Dulce Noviembre

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Romance y humor en un film llevaderoPara Enamorarse

Dos personalidades altamente contrastadas y un poco de humor son suficientes para establecer una historia llevadera. Si le agregamos algo de romance, tendremos una producción atractiva al público femenino.

Este es el caso de “Dulce Noviembre”. Nelson – Keanu Reeves – es un afamado publicista y lo que en Norteamérica se conoce como “workholic”, es decir, un adicto al trabajo. Almuerza, conversa, duerme y sueña con su trabajo. Su contracara, se presenta de la mano de Sara – Charlize Theron – quien cansada de las presiones, toma la decisión de enfrentar la rutina de otra manera. Vive la vida a cada segundo, disfrutando de lo que el día le pueda brindar. Ni más ni menos.

En un momento poco propicio para Nelson, el destino los une y crea una efímera relación que no tardará en consolidarse por una venturosa proposición: compartir un mes completo al estilo de vida de Sara dejando en claro algunos puntos, no celular, no trabajo, no internet, no a todo lo que era rutina en un mundo de negocios.

La iniciativa de realizar una remake de 1968, tendría la intención de mejorar o al menos igualar lo ya realizado, pero deberían haber tenido en cuenta las limitaciones de Keanu Reeves. No se puede negar el nivel de mega estrella alcanzado por el protagonista; The Matix y Speed corroboran la aseveración, pero las deficiencias a nivel dramático ya se vislumbraban desde “Un paseo por Las Nubes” junto a María Conchita Alonso. Punto negativo.

Seguramente, la idea de incluir a Keanu como figura masculina, solo se basó pura y exclusivamente en una estrategia de marketing, ya que Charlize Theron sigue pagando, esperemos por poco tiempo más, el derecho de piso que cobra como canon ineludible el estrellato de Hollywood. Ubicándola entre las actrices que seguramente darán que hablar en los próximos años, es la egresada más destacada de la escuela del llanto. Imitando sermones religiosos, una lagrima suya bastará para provocar un exceso de humedad en la zona ocular. Punto positivo.

Por demás, la producción es un canto a la vida. Representa correctamente una sociedad sumida en quehaceres rutinarios, que dejan de lado los placeres propios de la vida y con esto no se quiere decir los placeres emparentados con retorcidos deseos; se plantea una vuelta las fuentes, a respirar bien profundo, a saborear un lento atardecer, a compartir un beso frágil, a experimentar la sensación entrañable de amar. Punto positivo.

Redondeando un film acomodado a las expectativas, el final inesperado y fuera de lo previsible, otorga un sabor dulce que escapa a la normalidad. El mensaje es bueno, la técnica también, pero faltó poquito para marcar un momento en el tiempo.

Sebastián Montagna
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Estreno: 21-6-2001

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