Chiquititas, rincón de luz

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Una pelicula argentina, para chicosUna película infantil

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Escribir la crítica de una película infantil es prácticamente un sinsentido. Por un lado, los chicos no leen críticas de cine y, por el otro, los padres se ven obligados a llevar a sus hijos a donde los niños quieren, mientras duran las vacaciones de invierno. Sin embargo, una cosa es una película infantil y otra muy distinta es una película para chicos. En el segundo caso, la obra puede analizarse y puede verse por cualquier persona y, aunque los más chicos se queden con la interpretación más superficial, algunos adultos podrán encontrar detalles interesantes. De más está decir que no es éste el caso de Chiquititas, rincón de luz, que se trata de una película infantil en el sentido peyorativo del término.

Por un lado, los guionistas ?que fueron nada menos que cinco- sacaron ideas e imágenes de otras películas y las utilizaron en ésta sin lograr por ello que resulte interesante. El film comienza con una nena cantando en un prado y girando sobre su eje como si fuera la Mujer Maravilla o, más precisamente, Julie Andrews en La novicia rebelde (1965). La nena crece y se transforma en una adolescente y luego en Romina Yan, mientras sigue cantando y bailando. Cuando termina la canción, se encuentra de golpe con un duende y se asustan mutuamente, como le ocurría a Elliot con E.T. en 1982. El duende la lleva a una cabaña igual a la de Heidi, habitada por un viejo que es igual al Abuelito. Pero es Franklin Caicedo que, sin demasiado prólogo, le dice que tiene que elegir una historia de la biblioteca para entrar en ella. Romina Yan elige un libro al azar y lee que la historia habla acerca de un orfanato. La cámara enfoca la página del libro, el dibujo del pueblo se transforma en realidad, el plano se cierra sobre el libro y de pronto estamos en el pueblo mismo. Todo igualito a La historia sin fin (1984).

La lista de robos es interminable pero lo curioso es que no da como resultado una película divertida. Más bien es un encadenamiento de lugares comunes totalmente fuera de contexto. ¿Quién es Belén, el personaje que interpreta Romina Yan? ¿Por qué se encuentra con el Sabio? ¿Quién es el duende? ¿Qué relación tiene con el Sabio? ¿Por qué elige ese libro? ¿Por qué le interesa? Muchas preguntas y la película recién comienza.

La dirección de arte, aunque incomprensible, es lo mejor. En ese pequeño prólogo hay una mariposa azul y una enorme cantidad de plumas y avecitas que vuelan, todo agregado digitalmente. El motivo sigue siendo un misterio y le da a la imagen un barroquismo digno de risa.

Apenas Belén entra en la historia, aparece en una especie de feria pueblerina ambientada en algún lugar supuestamente imaginario, aunque muy parecido a Suiza, o a lo que uno se imagina que debe ser la Suiza de la vaca de Milka. Las mujeres siguen vestidas como Julie Andrews y los hombres usan tiradores. Pero hay carteles de Kinder Sorpresa y Zucaritas. Evidentemente el deseo de crear un mundo de fantasía chocó no sólo con la falta de talento sino también con el poder de los que pusieron el dinero.

La historia es simple: Belén se emplea como cocinera en un orfanato regido por el malvado Coronel (Juan Leyrado, pelado como Gene Hackman en Superman) y la malvada Marga (Alejandra Flechner). Primero los chicos desconfían de ella, pero luego comprenden que es buena y, entre todos, le hacen entender al Intendente (Roberto Carnaghi) que el Coronel es muy malo y que tiene que ir preso. En el medio hay una historia un poco insustancial acerca de unos diamantes azules.

Los números musicales no pasan de la música elemental ?como si el aparato auditivo de los chicos no pudiera percibir más de tres tonos en un mismo tema-, bailes muy poco esforzados y letras totalmente vacías de significado que lo único que hacen es mezclar palabras clave como “amor”, “luz”, “alegría” y “corazón”.

Las únicas actuaciones convincentes son las de Leyrado y Flechner, los dos malos, lo cual hace que uno se ponga del lado de ellos. Los chicos actúan como si estuvieran jugando y Romina Yan hace como que actúa. El caso de Facundo Arana es muy otro: su personaje es totalmente nulo, no tiene ninguna función en el relato y por eso ni Marlon Brando habría podido hacerlo convincente. Sin embargo, se pasea por la pantalla vestido como Indiana Jones y, hacia el final, cuando todos pensamos que murió en una explosión, emerge del un lago a la manera de Leonardo Di Caprio en Titanic, pero exactamente al revés.

También podría uno preguntarse qué significa eso de que el malo sea un Coronel sin uniforme y que el Intendente sea bueno pero ingenuo; o que una de las chiquititas le diga a otra que tener novio es como tener un amigo, pero para siempre. Pero esas ya serían preguntas cuya respuesta nos obligaría a entrar en un terreno bastante más complicado e interesante que el que la película merece.

Diego Papic (Gentileza de cinenacional.com)
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Estreno: 19-7-2001