El asadito

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En blanco y negro, íntegramente hecho en Rosario, por rosarinos, filmado de un tirón en 20 horas esta espontaneidad es parte de la propuesta estética.Argentinísima

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El 30 de Diciembre de 1999 se juntan siete amigos (un octavo llegará de sorpresa), a comer un asado en la terraza de Tito, para despedir el año, el siglo, el milenio y todo lo que se pueda despedir. Como puede suceder en una ocasión semejante, el asadito se prolonga todo el día hasta bien entrada la madrugada del día siguiente. Y en medio de las conversaciones de estos amigos, que van desde futbol y cine, pasando por las mujeres y la política, hasta la historieta y la historia (de todos ellos, de todos nosotros), surgen esos grotescos estereotipos con los que muy pocos pueden dejar de identificarse en algún punto.

Es un film en blanco y negro, íntegramente hecho en Rosario, por rosarinos, filmado de un tirón en 20 horas, en el cual la limitación temporal es parte de la propuesta estética de los realizadores. Lo mismo sucede con el guión, que deja amplios márgenes para la improvisación y eso se nota. Por ejemplo, cuando el Turco llega a la terraza de Tito, todos se sorprenden por que en realidad, nadie sabía que iba a llegar otra persona. Lo mismo sucede con varias secuencias de la charla durante el almuerzo, que Postiglione dejó volar y desarrollarse más allá de la letra escrita.

Cada uno de los personajes responde a cierto estereotipo de la fauna nacional: Carloncho, el vendedor de autos usados, un tipo totalmente pragmático que ve un cliente en cada tipo que se le cruza delante; Héctor, el dibujante de historietas que ha sido despedido; Raúl el abogado que tiene suspendida su licencia a causa de ciertos manejos y desde entonces va de guatemala a guatepeor; el Turco, el publicista que “se fue a tiempo”; David, el ex empleado bancario que luego del “retiro voluntario” ha devenido en remisero; Daniel, el misógino: “por que estamos tranquilos? Por que no hay ninguna mina, si llegara una mina, se pudre todo”; Tito, el gordo, dueño del vídeo club, que es algo así como el alma mater del grupo, el vivo reflejo de la calma chicha; Pablo, el más joven, sumergido en la tecnología entre los auriculares de su walkman y los comandos de su vídeo cámara.

Resultan evidentes los saltos en las situaciones. De pronto, el guión salta a otra cosa sin nexo aparente con lo que estaba sucediendo en la secuencia anterior, sin situación alguna o discurso que preparara el camino para que sucediera lo que sigue. En ciertos casos estos saltos se salvan por los intertítulos que señalan el paso de las horas. En otros no, y esto se explica solamente por el transcurso de las situaciones que la cámara no ha tomado mientras estaba filmando otras cosas. También resulta notorio que las situaciones extremas no explotan. Todo llega “casi” al extremo y luego implosiona. Como el globo controlado de un chicle-globo. Particularmente en dos ocasiones: la primera protagonizada por Héctor y la segunda, al final del film, por Tito y el Turco. Según el director esto es asi por que refleja lo que sucede en la sociedad, en la que parece que algo sucederá pero al final no pasa nada, nunca pasa nada.

Postiglione hecha mano de cuanto recurso le ofrece el lenguaje cinematográfico, especialmente aquellos que brindan verosimilitud a las situaciones como el plano secuencia durante el almuerzo, el campo y fuera de campo en la discusión entre David y Raúl, la cámara al hombro, inquieta, indiscreta, metiéndose en las conversaciones de los diversos grupos que se arman antes y después de la comida, especialmente al retirarse Daniel.

Se trata de un muy buen film, muy interesante en virtud de su propuesta estética, que retrata de manera particular las peculiaridades de la nuestra idiosincracia.

Socorro Villa
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