Estación Central

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A través de Estación do Brasil Salles parece querer rearmar un orden descompuesto: los niños con su familia, las cartas a sus destinos, los valores humanos reconstruídos. El camino es el viaje en sí mismo y el punto final, la revalorización del trabajo CUANDO LAS CARTAS solamente SE ESCRIBEN

Por Alejandra Portela

Cuando la malograda economía de Brasil aparece como la inmediata amenaza para la Argentina, su cine nos regala una de las películas más cautivantes de los últimos años. Segunda obra de un director favorito en Sundance y tocado por otras dos varitas mágicas: una con la punta de Oso de Oro (acaba de presentar un nuevo film O primeiro día en la muestra Panorama en Berlín) y la otra con la del Oscar.
Un riguroso dominio de la narración cruzada por la relación de dos personajes que llenan planos de sentido emocional, Salles pone en juego un tema universal con rasgos profundamente latinoamericanos; en ese recorrido secreto, (según dicen con mucha cámara oculta para no desvirtuar la presencia de transeúntes o pasajeros del tren) el amplio territorio del Brasil gigante, hacia la búsqueda de un padre permanentemente nombrado y nunca presente.
Dora es una dura ex maestra, que se gana la vida escribiendo cartas que le dictan los muchos analfabetos de la principal estación de tren de Río de Janeiro. Los destinatarios: familiares, amantes, ex socios, estafadores, traidores; los destino: Minas Gerais, Pernambuco, Bom Jesús, San Pablo. Cartas que rara vez ella envía.
La muerte de una de esas mujeres, madre de Josué, lo convierte de un minuto a otro en un chico de la calle, él y Dora partirán en busca de Jesús, el padre de Josué, carpintero y padre de Isaías y Moisés. Y en esa búsqueda, mágica y bíblica, la traición, el desamor, el tráfico de niños, la culpa, la seducción desencontrada.
Con cierta trayectoria en documentales realizados para la televisión europea, Salles se había comprometido en algún momento con la violencia sufrida por los chicos de la calle, registrando el abandono y la mirada esquiva de “una sociedad anestesiada”. Josué es la proyección dramática de ese lado real y el chico que roba un walkman y es asesinado por la guardia de seguridad es la reconstrucción de un hecho cotidiano.
A través de Estación do Brasil Salles parece querer rearmar un orden descompuesto: los niños con su familia, las cartas a sus destinos, los valores humanos reconstruídos. El camino es el viaje en sí mismo y el punto final, la revalorización del trabajo (la manera en que se insiste en hablar del padre carpintero o la marcada bondad del camionero) frente a la ciudad corrupta y atestada, pero también la posibilidad de cambio y naturalidad de un amor nuevo.
Si uno lo mide en términos utilitarios (y creo que no hay otra manera de medirlo), su nominación al Premio Oscar sirve para que la mayor cantidad de gente vea Estación central, también para decir que es superior a La vida es bella, o para hablar del cine brasileño y por ende del latinoamericano, por lo cual para nosotros es bueno porque el 21 de marzo ya hay una película por la que podemos hinchar.

Publicado en Leedor en 1999