3 estaciones

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¿Qué pueden tener en común una joven que cosecha flores de loto para un viejo poeta, un ciclo-taxista enamorado de una prostituta, un niño que vende relojes y encendedores y un ex-combatiente en busca de su hija?Maravilla Oriental

Por Socorro Villa

Después de tantos años tratando de sanar las dolorosas heridas de la guerra, Vietnam se abre al mundo como una flor de loto. Pero no todo está bien. Las luces de neón de los carteles de gaseosas, lo gigantescos hoteles cinco estrellas y las flores de loto de plástico, invaden la antigua ciudad, sumiéndola en tinieblas, marginanado a aquellos, entre sus propios hijos, que no son capaces de seguir el ritmo que impone la avanzada occidental. Y en esa Saigón, diversas historias se cruzan, entretejiendo la trama de una ciudad compleja y fascinante.

¿Qué pueden tener en común una joven que cosecha flores de loto para un viejo poeta, un ciclo-taxista enamorado de una prostituta, un niño que vende relojes y encendedores y un ex-combatiente en busca de su hija? La alienación. Todos han sido igualmente alienados por una ciudad -una sociedad- que ha cambiado sus valores y que marcha a un ritmo y con un rumbo muy distinto del que una vez conocieron.
Kien An se niega a aceptar que las flores de plástico reemplacen a las verdaderas, a que la simple apariencia y la duración sean más importantes que la vitalidad de su perfume, que la métafora de su ciclo de vida. Lan cree satisfacer sus pseudo-necesidades con sus breves estancias en el mundo dorado e inaccesible de los hoteles 5 estrellas. Hai, con su ciclo taxi, hace las veces de nexo entre ese mundo globalizado y la vieja ciudad, donde las frágiles casas se levantan justo a los costados de la via del tren, donde no existe el aire acondicionado ni los baños de burbujas. Hager, por su parte, encarna el doloroso recurdo de un pasado terrible y Woody es� ¿la imagen del futuro?

La enajenación cultural y la hegemonía occidental es el fantasma que sobrevuela todo el film. Un pais con una ancestral tradición, aligerada y subsumida en la cultura occidental, que avanza llenando los televisores y los cines con westerns y dibujos animados en inglés. Esta enajenación cultural está magníficamente representada en la substitución de las flores de loto -simbolo sagrado de los pueblos orientales desde tiempos inmemoriales- por flores de plástico, que conservan la forma pero están vacíos de sentido. ¿Acaso todo lo nuevo viene a ocupar un espacio vacío? ¿O desplaza algo existente que no será fácil -o posible- recuperar? Y además, ¿en todos los casos esto nuevo que tenemos es mejor que aquello ancestral que teníamos? Y ¿cuáles son los beneficios de la globalización para quienes quedan automáticamente fuera del sistema? Todos estos interrogantes son los que plantea este film, con un maravilloso lenguaje visual y una hermosa música.

Vale la pena. No se quede sin verla.

Publicado en Leedor el 17-5-2001