Agnes Browne

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En la segunda película dirigida por Penélope Huston, guión y dirección se conjugan con actuaciones a la altura de las circunstancias para lograr un producto excelente. Todo funciona como en un mecanismo de relojeria suizo.
Para la mesita de luz

por Socorro Villa

Dublin, 1967. Agnes Browne acaba de enviudar y se ha quedado a cargo de 7 niños entre 2 y 14 años. Su situación es realmente muy precaria, de tal manera que debe recurrir al usurero del barrio para obtener el dinero necesario para el funeral. Lucha por salir adelante con su puesto de frutas en un mercado callejero, aunque criar a 7 hijos sola no resulta tarea fácil. Comparte alegrias y tristezas con su amiga Marion, quien la alienta cuando Pierre, el nuevo panadero, la invita a salir. Agnes trata de seguir adelante con su vida, sin abandonar a sus hijos; debe darles un buen ejemplo y enseñarles a ser responsables por sus actos. Y todo, debe hacerlo sola.

Esta es la segunda oportunidad en que Huston dirige un film y todo hace esperar que no sea la última. Guion y dirección se conjugan con actuaciones a la altura de las circunstancias para lograr un producto excelente. Todo funciona aquí como en un mecanismo de relojeria suizo.

Tragedia y comedia se unen -sin mezclarse- constantemente. El film comienza con la muerte del Sr. Browne, de modo que hay que enterrarlo. Oficio religioso, procesión…hasta aquí todo bien. De pronto, el coche funebre se descompone y deben empujarlo hasta el cementerio. Al llegar, confluyen en la entrada tres sepelios. La cámara toma desde el aire la confusión general: los tres grupos de gente mezclándose y luego dividiéndose en columnas, cada grupo detrás de su féretro. Cuando el sacerdote comienza el responso, Agnes y sus amigos se dan cuenta que estan…en el entierro equivocado. Nuevamente la camara desde el aire toma la estampida humana en busca de la tumba del Sr. Browne.

De esta forma, a lo largo de todo el film risas y llanto, vida y muerte, bailan la danza de la vida que los personajes tratan de vivir tan bien como pueden. Cierto dia, en el mercado, Marion y Agnes sostienen una conversación surrealista: -“¿Lo extrañas?” -Pregunta Marion; -“¿Extrañar que?” contesta Agnes -“Eso…” -“No, claro que no” (…) -“¿No extrañas los organismos?” -“Eso no existe” dice Agnes -“¡Si que existen, yo tuve dos!” contesta Marion -“¿Asi que tuve siete hijos y ningun organismo?” replica Agnes.

No espere efectos especiales, ni extraterrestres ni muertos vivos. Este film adolece de todos aquellos elementos efectistas a los que el cine recurre a menudo. Sin embargo, tiene todo lo que un buen film necesita tener: una buena historia que sea bien contada y bien interpretada. Para tener en la mesita de luz.