La leyenda de 1900

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Transcurre el primer día del siglo XX cuando Danny Boodman, un trabajador de las calderas del Virginia, encuentra en el salón de primera clase un bebe abandonado. El niño está dentro de un cajón con la leyenda “T.D.Lemon”, razón por la cual, Danny decide llamarlo “Danny T.D. Lemon 1900 Boodman” y criarlo escondido entre las habitaciones de los carboneros y las calderas del barco.
Una Historia Bien Contada

Es así que “1900” (como todos lo llamaban) creció dentro del Virginia (un barco que transportaba inmigrantes desde Europa hacia America), sin nunca bajar a tierra. Cuando su padre adoptivo muere en un accidente, el capitán se entera de su existencia y decide dejarlo a bordo cuando se manifiesta su asombrosa capacidad natural para ejecutar el piano, que fascina a los pasajeros. Con casi 30 años, 1900 es ya una leyenda cuando llega al Virginia un nuevo trompetista, Max. 1900 se ofrece a curarlo de sus mareos a raiz del movimiento por la tormenta. Se trata de una escena maravillosa, en la que ambos, sentados al piano, “bailan” por todo el salón al compás de la música de 1900 y del movimiento del barco. Desde ese momento traban una profunda amistad. Será después de la guerra, cuando está a punto de darse por vencido, que Max encontrará la única prueba de que 1900 existió y llega a verlo por última vez?

“Uno no está totalmente acabado mientras tenga una buena historia para contar y alguien que lo escuche” dirá Max al inicio de la película, en un intento por darse a sí mismo una razón para no bajar los brazos. Entra a una tienda de música a vender su trompeta y allí tendrá la oportunidad de contar la historia que nadie podrá creerle. Desde ese momento, pasado y presente se alternarán en forma continua en un juego constante de flash backs y flash fowards. Del local de instrumentos musicales, la acción se traslada al salón de primera clase del Virginia, cuando Danny encuentra a 1900. Y así comienza la última historia que Max puede contar. Cada tanto la narración vuelve a Max y el vendedor, por unos instantes, lo necesario para introducir el siguiente tramo del relato y volver a bordo del Virginia.

1900 se caracterizaba por ser un músico genial. Había nacido con el don de crear música: observaba a los pasajeros e interpretaba la música que cada uno emanaba. Su habilidad para el piano era asombrosa. Nadie podía catalogar su música. “Si no sabes que es, es jazz” dirá alguien a bordo. Decían que podía tocar 10 melodías en una, así que Jelly Roll Morton, el “creador” del jazz, decide retarlo a un duelo de pianos. Esta sola secuencia vale la película. Es soberbia. Y hablando de música, la banda de sonido compuesta por Ennio Morricone está a la altura de las circunstancias.

Las miradas juegan un papel relevante. La de 1900 es una mirada tranquila, que trasunta sabiduría y serenidad, la mirada calma de quien conoce su destino y lo ha aceptado. La de Max, en cambio, es una mirada nerviosa, inquieta. Sus ojos van de un lado a otro todo el tiempo, sin detenerse nunca. Es la mirada de quien tiene preguntas y no halla respuestas, la mirada de quien se siente perseguido por el destino del cual trata de escapar. Hay muchos primeros planos que permiten apreciar ese lenguaje de las miradas.

Es un hermoso film, que tiene la gran virtud de ser lo que dijo Max al inicio: una buena historia, muy bien contada. En realidad, todo el film juega con la interacción relator-espectador: es el espectador, en realidad, ese “alguien” dispuesto a escuchar la historia que Max tiene para contar. Esa historia y ese alguien que lo salva del abismo. Y si bien el film trata la historia de 1900, en realidad trata de dos historias diferentes, unidas por el presente de Max: la del pasado de 1900 y la del presente-futuro que se desencadena a partir del encuentro con el vendendor de instrumentos.

No se lo pierda.

Socorro Villa
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