El beso de Judas

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Cuando una película se agota a los 15 minutos algo anda definitivamente mal. Insípido, inodoro e incoloro

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Cuando una película se agota a los 15 minutos algo anda definitivamente mal. El secuestro de un personaje con todas las características de Bill Gates y el asesinato involuntario de una mujer en medio del secuestro movilizan a un policía y una agente del FBI, cada uno encargado de uno de los casos: Rickman (el malo de Duro de matar) y Emma Thompson (siempre genial). Los cuatro jóvenes estafadores van tras un suculento botín de varios millones de dólares.
La gacetilla promete escenas de alto contenido erótico, seguramente también el aviso en la publicidad. Pero no las hay. Traición. El título ya supone una.
Carla Gugino es la chica L´Oreal que pulula por las pantallas de TV, una morocha de ojos verdes que se encarga de mostrar parte de su humanidad (no confundir con la película francesa en cartel) a cuantos ojos se le crucen, incluídos por supuesto los del espectador.
Sólo por dos cosas merece verse: una, la siempre increíble Emma Thompson que en su personaje de experimentada agente del FBI está más parecida a Starky que a Dana Scully, igualmente su tiempo en pantalla decae en desmedro de la Gugino, y lo otro, la escena donde desaparece el sonido de las voces y quedan los ruidos, solitario logro formal de un novelista que como director de cine es un excelente novelista.