La boda

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Uno. Leo uno de esos extractos de crítica seleccionados intencionalmente, y que pocas veces reflejan el espíritu de lo escrito por el autor de dicha crítica. Leo un
intencional extracto de una crítica hecha por un tal Roger Ebert que trabaja para un tal Chicago Sun. Dice Ebert sobre La boda, dice al menos el extracto intencionalmente seleccionado: “Un film que celebra la condición humana”.Yo me quiero casar

Uno. Leo uno de esos extractos de crítica seleccionados intencionalmente, y que pocas veces reflejan el espíritu de lo escrito por el autor de dicha crítica. Leo un
intencional extracto de una crítica hecha por un tal Roger Ebert que trabaja para un tal Chicago Sun. Dice Ebert sobre La boda, dice al menos el extracto intencionalmente seleccionado: “Un film que celebra la condición humana”. Dice también algo de encantador e inolvidable, pero prefiero extraer (intencionalmente) del intencionado extracto de su crítica lo de celebración de la condición humana. Me parece un resumen perfecto de la última película de Mira Nair. Película ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia, por lo que lo dicho por Ebert, lo intencionalmente extraído de sus dichos, el extracto completo de lo por él dicho, no solo lo de la celebración de la condición humana, sino también lo de encantador e inolvidable, compendia de forma más que elocuente lo generado por la última obra de la celebrada realizadora de Salaam Bombay.

Dos. Y es encantadora. No sé si inolvidable. Y sí es una celebración. Es una película ardorosa, pasional. Colorida, musical. Es una película hindú. Y en la India, según dicen, el blanco es el color del luto, por lo que los casamientos, las festividades, son coloridas (el negro supongo debe estar proscrito) Y trata sobre una boda, arreglada, como son las bodas, según dicen, en la India. Y trata sobre la preparación de la boda, y la celebración de la misma. Los sucesos son esos: preparación de la boda y boda. De lo que finalmente trata es de la condición humana (celebrada), de los conflictos inherentes a todo ser, a todo grupo de seres. En este caso, con una boda de por medio, casi como excusa. Pero el conflicto, ese, el inherente, revelado como incorporado al mismo ser, siendo parte del mismo fluir existencial. No dramatizado, no exagerado, solo siendo parte, siendo constitución misma. Y ésta mirada es la que produce aquel encantamiento. Porque interpela al espectador desde su propia esencia, desde el mismo intestino origen. Porque hay infidelidad, autoritarismo, rebeldía, abuso, pero el entenderlos dentro y no fuera, como conflictos no a tratar de forma externa, específica, sino como parte del mismo derrotero humano, es lo que hace que La boda roce las fibras íntimas, y se transforme en aquella “celebración de la condición humana” del ya amigo Ebert.

Tres. Y Nair, la directora, utiliza, para exaltar ésta característica festiva, el color y la música. Y la diversidad, y la aglomeración. Rasgos típicos de la India actual. Y evidenciado en el entrevero lingüístico: los personajes hablan en distintos dialectos, y en inglés, pero al mismo tiempo. Mechando palabras de uno o de otro origen, interponiendo neologismos, modismos propios de una cultura vasta y ancestralmente atravesada por culturas. Pero la Tradición (entiéndase Familia) y la Religión nunca dejando su sitial de incólumes instituciones.

Cuatro. Una historia, que de no ser por el prepotente fulgor humano exhibido, no tendría interés mayor (y es que nos han hecho creer que importa más el qué que el cómo) Una
película exótica desde su original narrar y excelso colorido, pero cercana al centrarse en conflictos individuales y sociales. Una verdadera celebración, vital y sanguínea. Y encantadora. Y no fácilmente olvidable. Gracias, Roger.

Sebastián Russo
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Estrenada el 1 de Agosto-2001