Al calor de las armas

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Un buen policial cargado de suspenso hasta el final, con suficientes dosis de tiros como para hartarse.

A Esquivar las Balas

Parker y Longbaugh son ya viejos socios en el crimen. Cierto día, se enteran de que una joven madre substituta que lleva en su vientre el hijo de un millonario, irá a su consulta de rutina con el ginecólogo. Ese sería un golpe maestro -piensan. Secuestran a la embarazada, piden rescate, se llevan la plata, devuelven a la embarazada. Simple ¿o no? Pero nada es tan simple como parece y las cosas se complican exponencialmente.

Se trata de un film bastante ingenioso que hace gala de un muy buen ritmo de principio a fin. En ello tiene un importante papel la música de Joe Kraemer que, realmente, es un valor por sí misma. Tal como sucedía en el guión anterior de McQuarrie -Los sospechosos de siempre- nada es lo que parece, los distintos personajes se engañan unos a otros y cosas por el estilo. Todas estas circunstancias se insinúan a lo largo de todo el film, pero nunca se clarifican. Inclusive el final es bastante abierto, dando lugar a diversas especulaciones.

Es interesante que el film esté relatado en flashback por la voz en off de uno de los criminales que, mientras recuerda cómo sucedieron las cosas, le explica al espectador su propia actitud ante las circunstancias. Por que, al fin y al cabo, un criminal de buen corazón, que está dispuesto a ayudar a su víctima, debe justificarse de alguna manera. Si no, no sería criminal. Lo curioso de este film es que todos, víctimas y victimarios son, en cierta medida, criminales -aunque sea de guante blanco- lo que hace que los simples criminales terminen pareciendo niños exploradores. Por que el padre millonario tampoco hizo la plata trabajando -como diría Barrionuevo. Es uno de los mafiosos más importantes de la zona, conectado a su vez con las mafias de la droga -que tampoco son santitos- que tienen a su vez, una ética muy especial. Por que todos -hombres rectos y criminales, víctimas y victimarios- se rigen en torno a una ética, que puede ser moralmente condenable, pero que es la que, en última instancia, da sustento a sus formas de vida.

Socorro Villa
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