Anteojito y Antifaz

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Chapa y pintura para un clásico de la animación argentina.García Ferré Marca Registrada

Tiene sus detractores, eso está claro; pero no están entre los niños, eso está aún más claro. Se llama Manuel García Ferré y siempre se las ingenia para tener un éxito animado en pantalla. La fórmula siempre es la misma, desde Trapito a Ico, el caballito valiente, desde Manuelita a la más reciente Las alegrías de Pantriste: una parva de personajes conocidos y queribles, unos cuantos consejos para la vida, algo de buenas y pegadizas canciones, mucho color y una cuota grande de melancolía. Y cuando digo melancolía no es a lo Disney, es más porteña, como de arrabal.

Hablando de fórmula probada, Anteojito y Antifaz. Mil intentos y un invento, lo es al punto de que su versión original data de 1972, con el privilegio de ser el primer largometraje argentino de dibujos animados. Para la versión 2001 se le hizo chapa y pintura, o sea, se le renovó la banda sonora con sonido Digital, se le retocó la edición y listo, quedó como nueva.

En la entonces “nueva” apuesta de García Ferré, el protagonista Anteojito (recién hoy me doy cuenta que está siempre descalzo) ayuda en todo lo que puede a su tío Antifaz en su intento por descubrir la fórmula de la invisibilidad y así salir de la pobreza. Pero entre tanto ensayo químico y explosiones la que la va a pasar mal será la vecina, nada menos que la bruja Cachavacha que jurará venganza. Para concretar su plan la bruja se asociará con dos representantes de espectáculos nada decentes, Bodega y Rapiño, que se aprovecharán de las dotes líricas de Anteojito para explotarlo y alejarlo de su tío. Esa es más o menos toda la historia en donde se puede destacar en principio una enorme galería de personajes secundarios: Buzoncito, Meethoven (un gato que enseña música), y Bonaño, un gato amigo inseparable de Anteojito que como curiosidad parece un antecedente directo de lo que más tarde sería el famoso Larguirucho, por el tono de voz, lo desgarbado y la facha desprolija. Otro punto rescatable son las pegadizas canciones que algunos padres cantarán por lo bajo antes que sus niños y ante todo un enorme halo de honestidad y simpleza que recorre toda la obra. Así, con recursos sencillos y poco pretenciosos, seguramente García Ferré peleará otra vez, cabeza a cabeza en las boleterías de las benditas vacaciones de invierno con tanques como la Disney y Dreamwork.

Y como me sigo preguntando ¿quiénes son los grandes para criticar películas para niños? Para quedarme tranquilo con mi conciencia les ofrezco extractos del comentario de una ducha en la materia, mi sobrina Florencia de 5 años: “Me gustó mucho”, “Todas las películas que vi me gustaron mucho, menos los Gremilins por que me asustaron los Gremilins malos”, “Lo mejor es cuando la bruja Cachavacha los espía con el tubito”, “los que más me gustan son Tom y Jerry”. Si a esas declaraciones se le suma que cuando llegó a su casa jugó a Cachavacha durante un par de largas horas subida a una escoba es señal de que gustó. De nada Papis.

Por Juan José Dimilta y Cía.
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Estreno: 19-7-2001