Los días de la vida

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Doce años transcurrieron entre el primer filme de D´Intino y éste que se estrena hoy. Algunos nombres del elenco de aquel Bajo otro sol se repiten, Virginia Lago y Ulises Dumont por ejemplo y José Luis Castiñeira de Dios en la música. Un canto a la chatura

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Doce años transcurrieron entre el primer filme de D´Intino y éste que se estrena hoy. Algunos nombres del elenco de aquel Bajo otro sol se repiten, Virginia Lago y Ulises Dumont por ejemplo y José Luis Castiñeira de Dios en la música. Aquella película de 1988 mostraba la lucha de un abogado que quiere vengar la desaparición de un compañero, aprovechando los tiempos del reciente decreto de Obediencia Debida y el Punto Final poniendo un lugar crítico, no muy prolijo, pero crítico al fin.
Los días de la vida, en cambio, cuenta los problemas de comunicación de una familia de padres separados. Él, gremialista, demasiado ocupado para prestarle atención a su hijo de 21 años y ella, una madre que hace todo lo posible para creer que el chico sigue teniendo 8 años.
El grave problema de la película es que es insulsa. Aburre, no se sostiene. El conflicto es borrado por una dirección de actores descuidada, despareja (mientras Virginia Lago gesticula a la vieja usanza, Alfonzo parece un muñequito de torta, pero con bigote) La motivación de los personajes llega al punto del ridículo cuando padre e hijo, enfrentados por el silencio del chico (mejor que se calle por otra parte) que abusa de su enojo y el esfuerzo por acercarse del padre.
Dentro de su insulsez, el guión se empeña en no hacer nunca referencia al lugar en el que los personajes se mueven. En dónde están madre e hijo al principio de la historia: ¿San Juan?, ¿San Luis?, ¿Córdoba?. ¿En qué lago está la casita de la infancia donde van a recuperar al hijo?. ¿Los Molinos? ¿Embalse?. ¿Por qué este capricho de los no-lugares?. ¿La intención es mostrar una historia que podría haber pasado en Canadá, en Bélgica, en Mozambique?. Los días de la vida está bien definida en ese almuerzo familiar en el que el “viejo amigo” (Ulises Dumont aporta la única cuota de frescura en tanta cartonería) cocina un cordero a la parrilla y en cuya mesa no hay ni pan ni ensalada. Seguramente al cordero también le falta sal.

Alejandra Portela