver lo que pasa sin entenderlo. Este es el punto de quiebre para el protagonista. La pregunta del millón es ¿qué hará con esta segunda oportunidad que la vida le regala?

Se trata de un film llevadero, con muchos diálogos divertidos, con mucho chivo -como es habitual en las producciones de Polka- y con un par de intertextualidades entrañables, trayendo a cuento filmes como El santo de la espada y actores como Enrique Muiño.

En fin, podrá reírse, podrá emocionarse también y, sobre todo, podrá ver cine argentino, hecho por argentinos, que habla de argentinos. Ah! No se levante cuando empiezan los títulos porque se va a perder el final.

Publicada en Leedor el 16-8-2001