Jurassic Park III

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Está claro que no es una película destinada a Cannes ni a ningún festival internacional. De hecho, su objetivo es puramente comercial, partiendo de la estrategia del estreno mundial (18 de julio, Argentina incluida) hasta la inclusión de nuevos dinosaurios que despierten la voracidad del merchandising.. Si nos olvidamos de estos detalles y recuperamos la función esencial para la que fue creado el cine (entretener), descubrimos que es un buen film
Alguna vez, terceras partes pueden ser muy buenas

Está claro que no es una película destinada a Cannes ni a ningún festival internacional. De hecho, su objetivo es puramente comercial, partiendo de la estrategia del estreno mundial (18 de julio, Argentina incluida) hasta la inclusión de nuevos dinosaurios que despierten la voracidad del merchandising.. Si nos olvidamos de estos detalles y recuperamos la función esencial para la que fue creado el cine (entretener), descubrimos que estamos ante un muy buen film.

Antes de ver la película nomás, el espectador avispado descubrirá una diferencia (que no es pequeña) con las anteriores: la silla de dirección no la ocupa el señor Spielberg, sino su colega y amigo Joe Johnston, responsable de correctos trabajos como Querida, encogí a los niños, y Jumanji.

Lo que sí abundan, como en las predecesoras, son los dinosaurios. Y de los mejores. Sin la imaginación narrativa ni el talento visual de Spielberg, Johnston aprovecha su mayor virtud: el excelente oficio que tiene para la dirección. Así, se apropia de situaciones dejadas de lado en las películas anteriores: los pterodáctilos encerrados en una jaula gigantesca para aves (una de las mejores escenas del cine de acción de los últimos tiempos) y la aparición del Spinosaurus, (estrella del film y última creación de ese dios supremo llamado ILM) más grande y cruel que el famoso T-Rex.

La cosa esta vez es más o menos así: La isla Sorna (el famoso sitio B de la segunda parte), es zona clausurada por el gobierno de Costa Rica patrullada constantemente para ahuyentar a los curiosos. En los primeros minutos se puede ver cómo dos personas burlan este control intentando un acercamiento en parapente para tratar de filmar algunas de las criaturas. Cuando la lancha que los remolca se pierde de vista en la niebla espesa, algo interfiere para que el recreo no salga según lo planeado. Esta primera escena que inevitablemente refiere al clásico Tiburón, respeta el comienzo de alto impacto como en las dos primeras partes, y no queda en desventaja para nada.

Otro importante elemento es la inclusión del personaje del doctor Alan Grant, interpretado por Sam Neill y olvidado en la segunda parte. Aquí, el experto paleontólogo acepta viajar a la “Isla de las Cinco Muertes” contratado por un loco matrimonio de millonarios (Tea Leoni y William H. Macy) que, después de recorrer todo el mundo, desean darse el lujo de filmar a los dinosaurios. Grant accede viajar para poder financiar sus estudios y excavaciones con la condición de no aterrizar en la isla. Obviamente los
guionistas y el director tienen muy claro que, en el buen cine, las condiciones del héroe nunca son respetadas. Y esto lo cumplen de maravilla y a rajatabla.

La película rebosa en acción y con un relato sencillo y nada pretencioso cumple con el entretenimiento. Es una bocanada de aire para el buen cine en el marco de la locura de las vacaciones. Y como para sellar su carácter de correctísima producción, vale la pena resaltar ese homenaje cinéfilo del director a Indiana Jones, en el final de la película. Todo un agradecimiento a ese gran director que, en la última década, llevó los mejores momentos de los dinosaurios al cine.

Pablo J. Manzotti
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Estreno 18-7-2001.